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Oseas 1: La esposa infiel de Oseas, y sus hijos

ser la ocasión de proclamar la palabra más dura que Dios envió a Oseas: Ponle por nombre Loammí. Que este nombre, “no pueblo mío”, se aplica a Israel y no al hijo me parece claro. En la interpretación del nombre, por primera vez, Dios habla directamente a Israel: Vosotros no sois mi pueblo ni yo soy vuestro Dios. La traducción de esta última frase en RVA representa una ligera enmienda textual muy común. Sin embargo, tanto el texto masorético (TM) como la Septuaginta (LXX) pueden ser traducidos lit.: “Y yo no yo soy para vosotros”. Puede entenderse cómo Oseas emplea el nombre de Dios que se reveló, YO SOY. La interpretación del nombre Loammí sería: “Vosotros no sois mi pueblo, ni soy YO SOY para vosotros”.

Se nota una progresión del castigo cada vez más severa en los versículos 4 al 9. Israel tendrá un desastroso futuro sin rey (versículo 4), sin el amor fraternal de Dios (versículo 6), y ahora, un futuro sin Dios mismo (versículo 9). Que Dios no sea el YO SOY de Israel equivale a decir en términos radicales, que el pacto ya se abolió. El pueblo de Dios rompió el pacto, y ahora sufrirá la maldición que el pacto mismo prescribió en las tradiciones. Con este oráculo parece que no hay más que decir. Sin embargo, este es solamente un lado del mensaje de Oseas.

La felicidad potencial

Oseas ahora ofrece la esperanza de un nuevo futuro para el pueblo de Dios. Algunos han expresado dudas en cuanto a que Oseas proclamaría este mensaje después de lo que dijo en los versículos 2 al 9, pero hay que notar dos cosas:

1) La esperanza es una parte integral del mensaje de Oseas

2) la posición actual probablemente se debe al proceso de redacción del libro y no a un estricto orden cronológico de la predicación del profeta. Cuando se escribió el libro, posiblemente se sentía la necesidad de poner juntos los dos tipos de mensajes, juicio completo y salvación.

Realmente los mensajes no son alternativas opcionales. La salvación no es una opción que Israel puede escoger, sino que, al igual que el juicio, es totalmente la obra de Dios. En un futuro lejano, después del futuro más inmediato, Dios iniciará el cumplimiento de las promesas a los patriarcas, dice Oseas. Sin embargo, esta esperanza se presentará solamente después del juicio ya proclamado por el profeta. Y sucederá que en lugar de lo que se les dijo: Vosotros no sois mi pueblo, se les dirá: Hijos del Dios viviente (versículo 10c).

El versículo dice: “Y sucederá en lugar de que se les dijo…”. Varios eruditos han sugerido que “en lugar de que” es sinónimo de “en vez de”. Sin embargo, tal traducción, según otros eruditos, estaría sin paralelo en el AT. Otros opinan que el artículo definido está presente implícitamente y que por eso sería mejor entender la frase lit. “en el lugar donde”. La pregunta entonces sería: “¿Cuál lugar?” La palabra “lugar” en el AT puede significar un santuario, un lugar santo. Entonces, en el mismo santuario en el cual Oseas proclamaba sus mensajes de los nombres de sus hijos, nuevos nombres serán dados, y nuevos significados se proclamarán. O, si “lugar” no es un centro cúltico, entonces se refiere a Jezreel, un lugar que es de mucha importancia para la predicación de Oseas.

Israel (versículo 10a; aquí se refiere tanto a Efraín como a Judá), después de ser “no pueblo mío” (LoAmmí), en un futuro no previsto hallará una nueva identidad, hijos del Dios viviente (versículo 10c). Esta frase habla más de Dios como la fuente de vida que en distinción de un ídolo, aunque esta idea también no está ausente completamente. El profeta declara que Dios es quien da vida a Israel. él es quien da fertilidad y no Baal. Por eso, los israelitas no serán más hijos de prostitución, sino que serán hijos del Dios viviente. Aun en su visión del futuro, Oseas usa la familia como modelo para declarar que el Señor, y no Baal, es el verdadero Dios de Israel, mostrando que el Señor es mucho más que un Baal. Dios no solo da vida, sino que es Padre.

Como padre, Dios tiene la capacidad soberana para transformar completamente la identidad de sus hijos. En esta visión del futuro escatológico, Jezreel será un nombre de bendición, Lorujama cambiará a ser Rujama (“recibe el amor del padre”), y Loammí será Ammí (“pueblo mío”). Que esas palabras se aplicaran a todo el pueblo de Dios se ve por medio del uso de plurales: vuestros hermanos, vuestras hermanas y la designación extraña de los hijos de Judá. Durante o inmediatamente después de los eventos del 734 al 733 a. de J.C. (la guerra entre Siria y el reino del Norte, y la intervención de Asiria), Oseas se dirigió a un pueblo dividido por la guerra, el gobierno y las tradiciones religiosas, proclamándoles que el Señor planifica un día cuando serán congregados en uno y nombrarán para sí un solo jefe. Oseas evitó usar la palabra “rey” y utilizó la palabra jefe, literalmente “cabeza” para recordar los primeros días de Israel, y no pensar en las divisiones provocadas por la monarquía.

Los últimos dos nombres tienen significados obvios. Los negativos mismos son negados. “No pueblo mío” llega a ser “mi pueblo”. “No recibe el amor paternal” llega a ser “amada por su padre”. Pero el nombre Jezreel demanda una explicación de su nueva interpretación. El nombre una vez más se relaciona con el valle. Y allí el día de Jezreel será grande porque el pueblo de Dios subirá de la tierra. Algunos creen que la tierra se refiere a una tierra de cautiverio, sea Asiria o sea Egipto, como símbolo de toda esclavitud, y que la frase es una predicción del regreso del destierro. Hay otros que piensan en “tierra” como una referencia al mundo de los muertos, Seol. Si es así, entonces la referencia a resurrección se interpreta como un símbolo de Israel volviendo del exilio. Otros entienden “la tierra” como Israel, y el verbo “subirán” significa “ganará poder sobre, dominará”. Así entienden que Oseas, hablando cuando Asiria domina la tierra, ve un tiempo en el cual una vez más Israel tomará poder y controlará su propio destino.

Posiblemente, la mejor manera de entender la frase es en el sentido agrícola. Dios, como Señor de la fertilidad, hará crecer a su pueblo como una gran cosecha. Israel, como plantas, subirá de la tierra. Con esta figura, Oseas otra vez declara que ¡es Dios quien da a Israel la fertilidad y no Baal! Si Israel tiene algún futuro, sea de juicio o de esperanza, se encontrará en el Señor.

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