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Mateo 18: La actitud de un niño

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Para estimularnos en el ejercicio del perdón nuestro Señor presenta dos incentivos poderosos. Cuéntanos que había un hombre que debía una enorme suma A su señor y no tenia con qué pagar. Sin embargo, cuando se llegó el tiempo de ajustar las cuentas su señor se compadeció de él y le perdonó todo. Se nos dice también que ese mismo hombre rehusó perdonar A un compañero una insignificante suma, llegando hasta el extremo de arrojarlo en la cárcel, sin ceder en nada de lo que exigía; y como fue castigado ese hombre malo, que después de haber sido tratado con clemencia debió tratar A los demás de la misma manera.

La parábola concluye en estos términos: « Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno A su hermano sus ofensas..

Es claro, pues, que una de las razones por las cuales debemos perdonar A los demás nace de la convicción que tenemos, o debemos tener, de que necesitamos el perdón de Dios. Día tras día cometemos muchas faltas, «dejando de hacer lo que debiéramos hacer, y haciendo lo que no debiéramos hacer.»Mal puede correspondemos A nosotros, miserables pecadores, el notar con demasiado escrúpulo los extravíos de nuestros hermanos y el ser tardos para perdonarlos..

Otra razón por la cual debiéramos perdonar A nuestros hermanos surge del conocimiento que tenemos de que habrá un juicio final, y de que seremos juzgados de acuerdo con reglas muy estrictas. En ese día no habrá perdón para los que no hayan perdonado. El alma rencorosa es incapaz de gozar del cielo, morada donde la misericordia es la única divisa, y el único tema de los cánticos eternales.

Penetrémonos bien de estas verdades. Es un hecho doloroso que de los deberes cristianos el que menos se práctica es el de perdonar las injurias. Y sin embargo, no hay ningún deber cuya práctica se recomiende tanto en el Nuevo Testamento, y ninguno cuya omisión cierre al hombre tan eficazmente las puertas del cielo.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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