Por un lado se podría argumentar que el castigo fue justificado, ya que Sucot y Peniel debían haber apoyado a los que peleaban en nombre de Jehová y a favor de su pueblo. Las victorias en el lado occidental del Jordán eran evidencia clara que Dios estaba con Gedeón. Por otro lado, Gedeón aparentemente olvida que él tenía muchas dudas cuando Jehová lo llamó, y que requería de una serie de señales maravillosas antes de estar dispuesto a lanzarse a la pelea. En su debilidad Jehová no lo trató con castigos, sino con paciencia y misericordia. Gedeón debería haber imitado más a Dios en su trato con las dos ciudades de débil fe. Lleva a cabo estas torturas y matanzas no contra los opresores de Israel, sino contra Israel mismo. Aunque la Ley de Moisés es un pacto entre un rey soberano (Jehová) y su vasallo (Israel), difiere de los pactos antiguos al no obligar al vasallo a acudir a la guerra en apoyo del soberano.
El castigo de Gedeón es a lo menos cuestionable. Ya no es tan manso. De semejante manera a través del libro la conducta de los líderes de Israel pasa de lo limpio a lo turbio, para caer por fin en lo definitivamente repudiable. Gedeón es el primer juez que pelea contra Israel, pero no será el último. Su violencia contra Sucot y Peniel también anticipa las matanzas de su hijo en Siquem y Tebes.
La pregunta de Gedeón a los reyes nos toma por sorpresa. Inyecta en la historia un elemento desconocido hasta aquí. La respuesta de Zébaj y Zalmuna es también inesperada, ya que el cuadro de Gedeón no nos prepara para la revelación que él parecía ser hijo de rey.
Las sorpresas continúan. Desconocíamos que los madianitas habían ejecutado a los hermanos de Gedeón. Pero lo que más nos desconcierta es descubrir que lo que ha motivado a Gedeón en la persecución implacable de los madianitas es la venganza personal. Ha torturado y matado a los hombres de Sucot y Peniel no tanto por no apoyar al ejército de Jehová, sino por no ayudarle a vengar la muerte de sus hermanos. Según sus propias palabras, habría perdonado la vida a Zébaj y a Zalmuna si no hubieran matado a sus hermanos, no importándole todo el sufrimiento que ellos habían causado a otras familias de Israel. Gedeón, con el aspecto de un hijo de rey, comienza a comportarse con la prepotencia de un rey, anteponiendo los intereses de su familia a los de la nación.
Los muertos fueron hijos no solo del padre de Gedeón, sino también de su madre. Joás aparentemente tenía varias esposas. Los hermanos serían asesinados cuando los madianitas estaban acampados en el valle de Jezreel antes de la batalla, a menos que fuera un año anterior.
Ejecutar a los reyes madianitas sería un honor para Jeter; y un cumplimiento de la responsabilidad familiar de vengar la sangrex. Sin embargo, al joven todavía le da temor matar. En la timidez de Jeter vemos un reflejo del carácter de Gedeón cuando Jehová lo llamó. Sin embargo, ahora Gedeón está acostumbrado a derramar sangre, y responde al reto de Zébaj y Zalmuna, ajusticiándolos. Gedeón tomó también como botín las lunetas de los camellos, que eran ornamentos o amuletos de oro en forma de crecientes.
Los reyes madianitas instan a Gedeón a matarlos porque les sería menos vergonzoso morir a manos del héroe israelita que a manos de un joven. También sería menos angustioso, ya que Gedeón sabría matar rápido, mientras Jeter tal vez tuviera que herir a su víctima varias veces antes que muriera.
Los pies de barro
Aunque hemos visto muchas cualidades ejemplares en Gedeón, aquí vemos la manifestación de su actitud vengativa, lo cual nos asegura que tenía pies de barro. Su venganza se manifestó en estas ocasiones:
1. Tomó a los ancianos y azotó con espinas y cardos a los hombres de Sucot
2. Derribó la torre de Peniel y mató a los hombres de la ciudad
3. Mató a Zébaj y a Zalmuna, porque habían matado a sus hermanos
