Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

1 Corintios 9: Sin abusar de los privilegios

Una verdadera contienda

¿No os habéis fijado en que los que corren en el estadio, todos corren, pero no recibe el premio más que uno? ¡Pues vosotros, corred de tal manera que lo obtengáis!

Ahora bien: todos los atletas olímpicos practican la autodisciplina; y lo hacen para obtener una corona que se deshace rápidamente, mientras que nosotros tratamos de obtener una corona que es para siempre. Yo corro como el que sabe cuál es su meta; peleo, no dando golpes de ciego, sino disciplinando mi cuerpo hasta tenerlo totalmente bajo mi dominio; no sea que, después de predicar a otros, yo no supere la prueba.

Pablo sigue ahora otra analogía. Les insiste a los cristianos corintios que querían tomárselo con calma en que nadie llega nunca a nada sin una seria autodisciplina. A Pablo le fascinaba siempre la figura de los atletas. Un atleta tiene que entrenarse intensamente si quiere ganar una competición; y los corintios sabían de esas cosas, porque los famosos juegos ístmicos que sólo eran menos importantes que los olímpicos sé celebraban en Corinto. Además, el atleta se somete a la autodisciplina y al entrenamiento para ganar una corona de laurel que quedara reducida a polvo en breve tiempo; ¡cuánto más debería disciplinarse un cristiano para ganar la corona de la vida eterna!

En este pasaje, Pablo expone brevemente una especie de filosofía de la vida.

(i) La vida es una contienda. Como decía William James: « Si esta vida no fuera una auténtica pelea en la que se gana algo eterno para el universo cuando se tiene éxito, no es más importante que un simulacro del que uno se puede retirar cuando quiera. Pero parece una pelea -como si hubiera algo realmente salvaje en el universo que nosotros, con todos nuestros idealismos y lealtades, pudiéramos contribuir a remediar.» O como decía Coleridge: «Lejos de ser el mundo una diosa en enaguas, más parece un diablo con coraza.» Un soldado de pega no gana batallas; un entrenador tolerante no gana campeonatos.

Tenemos que vernos como guerreros siempre en campaña, como atletas que se lanzan hacia la meta.

(ii) Ganar una batalla o salir vencedor en una competición requieren disciplina. Tenemos que someter a disciplina nuestros cuerpos para tenerlos en forma; esta es una de las áreas más abandonadas en la vida espiritual, de la que muchas veces surgen las depresiones. Si hemos de hacer algo lo mejor posible tendremos que dedicarle un cuerpo tan capaz como pueda llegar a ser. Hemos de someter a disciplina nuestras mentes; una de las tragedias de la vida es que la gente se niega a pensar hasta llegar a una condición en que ya le resulta imposible. No podemos resolver los problemas escondiéndonos o huyendo de ellos. Tenemos que someter a disciplina nuestra alma; podemos hacerlo enfrentándonos con los dolores de la vida con serena entereza; con sus tentaciones, con la fuerza que Dios da; con sus desilusiones, con valor.

(iii) Tenemos que conocer nuestra meta. Es descorazonador ver el obvio despiste de las vidas de tantas personas; van a la deriva en vez de dirigirse a algún sitio. Maarten Maartens tiene una parábola: « Había una vez un hombre, un satírico. En el curso natural de las cosas sus amigos le asesinaron, y murió. Y la gente vino, y se colocó alrededor de su cuerpo. « Trataba a todo el redondo mundo como si fuera un balón de fútbol -decían indignados-, y le pegaba patadas.» El muerto abrió un ojo, y dijo: «¡Sí, pero siempre a gol!» Alguien pintó una vez un chiste de dos marcianos que estaban mirando a la gente de la Tierra, siempre corriendo de acá para allá; y uno le dijo al otro: « ¿Qué están haciendo?» El otro contestó: «Van.» «¿Adónde?» « ¡Ah!, no van a ninguna parte; simplemente van.» Esa es la manera de no llegar a nada.

Tenemos que saber lo que vale nuestra meta. El gran atractivo de Jesús es que se basaba raras veces en castigos y en consecuencias terribles. Se basaba en la declaración: « Considera lo que te pierdes si no sigues Mi camino.» La meta es la vida, y no cabe duda de que vale la pena alcanzarla.

(v) No podemos salvar a otros si no somos los dueños de nosotros mismos. Decía Freud: « El psicoanálisis se aprende en primer lugar en uno mismo, mediante el estudio de la propia personalidad.» Los griegos enseñaban que la primera regla de la vida es: « ¡Conócete a ti mismo!» Está claro que no podemos hacer nada por otros hasta que nos hemos hecho con nosotros mismos; no podemos enseñar lo que no sabemos; no podemos llevar a otros a Cristo hasta haberle encontrado nosotros.1 Corintios 9 Sin abusar de los privilegios

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar