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Mateo 18: La actitud de un niño

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

(iii) Jesús pasa a decir que donde se reúnen dos o tres en Su nombre, El está entre ellos. Los mismos judíos tenían un dicho: « Donde se sientan dos para ocuparse en el estudio de la Ley, la gloria de Dios está entre ellos.» Podemos tomar esta gran promesa de Jesús en dos esferas.

(a) Podemos aplicarla a la esfera de la iglesia. Jesús está tan presente en una pequeña congregación como en una gran reunión de masas. Está tan presente en una reunión o en un círculo de estudio bíblico de un puñado de personas como en una catedral abarrotada. Él no es esclavo de los Números. Está dondequiera se reúnan corazones fieles, aunque sean muy pocos, porque Él Se da totalmente a cada persona.

(b) Podemos aplicarla a la esfera del hogar. Una de las primeras interpretaciones de este dicho de Jesús era que los dos o tres eran padre, madre e hijo, y eso quiere decir que Jesús es el Huésped invisible de cada hogar.

Hay algunos que nunca se presentan lo mejor posible excepto en las que se consideran grandes ocasiones; pero para Jesucristo cada ocasión en la que, aunque solo sea dos o tres, se reúnen en Su nombre, es una gran ocasión.

COMO PERDONAR

Mateo 18:21-35

Entonces se Le acercó Pedro, y Le dijo:

-Señor, ¿cuántas veces le tengo que perdonar a mi hermano el que peque contra mí? ¿Hasta siete veces?

No te digo que hasta siete veces -le contestó Jesús-, sino hasta setenta veces siete. Por eso es por lo que el Reino del Cielo se puede comparar con lo que le pasó a un rey que quería hacer cuentas con sus siervos. Cuando empezó a revisar las cuentas, le trajeron a un deudor que le debía 500,000,000 de pesetas. Como no tenía posibilidad de pagarle, su amo mandó que le vendieran, juntamente con su mujer e hijos y todo lo que tuviera, para saldar la deuda. El siervo se postró rostro a tierra y le suplicó: «Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.» Al amo del siervo le dio pena de él, y le dejó en libertad, perdonándole la deuda. Pero cuando salió el siervo, se encontró con un consiervo suyo que le debía 1,000 pesetas. Le echó mano, y le agarró por el cuello: «¡Paga lo que debes!» -le dijo. El consiervo se postró y le suplicó: «Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.» Pero el otro no quiso tener paciencia; sino que fue y le metió en la cárcel hasta que pagara lo que le debía. Así que, cuando sus consiervos vieron lo que había pasado, se disgustaron mucho, y fueron a informar al amo de lo que había sucedido. Entonces el amo citó a su siervo y le dijo: «¡Siervo malvado! Yo te perdoné toda esa deuda solo porque tú me lo pediste. ¿No debías tú tener piedad de tu consiervo como yo la tuve de ti?» Y el amo se enfadó tanto con él que le entregó a los carceleros hasta que pagara todo lo que debía. Eso será lo que haga con vosotros Mi Padre celestial si no perdonáis cada uno a vuestro hermano de todo corazón.

Le debemos mucho al hecho de que Pedro tuviera la lengua tan dispuesta. Una y otra vez se precipitó a decir algo de tal manera que su impetuosidad dio motivo a que Jesús impartiera enseñanzas que son inmortales. En esta ocasión, Pedro se creía que estaba siendo muy generoso. Le preguntó a Jesús hasta cuándo tenía que perdonarle a su hermano el que le ofendiera, respondiendo a su propia pregunta con la sugerencia de que podría llegar hasta siete veces.

Pedro no estaba tan despistado con su pregunta. La enseñanza rabínica era que uno debía perdonar a su prójimo tres veces. Rabí Yosé ben Janina decía: « El que le pide perdón a su prójimo no debe repetirlo más de tres veces.» Rabí Yosé ben Yahuda decía: « Si uno comete una ofensa una vez, se le perdona; si comete una ofensa una segunda vez, se le perdona; si comete una ofensa una tercera vez, se le perdona; pero la cuarta vez, ya no se le perdona.» La prueba bíblica de que eso era lo correcto se tomaba de Amós. En los primeros capítulos de Amós hay una serie de condenaciones de las diferentes naciones por tres transgresiones y por cuatro (Amo_1:3; Amo_1:6; Amo_1:9; Amo_1:11; Amo_1:13 ; Amo_2:1; Amo_2:4; Amo_2:6 ). De ahí se deducía que el perdón de Dios se extendía hasta tres ofensas, y que Él visita a un pecador con un castigo a la cuarta. Una persona no podía ser más tolerante que Dios, así que el perdón se limitaba a tres veces.

Pedro creía que llegaba demasiado lejos, porque tomaba las tres veces de los rabinos, las multiplicaba por dos y les añadía una de propina, y sugería, convencido de su generosidad, que sería suficiente si perdonara siete veces. Pedro esperaba que se le alabara; pero la respuesta de Jesús fue que el cristiano debe perdonar setenta veces siete. En otras palabras: que el perdón no tiene un límite computable.

Jesús contó entonces la historia del siervo al que se había perdonado una gran deuda, y que, tan pronto como se vio libre, trató despiadadamente a un consiervo que le debía una deuda que era una fracción infinitesimal de lo que él le había debido a su amo, y que fue totalmente condenado sin remedio por su actitud. Esta parábola enseña ciertas lecciones que Jesús no se cansaba nunca de enseñar.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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