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Mateo 9: Estar a buenas con Dios

Pero además de estos había un montón de impuestos diversos. Estaba el impuesto del dos y medio al doce y medio por ciento sobre todas las mercancías que se importaran o exportaran. Había que pagar un impuesto para usar las carreteras principales, cruzar los puentes, y entrar en los mercados, pueblos o puertos. Había que pagar un impuesto por los animales de carga, y por las ruedas y los ejes de los carros. Había impuestos por la compra y por la venta de mercancías. Había algunos productos que eran monopolio del gobierno; por ejemplo, en Egipto, el comercio del nitrato, la cerveza y el papiro estaba totalmente bajo el control del gobierno.

Aunque se había dejado el antiguo método de subastar los impuestos, se necesitaba un montón de gente para cobrarlos. Los funcionarios encargados de ello se contrataban entre los provinciales. A menudo eran voluntarios. Lo corriente era que en cada distrito hubiera una persona responsable de cada impuesto, y -no le era difícil a esa persona forrarse los bolsillos además de cobrar lo legalmente estipulado.

A estos. publicanos se -les tenía un odio feroz. Se habían puesto al servicio de los conquistadores de su nación, y amasaban sus fortunas a expensas de las desgracias de sus compatriotas. Eran notoriamente deshonestos. No sólo despellejaban a sus propios compatriotas, sino que hacían todo lo posible por defraudar al gobierno, y tenían unos impuestos florecientes aceptando sobornos de los ricos que querían ahorrarse los impuestos que tenían que pagar.

En todos los países se odia a los cobradores de impuestos,: pero el odio de los judíos era doblemente violento. Los judíos eran nacionalistas furibundos; pero lo que más los excitaba era su convicción religiosa de que Dios era su único Rey, y que el pagarle impuestos -a ningún gobernador humano era una infracción de los derechos de Dios y un insulto a Su Majestad. La ley judía excomulgaba de la sinagoga a los publicanos, los incluía entre las cosas y los animales inmundos, y les aplicaba Lev_20:5 ; se les impedía ser testigos en los juicios, y se metía en el mismo saco a los « ladrones, asesinos y publicanos.»

Cuando Jesús llamó a Mateo, llamó a un hombre que todos odiaban. Aquí tenemos uno de los grandes ejemplos que hay en el Nuevo Testamento del poder de Jesús para ver en una persona, no sólo lo que era, sino lo que podría llegar a ser. No ha habido nunca nadie que tuviera tanta fe en las posibilidades de la naturaleza humana como Jesús.

DESAFÍO LANZADO Y ACEPTADO

Cafarnaum estaba en el territorio de Herodes Antipas, y la más probable es que Mateo no estuviera al servicio de los Romanos sino de Herodes. Cafarnaum era el punto de unión de muchas carreteras. En especial la gran carretera de Egipto a Damasco, la carretera de la costa, pasaba por Cafarnaum. Era allí donde entraba en los dominios de Herodes con fines comerciales; y sin duda Mateo era uno de los empleados de aduana que cobraba los impuestos de todas las mercancías y productos que entraban y salían por aquel territorio.

No tenemos por qué pensar que Mateo no había visto nunca antes a Jesús. Sin duda habría oído del joven galileo Que traía un mensaje que cortaba la respiración de puro nuevo, Que hablaba con una autoridad que no se había conocido nunca, y Que contaba entre Sus amigos a hombres y mujeres que habrían evitado con asco las buenas personas ortodoxas de entonces. Probablemente Mateo Le habría oído desde las afueras de la multitud, y habría sentido que le vibraba el corazón en el pecho. Tal vez Mateo se había planteado anhelantemente si todavía estaría a tiempo de hacerse a la vela hacia un nuevo mundo dejando su vieja vida y su vieja vergüenza para empezar de nuevo. Y un día se encontró con Jesús allí delante de él, y Le oyó larzarle el desafío, y Mateo aceptó aquel desafío, y se levantó, y lo dejó todo, y siguió a Jesús.

Debemos fijarnos en lo que perdió Mateo, y en lo que encontró. Perdió un cómodo trabajo, y encontró un destino. Perdió unos buenos ingresos, y encontró la dignidad. Perdió una cómoda seguridad, y encontró una aventura como no soñara nunca. Puede que si aceptamos el desafío de Cristo nos encontremos más pobres de cosas materiales. Puede que tengamos que renunciar a las ambiciones del mundo. Pero sin duda encontraremos una paz y un gozo y un interés en la vida que nunca habíamos conocido. En Jesucristo se encuentran riquezas que superan con creces todo lo que se pueda abandonar por Él.

Debemos fijarnos en lo que dejó Mateo, y en lo que tomó. Dejó el puesto de los impuestos, pero se llevó una cosa: su pluma. Aquí tenemos un ejemplo luminoso de cómo puede usar Jesús cualesquiera dones que uno pueda llevarle. No es probable que ningún otro de los Doce tuviera soltura con la pluma. Los pescadores galileos no es de esperar que tuvieran una habilidad especial en eso de colocar debidamente las palabras; pero Mateo, sí. Y este hombre, cuyo trabajo le había entrenado en el uso de la pluma, usó esa habilidad para componer el primer manual de las enseñanzas de Jesús, que figura entre los libros más importantes que se hayan escrito en el mundo.

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