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Oseas 4: Modelo del Pacto

La acusación que trae el fiscal es grave. En la tierra del pacto, no existen los efectos del pacto. No hay verdad que es la confiabilidad y fidelidad que se muestran en relaciones personales, tanto en acciones como en palabras. No hay lealtad que es el amor recíproco que se muestra leal en cada situación. Por parte de Dios es un amor inmerecido que él nos da; por parte del hombre es un amor que trae obligaciones sociales para que la relación siga. En cuanto al pacto, jesed es el amor leal que se expresa en obediencia a la instrucción (torah) de Dios. No hay conocimiento de Dios que es una relación íntima con Dios que incluye el conocimiento de su voluntad revelada por su torah, la comunión personal establecida por el pacto, y también el reconocimiento de la soberanía absoluta de Dios. él es el “gran rey” del pacto, conforme al modelo de los pactos de la antigüedad.

En vez de los efectos positivos del pacto, hay una irrupción de evidencia con que el pacto se destruye. Con los Diez Mandamientos como la base, Oseas cuenta su destrucción. En lugar de verdad se ve el perjurar (aloh) y el engañar (kajesh). Es mejor pensar en aloh como “el maldecir”, la acción de hechicería usando el nombre de Dios en maldiciones, violando el tercer mandamiento. La palabra kajesh significa “falsear” y se usa especialmente en los contextos jurídicos, violando el noveno mandamiento. En vez de lealtad se ve, según los versículos 2c y 2d, el asesinar (violación del sexto mandamiento), el robar (violación del octavo mandamiento), y el adulterar (violación del séptimo mandamiento). Finalmente, en lugar del conocimiento de Dios se ven los hechos de sangre. Lit., Oseas dice: “Y sangres con sangres tocan”. Algunos eruditos traducen aquí “imágenes o ídolos”. Se basa en la raíz dmh con su sentido básico de “parecer”. Esto equivaldría a una violación del segundo mandamiento. Sin embargo, sin más evidencia lingüística es mejor entender la expresión como “sangres” e interpretar esos hechos de sangre no como una repetición de asesinar, sino como una prueba de que Israel no conoce a Dios: hay violencia por todos lados.

La sentencia del versículo 3 puede entenderse como futura: estará de duelo, desfallecerá y perecerá. La tierra (versículo 3a; ¿el planeta o Israel?) se secará y no habrá fecundidad para bestia u hombre. La muerte, la negación de la creación, es el resultado de la infidelidad de Israel según la visión cósmica de Oseas.

La responsabilidad del pecado

En esta sección Oseas delínea a los que son responsables del pecado de Israel. Los versículos 4 al 10 condenan a los sacerdotes, del 11 al 14 culpan al pueblo mismo, y después de un aviso a Judá (versículo 15), los versículos del 16 al 19 censuran a Efraín. Aunque esta sección está llena de problemas textuales, su mensaje básico es claro: Todo el pueblo, siguiendo el ejemplo de sus líderes, son copartícipes en la rebelión contra el Señor; pero el ejemplo de los líderes recibe la condenación principal.

La primera parte, versículos 4-10, responsabiliza a los sacerdotes en los términos del pleito. El versículo 4 no se comprende en su forma literal. Por eso, algunas enmiendas se sugieren. Sin cambiar la primera frase, tenemos que contrastar dos ideas en el versículo. La primera puede ser el discurso de un sacerdote que busca callar a Oseas: “Nadie contienda ni amoneste a ninguno”, semejante a Amos 7:10-17. Como respuesta Oseas declara: “Claro, porque es contigo con quien tengo pleito, oh sacerdote”. Esta lectura conserva las consonantes del TM y mejora el sentido. Otros quieren cambiar la primera frase, pero también sin cambiar el TM. Algunos sugieren que los verbos sean entendidos como pasivos: “No es cualquier hombre que debe acusarse, ni es cualquier hombre que debe amonestarse, pero es contigo…”. La enmienda sugerida por otros también merece consideración. Leyendo “Dios” en vez de “no” (las palabras en hebreo son similares), se puede traducir la frase: “Ciertamente, Dios contiende con un hombre en particular, Dios amonesta a un individuo. Eres tú, sí tú sacerdote, con quien tengo pleito”.

En los versículos que siguen, se presentan alternadamente las sentencias y los crímenes de los sacerdotes. En el versículo 5a se amonesta la caída de ellos juntamente con el profeta, probablemente una alusión a los “profetas cúlticos” que se oponían a los profetas. Puede ser que Amós tenía en mente ese grupo cuando en su libro negó ser “profeta” (nabi’). Los versículos 5b y 6 nombran tres crímenes de los sacerdotes y su sentencias correspondientes. El primer par se inicia con la sentencia: Y haré perecer (damah) a tu madre, porque mi pueblo es destruido. Carece de conocimiento. Según el TM, el Señor va a destruir a la madre. La figura puede entenderse como un símbolo de la nación, o como una amenaza a la sucesión sacerdotal. Un cambio de las vocales hace la última idea más clara, al resultar: “Destruiré a tu familia”. El crimen es la negligencia de compartir el conocimiento de Dios (versículo 1) por medio de la instrucción sacerdotal. El segundo par sigue con el orden inverso. El crimen es rechazar este conocimiento (ver el comentario sobre versículo 1); la sentencia es ser rechazado como sacerdote. El tercer crimen es olvidar la ley de tu Dios (versículo 6), despreciando la instrucción que Dios da a su pueblo. La sentencia, pues, es que la descendencia sacerdotal terminará olvidada.

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