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Mateo 18: La actitud de un niño

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

BUSCANDO AL PORFIADO

Mateo 18:15-18

-Si tu hermano peca contra ti, dirígete a él y trata de hacerle comprender su error estando él y tú solos. Si te hace caso, has recuperado a un hermano. Si no te quiere hacer caso, lleva a uno o dos contigo, para que todo el asunto se establezca por boca de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia. Y si se niega a hacer caso a la iglesia, tenle poro gentil y publicano. Esto que os digo es la pura verdad: todo lo que atéis en la Tierra, quedará atado en el Cielo; y todo lo que desatéis en la Tierra, quedará desatado en el Cielo.

En muchos sentidos este es uno de los pasajes más difíciles de interpretar de todo el Nuevo Testamento. Su dificultad radica en el hecho indudable de que no suena a cierto; no suena a Jesús; suena mucho más a los acuerdos de un comité eclesiástico.

Todavía podemos ir más lejos: No es posible que Jesús dijera esto en esta forma. Jesús no pudo decirles a Sus discípulos que llevaran el asunto a la iglesia, porque la iglesia no existía todavía; y el pasaje implica una iglesia plenamente desarrollada y organizada, con un sistema de disciplina eclesiástica. Y más aún: Habla de publicanos y paganos como de los que están fuera sin remedio. Sin embargo a Jesús Le acusaron de ser amigo de publicanos y pecadores; y Él nunca habló de ellos en un sentido despectivo o negativo, sino siempre con simpatía y amor, y aun con alabanza (Cp. Mat_9:10 ss; 11:19; Luk_18:10 ss; y especialmente Mat_21:31 ss, donde se dice precisamente que los publicanos y las rameras entrarán en el Reino antes que los religiosos ortodoxos de aquel tiempo). Además, el tono general del pasaje es que el perdón tiene un límite, que llega el momento en que se puede tomar a una persona como un caso perdido, cosa que no podemos entender que dijera Jesús. Y el último versículo parece realmente darle a la iglesia el poder de retener y de perdonar pecados. Hay muchas razones que nos hacen creer que esto, tal como está aquí, no puede ser un dicho original de Jesús, sino una adaptación hecha por la iglesia en tiempo posterior, cuando la disciplina eclesiástica era más bien cosa de reglas y normas, y no de amor y perdón.

Aunque este pasaje podemos estar seguros de que no es una trascripción exacta de lo que dijo Jesús, es igualmente cierto que se remonta a algo que El sí dijo. ¿Podemos penetrar en su trasfondo para encontrar el verdadero mandamiento de Jesús? En su sentido más amplio, lo que Jesús dijo sería: «Si alguien peca contra ti, no ahorres esfuerzos para hacer que reconozca su falta, y para poner las cosas en su sitio otra vez entre vosotros dos.» En el fondo, lo que quiere decir es que no debemos nunca tolerar ninguna situación en la que se rompa la relación, personal entre uno de nosotros y otro miembro de la comunidad cristiana..

Supongamos que algo va mal, ¿qué tenemos que hacer para rectificarlo? Este pasaje nos presenta todo un esquema de acción para arreglar una relación deteriorada en la comunidad cristiana:

(i) Si estamos convencidos de que alguien nos ha ofendido, debemos expresar nuestra queja inmediatamente. Lo peor que podemos hacer con una ofensa es rumiarla. Eso es fatal. Puede envenenar toda la mente y la vida hasta tal punto que no podamos pensar en nada más que en nuestro sentimiento de haber sido ofendidos personalmente. Cualquier sentimiento de ese tipo debe sacarse a la luz, arrostrarse, expresarse, y a menudo el hecho de exponerlo mostrará lo poco importante y lo trivial que es todo el asunto.

(ii) Si estamos convencidos de que alguien nos ha ofendido, debemos ir directamente al supuesto ofensor personalmente. Más problemas ha causado el escribir cartas que casi ninguna otra cosa en el mundo. Una carta puede que se lea o entienda equivocadamente; puede que transmita inconscientemente un tono que no era la intención original. Si tenemos alguna diferencia con otro, solo hay una manera de zanjarla, y es cara a cara. La palabra hablada puede muchas veces resolver una diferencia que la palabra escrita no habría hecho más que exacerbar.

(iii) Si una entrevista privada y personal no consigue su propósito, debemos llevar a alguna persona, o a algunas personas, que sean prudentes. Deu_19:15 dice: «No se tomará en cuenta a un solo testigo contra alguien en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquier ofensa cometida. Solo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.» Ese era el dicho que Mateo tenía en mente. Pero en este caso el llevar testigos no era para tener una manera de demostrarle a una persona que había cometido una ofensa, .sino para ayudar en un proceso de reconciliación. Una persona suele odiar a los que más ha ofendido; y bien puede ser que nada -que nosotros digamos pueda hacer que le recuperemos. Pero el hablar del asunto con algunas personas prudentes y -amables presentes es crear una nueva atmósfera en la que hay por lo menos una posibilidad de vernos como nos ven los demás. Los rabinos tenían un dicho sabio: «No juzgues a solas, porque no hay nadie que pueda juzgar a solas salvo Uno, es decir, Dios.»

(iv) Si también eso fracasa, debemos llevar nuestros problemas personales a la comunidad cristiana. ¿Por qué? Porque los problemas no se resuelven nunca llevándolos a los tribunales, o discutiéndolos sin Cristo. El legalismo no hace más que producir más problemas. Es en un ambiente de oración, de amor cristiano y de comunión fraternal donde se pueden enderezar las relaciones deterioradas. Lo que se da por sentado es que la comunidad eclesial es cristiana, y trata de juzgarlo todo, no a la luz de un libro de práctica y disciplina, sino a la luz del amor.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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