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Jueces 1: Judá y Simeón capturan a Adoni-bezec

Unión vs. desunión El libro de Jueces presenta un período triste de desintegración nacional, de infidelidad a Jehová y de perversión espiritual. Una mirada casual no puede menos que observar cómo la población se agrupa en lo que llamamos tribus, sin ninguna cooperación entre ellas sino solo de nombre.

Esa condición nos evoca la proverbial historia del padre de familia que quiso dar a sus hijos una lección sobre la unidad que debía haber entre ellos. Los llamó y les dio un grupo de varas atadas entre sí, pidiéndoles que procuraran quebrarlas juntas. Cuando ninguno pudo, entonces desató las varas y les dio una vara a cada uno para que cada cual quebrara la suya. Cada uno la rompió fácilmente.

El padre les enseñó que desunidos ellos serían fácilmente derrotados pero que unidos serían invencibles. La historia de Israel habría sido muy diferente si hubieran permanecido unidos. El NT también nos previene del peligro que acarrean las facciones en la iglesia. Como pueblo de Dios cada iglesia debe presentar un solo frente como un solo cuerpo que es. Israel habría sido invencible, y la iglesia lo sería estando unida y dependiendo completamente de Dios.

La causa básica del desmembramiento de Israel fue haberse apartado de Jehová para servir a dioses paganos y seguir las costumbres de los pueblos a donde ellos llegaban. Dios les había advertido con mucha insistencia de no contaminarse con todas las cosas que hacían los pueblos de la tierra prometida, pero ellos olvidaron la advertencia.

El líder es imprescindible

Estos versículos revelan la importancia de que haya un líder que guíe, administre, corrija e inspire al pueblo. A raíz de la muerte de Josué, el pueblo todavía tenía la costumbre de consultar a Jehová antes de emprender una acción de gran importancia. También revelan el espíritu de cooperación que prevalecía entre las tribus reconociéndose como tribus hermanas. Más adelante, no habiendo un caudillo que tomara el lugar de Josué, todo se volvió desordenado y caótico. El pueblo veía todo esto y todavía no escarmentaba.

Conquistas por las tribus del sur.

Conquistas de Judá y Simeón,

Jueces comienza aparentemente ubicando los eventos “después de la muerte de Josué”, pero el libro de Josué da la impresión de que algunos de ellos sucedieron en los tiempos de Josué. Algunos estudiosos ven aquí una contradicción entre Josué y Jueces. Otros creen que la frase mencionada se refiere al libro en general. Una tercera posibilidad es que en efecto los eventos sucedieron después de la muerte de Josué, ya que ninguno de los pasajes paralelos en Josué dice que el gran caudillo todavía vivía cuando los eventos ocurrieron. Esta explicación es la que presenta menos dificultades, aunque no es imposible que algunos de los versículos se remonten a los días de Josué.

La frase introductoria da por sentado que el lector está familiarizado con los eventos narrados en el libro de Josué. Israel se había apoderado de la tierra de Canaán. Sin embargo, todavía quedaban muchas ciudades por poseer. Después de la muerte de Josué, entonces, cada tribu emprende la tarea de tomar posesión de las ciudades en su territorio.

Probablemente Israel hizo la consulta a través de un sacerdote en la presencia del arca del pacto, tal vez utilizando el Urim y el Tumim. Jehová señala que Judá debe iniciar esta fase de la conquista. Tan segura es la promesa de victoria que Jehová la expresa en tiempo pasado, “he entregado”. Un tema resaltado en Jueces es que Jehová determina los resultados de los conflictos militares.

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