Ese regalo era un puñal de doble filo. El Talmud opina que un gomed era la medida del antebrazo con la mano cerrada. El autor de nuevo alude a la mano con la frase su muslo derecho (lit., “el muslo de su mano derecha”). Allí, escondida debajo de la ropa, la daga podría ser sacada rápido por el zurdo. Si los guardias moabitas cachearan a los miembros de la delegación israelita, prestarían más atención al muslo izquierdo, donde normalmente estaban ceñidas las armas blancas.
El autor interrumpe la narración para describir a Eglón, cuyo nombre significa “ternero”, como muy obeso. Engordado del tributo de Israel, es un ternero listo para la matanza.
Habiendo entregado el tributo, Ehud encaminó de regreso a los portadores hasta cerca de Gilgal. Algunos creen que los ídolos son las doce piedras que Josué erigió en Gilgal, pero la palabra heb. se refiere a imágenes de talla. Los ídolos demarcaban la frontera entre el territorio controlado por Moab (el valle del Jordán) y el territorio donde el israelita estaría a salvo entre su propio pueblo (la región montañosa). Representarían a los dioses moabitas, anunciando que éstos ejercían dominio sobre Israel. De manera que la ocupación moabita constituía una afrenta a Jehová. La referencia a los ídolos aquí pone un marco literario alrededor de la “misión imposible” de Ehud.
Ridiculizan al obeso opresor quien, como sus siervos, torpemente cae en la trampa del libertador israelita.
Ehud regresa a Jericó para decir al rey que le tiene un mensaje secreto. Eglón tal vez esperaba algún secreto militar de su vasallo leal; Ehud le había llevado tributo, y acaba de dirigirse a él como rey. Codicioso del secreto así como lo ha sido del tributo de Israel, despide a sus siervos (la frase traducida los que estaban con él es un modismo por “sus siervos”). En efecto Ehud tenía un secreto, y conforme a la orden del rey lo entregaría calladamente.
Ahora Ehud y Eglón están solos en la sala de verano, lit. “el aposento alto de frescura”. Era un cuarto sobre la azotea, donde el viento refrescaba el ambiente. En el clima cálido de Jericó el rey envuelto en grasa pasaría cuanto tiempo podía en esta sala. El texto señala que era un lugar privado para él. Ehud aumenta el elemento de misterio al decir que el mensaje secreto es de Dios (como Eglón es pagano, Ehud dice Dios en vez de “Jehová”). Por reverencia y emoción el rey se levanta de su trono (el significado del vocablo traducido silla), acercando su abdomen a Ehud.
Ehud entrega el mensaje de Dios (las palabras de Ehud, como su puñal, son de “doble filo”) con la mano izquierda. Cuando extendió la mano a su muslo derecho, al rey no se le ocurriría que de allí saldría un arma blanca, ya que la espada normalmente se sacaba con la mano derecha del muslo izquierdo. El grueso Eglón presentaba un blanco fácil y lento, y el puñal de doble filo quedó totalmente escondido en su vientre, de manera que la gordura de Eglón ocultó el “mensaje secreto”. El significado de la última oración es incierto. Otra posibilidad de traducción es “y salió el estiércol”.
La sintaxis heb. indica que apenas ha salido Ehud cuando los siervos, despedidos, regresan. Encontrando las puertas con cerrojo, deducen que Ehud está ocupado en el retrete. El hedor resultante del relajamiento del esfínter anal en el momento de la muerte de Eglón fortalecería esa suposición. Por supuesto, no querían molestar al rey en un momento tan privado. Cuando por fin abrieron las puertas, ¡cuál fue su sorpresa al hallarlo muerto! Entre tanto, su demora había permitido a Ehud escaparse del territorio controlado por Moab. Su escapatoria sería facilitada porque la ciudad no era amurallada. Seirat estaría en la región montañosa de Efraín.
Algunos estudiosos critican la “ética primitiva” de Ehud, por su engaño y asesinato. La Biblia no comparte esta crítica. Más bien pinta a Ehud como un osado “agente secreto”, usado por Dios para una “misión imposible”. A todas luces esta guerra de liberación cuenta con la aprobación divina, y la guerra se hace engañando y matando al enemigo.
