Sin embargo, en vez de defenderse, Gedeón minimizó sus propios logros y magnificó la hazaña de Efraín. Comienza como los efrateos; ellos preguntaron: ¿Qué es esto que has hecho?, y él contesta: ¿Qué he hecho?. Luego emplea otra pregunta retórica y una figura de la vinicultura para afirmar que Efraín cosechó más gloria en la posbatalla que lo que Gedeón obtuvo para su clan de Abiezer en toda la pelea. La vendimia es la cosecha de la uva en sí misma; el rebusco es lo que se puede recoger del poco fruto que queda después. En el rebusco Efraín capturó a los dos líderes madianitas, proeza más digno de loor que cualquier logro de Gedeón. Con esta suave respuesta, Gedeón quita la ira. Se humilla para evitar un conflicto entre las tribus del pueblo de Dios. La Biblia no honra a la tribu que se enalteció, sino al héroe que se humilló.
Una alianza dudosa
Cuando Gedeón pidió comida de los hombres de Sucot y Peniel, ellos no quisieron darle comida, por temor de que Gedeón no iba a ganar la batalla en contra de los madianitas. Querían estar seguros de aliarse con el ejército victorioso antes de darles comida.
Muchos no quieren declararse como cristianos frente al mundo, porque quieren recibir lo que el mundo les pueda ofrecer. Prefieren postergar un compromiso con el Señor hasta no ver que los cristianos van a ser victoriosos y respetados en la comunidad.
A veces nuestra vacilación en declararnos cristianos resulta en la pérdida de oportunidades para ganar batallas decisivas en contra de Satanás.
Prepotencia de Gedeón
Para sorpresa nuestra, la historia de Gedeón no ha terminado. él ha cumplido con su comisión de librar a Israel. Sin embargo, antes del reporte del reposo, interviene un segundo movimiento en la historia de Gedeón. En este movimiento el líder abiezerita se ve mucho más autosuficiente.
Persecución de los madianitas
Para iniciar este segundo movimiento el autor retrocede un poco para recoger la historia cuando Gedeón y los 300 cruzaron el Jordán. Aunque estaban cansados y hambrientos, por alguna razón Gedeón seguía persiguiendo a los madianitas.
Al llegar a la ciudad israelita de Sucot, sobre el río Jaboc en la frontera entre Manasés y Gad, Gedeón solicita comida. Su gente había recibido muchas provisiones (7:8), pero las dejaría atrás al echarse a perseguir a los madianitas. Por cortesía, Gedeón solamente pide tortas de pan, pero esperará algo más sustancial. Sin embargo, los líderes de Sucot rechazan la petición. Dudan que los 300 puedan derrotar al ejército de los reyes. Habrían visto este ejército cuando pasó por allí, y sabrían que todavía es mucho más numeroso que la gente de Gedeón. Si alimentan a Gedeón se exponen a las represalias madianitas. Tener la mano (lit. “la palma”) del enemigo en la mano significaba haberlo derrotado.
Los líderes de Sucot eran como Meroz y las tribus que no acudieron a la lucha contra Jabín. A diferencia de Jael y las tribus de Zabulón y Neftalí, Sucot no tenía suficiente fe en Jehová y en su libertador escogido para unirse a la lucha, ni siquiera después de la victoria resonante de Gedeón en el valle de Jezreel.
