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Oseas 11: ¿Pecado del hombre o amor de Dios?

¿Pecado del hombre o amor de Dios?

Esta sección termina la segunda parte principal del libro de Oseas. La unidad es paralela a 2:2-23. Sin embargo, en este caso no es un asunto entre una pareja, sino que ahora se trata de un juicio contra un hijo contumaz y rebelde, una ofensa capital. Como en el cap. 3 se ofreció una invitación de reconciliación en un matrimonio roto, este pasaje también ofrece la posibilidad de una reconciliación entre padre e hijo. El profeta nunca niega la realidad del pecado ni su efecto, no obstante, Oseas declara que el amor divino es más poderoso que el pecado. El amor de Dios al fin triunfará.

Dios inicia el juicio recalcando su bondad como padre. Desde los días cuando Israel era solo un niño, lo amó y lo llamó como hijo. Es interesante que la palabra muchacho también puede significar “esclavo”, y el versículo puede entenderse como un cambio en posición, de esclavo a hijo; pero aquí el vocablo heb. es mejor entendido como una descripción de Israel como un menor. Los dos verbos, amar y llamar, son del vocabulario hebreo de la doctrina de elección. Oseas usa las tradiciones del éxodo para hablar del hecho que Israel fue elegido por Dios. Amar subraya la libertad y la gracia de Dios en escogerlo. Se usa este verbo de la relación entre un rey y sus vasallos tanto en Mari como en las cartas de Amarna (ver Diccionario Bíblico Arqueológico) para mostrar el papel de benefactor del rey a los que son leales. La elección trae una demanda de fidelidad. Llamé subraya que el Señor ha proclamado a Israel: mi hijo (versículo 1b). Pero también el verbo convoca a Israel con un propósito. Israel ha sido llamado como un hijo. Este llamamiento no es un simple privilegio, sino que es una comisión al servicio.

El yo del versículo 3 es enfático. Dios sigue mostrando que es un buen padre. En realidad, en Israel era más una tarea de la madre el enseñar al hijo a caminar y curar sus heridas. En el versículo 4 la metáfora de Dios como madre continúa. Dios muestra los lazos del amor familiar en levantar el bebé a su mejilla e inclinarse a él (el pronombre es singular en heb., aunque varias versiones traducen con el sentido de plural común) para alimentarlo. También, puede traducirse: “Y tiernamente le di a comer”. De todas maneras, Oseas enfatiza que no es por negligencia o descuido paternal que el hijo es rebelde. Israel tiene la culpa. Resiste toda autoridad, se va y no reconoce la soberanía del Padre.

La sentencia se pronuncia en los versículos 5 al 7: …volverá a la tierra de Egipto, y el asirio será su rey; porque no quisieron volver a mí. Debemos notar que, aun cuando nuestra traducción de Reina y Valera lo haya incluido por siglos, no debemos leer la palabra “no” al principio del versículo 5 porque en el versículo 11a declara Oseas: “Desde Egipto vendrán temblando como un pájaro” (trad. del autor; RVA trad. De Egipto acudirán…). También en otras partes del libro leemos declaraciones de que Israel volverá a Egipto. Si se colocara la palabra en heb. para “no” al final de la palabra anterior leeríamos: “…para alimentarlos. Volverá…” como tiene la LXX y Dios habla hoy, evitando así una contradicción. La otra opción es entenderlo como una aseveración: “En verdad, volverá…”. Israel adora a Dios con palabras, pero no lo hace Señor de su vida. Por eso será castigado por medio del destierro. Egipto sirve como el símbolo de la esclavitud para Israel, y su realidad se encontrará en la persona del rey de Asiria, Salmanasar V.

Hay un cambio con los versículos 8 y 9. No obstante, sigue el juicio familiar. El cambio es solo que el padre no tiene el propósito de procurar el ajusticiamiento de su hijo, sino que busca su corrección. Siempre, el padre es amor. Los versículos 8 y 9 se han llamado el Getsemaní del AT, porque observamos la angustia de Dios ante la justicia divina. Como en la cruz, Dios expresa su tremendo amor para con la humanidad y aquí dice: …no volveré para destruir a Efraín,…. Esta declaración y las otras del versículo 9 no significan que Dios cambió su opinión y que ahora no habrá un juicio. Ni debemos entender “volver” como “por segunda vez”, como que el pasaje se originara después del año 722-21 a. de J.C. No volveré significa “no me arrepiento de mi propósito en crear a este pueblo”, “no anularé mi plan para el mundo”. En verdad, Efraín sufrirá guerra y Samaria caerá. No obstante, su destrucción no será como la de Adma o Zeboím que fue con ira y furor. Igual como Sodoma y Gomorra, tal destrucción es completa, sin esperanza de nueva vida. Mas el fin del reino del Norte, Israel, no es el fin del pueblo de Dios. Dios no es un hombre, sino Dios. Su propósito es firme, y su capacidad para realizarlo es infinita.

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