(iii) Los dos ciegos se llegaron a Jesús gritando: « ¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» Hijo de David no era un título que Jesús apreciara; Hijo de David era la clase de título que usaría un nacionalista. Muchos de los judíos estaban `esperando un gran líder de la dinastía y casta de David, un general victorioso que los condujera al triunfo militar y político sobre los Romanos invasores. Esa era la idea que subyacía bajo el título Hijo de David.
Así es que aquellos ciegos acudieron a Jesús con una idea muy inadecuada de Quién era. No veían en Él más que al conquistador heroico de la dinastía de David.
Aquí tenemos algo maravilloso. El gobernador vino a Jesús con motivos inadecuados; la mujer vino a Jesús con una fe inadecuada; los ciegos vinieron a Jesús con una idea ¡nade= cuada de Quién era -o, si preferimos decirlo así, con una teología inadecuada. Y sin embargo encontraron Su amor y Su poder esperándolos en sus necesidades. Aquí vemos algo tremendamente maravilloso. No importa cómo vengamos a Cristo, con tal que vengamos. No importa lo inadecuada e imperfectamente que vengamos: Su amor y Sus brazos están abiertos para recibirnos.
Aquí hay una doble lección. Quiere decírsenos que no tenemos que esperar para venir a Cristo hasta que nuestros motivos, nuestra fe y nuestra teología sean perfectos; podemos venir tal como estemos. Y quiere decir que no tenemos derecho a criticar a otros cuyos motivos, fe o teología creamos equivocados. No es cómo vengamos a Cristo lo que importa, sino que de veras vengamos a Él, porque Él está deseando recibirnos tal como somos para hacernos como debemos ser.
TODO EL PODER DEL CIELO PARA UNO
Mateo 9:20-22
Y fijaos: una mujer que hacía doce años que padecía de hemorragias se Le acercó por detrás y tocó la borla de Su manto, diciéndose para sus adentros: Aunque no haga más que tocar Su ropa, me pondré buena.
Jesús Se dio la vuelta y la vio.
-¡Ten ánimo, hija! -le dijo-. Tu fe es lo que te ha devuelto la salud.
Y la mujer estuvo sana desde aquel momento.
Desde el punto de vista judío esta mujer no podía haber sufrido de ninguna enfermedad más terrible y humillante que el flujo de sangre. Era una dolencia muy corriente en Palestina. El Talmud indica no menos de once curas diferentes para ella. Algunas consistían en tónicos y astringentes que puede que fueran eficaces en algunos casos; otras eran meramente remedios supersticiosos. Una de éstas era llevar las cenizas de un huevo de avestruz en una bolsa de lino en el verano, y de algodón en invierno; otra era llevar por ahí una espiga de cebada que se hubiera encontrado en el estiércol de una burra blanca. Cuando Marcos cuenta esta historia, deja bien claro que esta mujer lo había intentado todo, y había ido a todos los médicos que había podido, y estaba cada,,vez peor en vez de mejor (Mar_5:26 ).
Lo más terrible de esta enfermedad era que hacía a la paciente inmunda. La Ley establecía: « Cuando una mujer tenga flujo de sangre por muchos días fuera del tiempo de su menstruación, o cuando tenga flujo de sangre más allá de su menstruación, todo el tiempo de su flujo quedará impura como en los días de su menstruación. Toda cama en que duerma mientras dure su flujo será como la cama de su menstruación, y todo mueble sobre el que se siente será inmundo como la impureza de su menstruación. Cualquiera que toque esas cosas será impuro y lavará sus vestidos, se lavará a sí mismo con agua, y quedará impuro hasta la noche» (Lev_15:25-27 ).
Es decir: una mujer con flujo de sangre era inmunda; todas las cosas y las personas que tocara quedaban infectadas de su inmundicia. Quedaba totalmente excluida del culto, y del trato con hombres y mujeres. No debería ni siquiera haber estado entre la multitud que rodeaba a Jesús; porque, si lo hubieran sabido, no la habrían dejado, porque habría estado contaminando a todos. No nos sorprende lo más mínimo que estuviera probando ansiosamente todo lo que pudiera rescatarla de unta vida de aislamiento y humillación.
Así que se deslizó por detrás de Jesús y tocó la orla de su manto. La palabra griega es kráspedon, la hebrea es zizit.
Esta orla eran cuatro borlas de azul jacinto que llevaban los judíos en las esquinas de su manto exterior. Se llevaban obedeciendo lo que mandaba la Ley en Num_15:37-41 y Deu_22:12 . Mateo vuelve a mencionarla en 14:36 y 23:5. Consistían en cuatro hebras que pasaban por las cuatro puntas del manto y se encontraban en ocho puntos. Una de las hebras era más larga que las otras. Estaba trenzada siete veces alrededor de las otras, formando un nudo doble; luego ocho veces, luego once veces y luego trece veces. La hebra y los nudos representaban los cinco libros de la Ley. La razón de la orla era doble. Servía para identificar a un judío como tal, y como miembro del pueblo escogido, no importaba donde estuviera; y servía para recordarle al judío cada vez que se pusiera y se quitara la ropa que él pertenecía a Dios. En tiempos posteriores, cuando se perseguía universalmente a los judíos, las borlas se usaban en la túnica interior, y hoy en día se usan en el chal que usan los judíos devotos para la oración.
