Cantaré… en mi vida. El salmista no esperará hasta la muerte para glorificar a Dios; lo hará mientras vive. A menudo el cristiano espera tener más tiempo para orar, adorar y servir a Dios. Si no lo hace ahora, es probable que nunca lo hará.
Pero el salmista adora a Dios ahora; en la adoración tanto Dios como el hombre disfrutan esta comunión (v. 34) por la cual Dios nos creó. Por eso Dios busca tales adoradores y por eso el pueblo de Dios se deleita en la adoración.
Sean exterminados parece duro, pero el salmista es celoso de la gloria de Dios. El que quiere la gloria de Dios resiste el mal. El salmista termina como empezó el Salmo, bendice a Dios, le da su amor, su honra, su afecto, su tiempo, todo su ser. No puede más que gritar ¡Aleluya! Esta es la primera vez que aleluya aparece en la Biblia.
¡Cuán grande es él!
Que mi meditación le sea grata,
y que yo me alegre en Jehová.
El salmista no celebra solamente en este salmo las glorias de la naturaleza, sino la sabiduría y el poder del Creador, y en términos precisos invita a meditar:
1. En su grandeza
2. En su bondad
3. En su gentileza
4. En su dirección
5. En su gracia
6. En sus dádivas
7. En su gloria
