Nota del Editor: El problema ético de por medio es complicado. Varios comentaristas opinan en forma diferente a la expresada aquí, y afirman que Dios no aprueba los métodos descritos en el texto; el texto bíblico solo se limita a relatar lo sucedido, sin dar juicios de valor
Ehud tocó la corneta, de cuerno de carnero, para convocar a los israelitas para la batalla. En el período de los jueces Israel no tenía tropas profesionales. Sus hombres, principalmente campesinos, respondían a las crisis bélicas con las armas que tenían a la mano: espadas, lanzas, arcos y hondas. En esta ocasión los “hijos de Israel” que responden al llamado provienen de la región montañosa de Efraín, la sección de la cordillera central del país que se extiende desde la frontera meridional de Benjamín (el valle de Sorec) hasta el límite septentrional de Manasés (el valle de Jezreel). La mayoría sería, como su líder, de Benjamín, la tribu más afectada por la incursión moabita.
Ehud reconoce que es Jehová quien le ha dado éxito. Asegura a los israelitas que también ha entregado al ejército moabita en su mano. Sobre el tiempo pasado ha entregado. En la antigüedad el rey se consideraba como virrey del dios, y su muerte en batalla frecuentemente provocaba la desbandada de su ejército. Por la muerte de Eglón Jehová siembra pánico entre el enemigo, quien huye en desorden hacia el Jordán. Los israelitas solamente tienen que tomar los vados del Jordán, evitando así que los moabitas se retiren a su país.
La frase heb. robustos y valientes encierra otro juego de palabras, ya que también puede traducirse “gordos y ricos”. Así como su rey, los soldados moabitas se habían engordado y enriquecido a expensas de Israel y para la matanza.
La historia concluye con una alusión más a la mano. Esta batalla rompe súbitamente el dominio moabita e inicia el reposo más largo en el libro. Posiblemente la liberación por Samgar haya contribuido a la prolongación de este período.
La moral de las atrocidades de parte de los líderes de Israel
Cuando leemos el libro de los Jueces nos impresionan los actos tan sanguinarios que cometieron los líderes. En este pasaje tenemos el caso de Ehud, quien apuñaló a Eglón, rey de Moab, enterrando un puñal en su vientre, hasta que salió por su espalda. En el capítulo 4 tenemos el caso de Jael, quien asesinó a Sísara, clavando una estaca en su sien. Podemos decir lo siguiente en cuanto a estas dificultades:
1. Era una época de oscuridad moral. Aunque habían recibido los Diez Mandamientos por medio de Moisés, no los habían implementado personal ni nacionalmente.
2. La venganza reinó; “ojo por ojo” fue la norma para esa época. Posteriormente, Jesús nos enseña a perdonar a los enemigos.
3. Sus prácticas les protegieron de la aniquilación. Seguramente los enemigos habrían obrado en formas más bárbaras.
4. Dios utiliza a los instrumentos humanos, con sus cualidades buenas y malas, para llevar a cabo su propósito final.
5. La Biblia presenta la vida tal como era, sin tratar de cubrir las atrocidades.
Sin embargo, tenemos que condenar los actos y reconocer que no obraron de acuerdo con las normas establecidas por Dios. Aún hoy en día esperamos la implementación de los ideales que Jesús nos dio.
