Clamor y liberación
El clamor por socorro convierte a Jehová de opresor a libertador. Implicaba algún grado de fe y arrepentimiento: fe que los podría librar Jehová (no Baal), y arrepentimiento por su apostasía. El clamor de Israel se repetirá; y Sansón clama.
Después de resumir la liberación, el autor la narra con más detalles. Es Jehová quien levanta a Otoniel, lo capacita mediante su Espíritu, y entrega en su mano a Cusán-risataim. Así como en todo el libro, Dios utiliza a un instrumento humano improbable —en este caso un hermano menor en una sociedad que daba importancia a la primogenitura— para salvar a su pueblo. La palabra menor también explica por qué Otoniel sobrevive la generación de Josué.
Aunque había sido un líder militar exitoso, Otoniel reconocía que el triunfo no dependía de su capacidad militar, sino del poder de Dios. Por lo tanto, antes de entrar en la batalla, juzgó a Israel. Como Samuel en otra época, convocaría al pueblo en asamblea solemne para confesar sus pecados delante de Dios. Solamente entonces logró la victoria que inauguró 40 años sin opresión.
Libertador y libró tienen la misma raíz que el nombre Josué (o, en su forma gr., Jesús). La raíz significa “librar, liberar, salvar”. La obra salvífica de Dios incluye la liberación política y socioeconómica. En Jueces la opresión es consecuencia del pecado de Israel. La liberación, entonces, es salvación de las consecuencias del pecado, e Israel la recibe cuando clama a Dios en fe. De igual manera Dios hoy ofrece liberación al arrepentido que confía en Cristo. En alguna medida ha de experimentar liberación socioeconómica durante esta vida, pero la liberación de toda opresión tendrá lugar cuando Cristo establezca su reino sobre la tierra, y aún más cuando la morada de Dios se haga presente en la nueva tierra.
La narración acerca de Otoniel es escueta. Da un modelo de lo que un juez de Israel debe ser y hacer, y servirá como una pauta para evaluar a los demás jueces.
Liberación a través de Ehud
Apostasía y opresión
De nuevo la opresión viene por la acción de Jehová. Dios usa a naciones paganas para disciplinar a su pueblo, aunque ellas no lo reconocen y son culpables de la violencia que cometen contra Israel.
El opresor humano fue el rey de Moab, en alianza con los amonitas y los amalequitas. Moab quedaba al oriente del mar Muerto, los amonitas al noreste de Moab, y los amalequitas al sur de Moab y de Israel. Los amalequitas eran enemigos acérrimos de Israel.
Los invasores atacaron desde el oriente, cruzando el Jordán y tomando Jericó, a 8 km. del río. La evidencia bíblica y arqueológica indica que durante este período Jericó no era una ciudad amurallada; en estos textos “reedificar” parece significar “edificar los muros”, pero que tampoco era totalmente abandonada. Desde esta base de operaciones, Eglón controló el sur del valle de Jordán (la parte más fértil de la tierra y una importante ruta a la costa, y dominó a los israelitas por 18 años.
Clamor y liberación
De nuevo, en respuesta al clamor Jehová se convierte de opresor en libertador. Hijo de Gera (3:15) ha de significar “descendiente de Gera”, nieto de Benjamín, aunque es posible que el padre de Ehud también se haya llamado Gera. Benjamín significa “hijo de la mano derecha”, y la expresión traducida zurdo es lit. “impedido de la mano derecha”. ¡El libertador, de la tribu del hijo de la mano derecha, es “impedido” de la mano derecha! Con este juego de palabras el autor introduce una serie de referencias a la mano. Así llama la atención a que Jehová dio la liberación mediante lo que en esa sociedad se consideraba una debilidad o defecto: el ser zurdo. Los juegos de palabras continúan: con Ehud (lit., “en su mano”) los israelitas enviaron «un presente» a Eglón. En el plano superficial, esta oración solamente significa que Ehud encabezó la delegación que llevó un tributo (ver la nota; la misma palabra heb. está traducida “tributo” al rey de Moab. El tributo consistiría en productos agrícolas y pastoriles. Sin embargo, había otro “regalo” muy distinto que Ehud entregaría en su mano.
