Cuando Mateo dejó el puesto de los impuestos aquel día renunció a mucho en sentido material, pero espiritualmente recibió en herencia una fortuna incalculable.
DONDE HAY MÁS NECESIDAD
Mateo 9:10-13
Después, Mateo estaba sentado a la mesa en su casa, y fijaos: vinieron muchos cobradores de impuestos y pecadores a sentarse a comer con Jesús y Sus discípulos.
Cuando vieron aquello los fariseos, les dijeron a los discípulos de Jesús:
-¿Cómo es que vuestro Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?
Jesús lo oyó, y dijo:
No son los que están bien los que necesitan un médico, sino los que están enfermos. Id a aprender lo que quiere decir el dicho: «Lo que Yo quiero es misericordia, y no sacrificios.» Yo no he venido a invitar a los «justos», sino a los pecadores.
Jesús no se limitó a llamar a Mateo para que fuera uno de Sus hombres y seguidores, sino que se sentó a la mesa con hombres y mujeres como Mateo, con cobradores de impuestos y «pecadores».
Aquí surge una pregunta muy interesante: ¿Dónde tuvo lugar esta comida en la que fueron comensales Jesús y los cobradores de impuestos y los pecadores? Lucas es el único que especifica que fue en la casa de Mateo o Leví (cp. Mar_2:14-17 , y Luk_5:27-32 ). Si nos atenemos al relato de Mateo y Marcos, podría muy bien haber sido en casa de Jesús, o en la casa en que estaba parando. Si fue en la casa de Jesús, Su dicho resulta aún más impactante: « Yo no he venido a llamar -a invitar- a justos, sino a pecadores.»
La palabra que se usa en el original es kalein, que es la que se usa corrientemente en griego para invitar a un huésped a una casa o para una comida. En la parábola de la Gran Cena (Mat_22:1-10 ; Luk_14:15-24 ) se nos dice que los invitados rechazaron la invitación, y fueron los pobres, cojos, mancos y ciegos los que vinieron de los caminos y de los vallados a sentarse a la mesa del Rey. Puede que Jesús estuviera diciendo: « Cuando hacéis una fiesta, invitáis a los religiosos y a los beatos; pero cuando la hago Yo, invito a los que son conscientes de su pecado y tienen más necesidad de Dios.»
Fuera en casa de Mateo o en la que estaba parando Jesús, fue un escándalo para los escribas y fariseos ortodoxos. Hablando en general, los habitantes de Palestina se dividían en dos clases: los ortodoxos que cumplían rígidamente la ley tradicional en sus más mínimos detalles, y los que no, todos los demás. La segunda clase la llamaban los de la primera la gente de la tierra; y al ortodoxo le estaba prohibido hacer un viaje con ninguno de los otros, o hacer ningún trato comercial, o darle o recibir de él nada, o hacerles o aceptar de ellos ninguna invitación. Al estar en compañía de gente así, Jesús estaba haciendo algo que los « piadosos» de su tiempo no hartan nunca.
La defensa de Jesús fue perfectamente sencilla; simplemente dijo que Él estaba donde más se Le necesitaba. Sería un médico miserable si no fuera nada más que a las casas de los que gozaran de buena salud; el lugar de un médico está donde la gente está enferma; su gloria y su misión es ir adonde se le necesite.
Diógenes fue uno de los grandes maestros de la antigua Grecia. Amaba la virtud, y tenía una lengua mordaz. No se cansaba de comparar la decadencia de Atenas, donde pasó la mayor parte de su vida, con la vigorosa sencillez de Esparta. Un día, alguien le dijo: «Si te gusta tanto Esparta y tan poco Atenas, ¿por qué no te marchas de Atenas y te vas a Esparta: Y él respondió: «Aparte de lo que yo quiera, debo estar donde se me necesita más.» Eran los «pecadores» los que necesitaban a Jesús, y por eso estaba entre ellos.
Cuando Jesús dijo «Yo no he venido a invitar a los «justos», sino a los pecadores,» debemos entender lo que quería decir. No decía que hubiera gente tan buena que no necesitara nada de Él; y todavía menos que Él no tuviera interés en los buenos. Este es un dicho muy comprimido. Jesús decía: «Yo no he venido a invitar a los que están tan satisfechos consigo mismos -que están convencidos de que no necesitan la ayuda de nadie; sino a los que son conscientes de su pecado y se dan cuenta de que necesitan desesperadamente un Salvador.» Estaba diciendo: «Los únicos que aceptan mi invitación son los que reconocen lo mucho que Me necesitan.»
