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Zacarías 1: Llamamiento a volver a Jehová

1) De nuevo se desbordarán mis ciudades por la abundancia del bien. Quizás recordando la época próspera y fructífera de David y Salomón. La abundancia del bien podríamos interpretarla como el favor inmensurable de Dios sobre un pueblo necesitado.

2) De nuevo consolará Jehová a Sion. “Consolaos, consolaos pueblo mío, dice vuestro Dios”; en el NT Jesús dice: “Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador”.

Dios se ha caracterizado por ser un consolador por excelencia; la expresión conmueve por su ternura y su más alto sentido de compasión por un pueblo que agoniza en la miseria. La reconstrucción física y la recuperación económica parecen ir a pasos lentos, quizás hasta un estancamiento en el desarrollo nacional; ahora Dios el consolador afirma que de nuevo Sion será consolada.

3) Y escogerá [de nuevo] a Jerusalén. La elección es una de las doctrinas más hermosas de la Biblia; seguirá el Señor prefiriendo a Jerusalén. Es una confirmación del pacto, y la certeza de un Dios que no falla con sus promesas.

(2) Los cuernos y los herreros del juicio

La interpretación de esta visión resulta un poco difícil si procedemos con una interpretación literal en la identificación de los cuatro cuernos. Los cuernos simbolizan poder, autoridad y dominio. La pregunta es: ¿a qué imperios se está refiriendo el profeta? La idea generalmente aceptada por los expositores y comentaristas es que el número cuatro no hace referencia a imperios específicos, sino a la idea de una realización completa, dando a entender que Israel fue destruida completamente, desde los cuatro puntos cardinales. Como vimos en los versículos introductorios, Dios permitió que su pueblo fuera castigado por causa de su pecado, pero estos imperios representados por los cuatro cuernos no se limitaron a conquistar al pueblo de Israel. Su ambición de más poder los condujo a la destrucción total de Jerusalén y del templo. Los utensilios sagrados fueron objetos de botín, y pisotearon así lo más sagrado de Israel.

Sin embargo, de lo dicho también se podría identificar a cuatro posibles imperios que dispersaron a Israel: el primero en nuestra lista sería el imperio asirio, que en el año 722 a. de J.C. conquistó Samaria, y con ello destruyó al pueblo de Israel. El segundo sería Egipto, cuando el faraón Necao subió contra Asiria y el rey Josías se le interpuso en el camino. Josías fue herido y murió posteriormente en Jerusalén. Este fue un duro golpe en la historia del pueblo judío; Necao puso como rey a Joacim, y obligó al pueblo a pagarle tributos, pero la aventura de Necao no duró mucho tiempo, pues cayó en manos de Nabucodonosor en Carquemis. El tercer cuerno sería el imperio babilónico con Nabucodonosor al frente. Conquistó Jerusalén en el año 597 a. de J.C. y se apoderó de los tesoros del palacio real y del templo. El cuarto cuerno sería el imperio persa; aunque bajo este imperio los judíos logran su aparente libertad, consiguen regresar a su tierra y comenzar la reconstrucción.

La visión de los cuatro herreros que en seguida le fueron presentados al profeta podría representar la esperanza del pueblo judío, el consuelo que viene de un Dios quien no ha olvidado los sufrimientos de su pueblo. Representa a un Dios que tiene el poder suficiente para defender a su pueblo que fue víctima de humillación. Los cuatro herreros representan la reivindicación. En cierta forma también representan la reconstrucción. La RVR-1960 traduce “carpinteros” en vez de “herreros”, con lo cual da más la idea de reconstrucción. El Nuevo Comentario Bíblico al referirse a la visión de los cuatro carpinteros dice: “Representa la victoria del pueblo de Dios, la cual lograrían por medios pacíficos al responder al llamado y dedicarse a la obra de carpinteros en la construcción del templo”.

Cada uno de estos imperios fue cayendo a manos de otros, se fue debilitando hasta desaparecer en forma definitiva, mientras que el pueblo de Israel permaneció y floreció nuevamente en tiempo de los macabeos. Aunque algunos no comparten este punto de vista, podemos también indicar que en la actualidad vemos a un pueblo de Israel que conserva su identidad y su tierra.

Zacarías nos pinta un mensaje consolador que se cumplió con la reconstrucción del templo y la nación, aunque lamentablemente el templo nunca logró alcanzar el esplendor que tuvo en el tiempo de Salomón, aunque su gloria fue mayor. Sin embargo, debemos recordar que el Señor siempre cumple sus promesas.

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