(v) Nos dice cómo se conquista el pecado. Se conquista porque Jesucristo, ha destruido las obras del Diablo. El Nuevo Testamento presenta a menudo al Cristo que se enfrentó con los poderes del mal y los conquistó (Mateo 12:25-29; Lucas 10:18; Colosenses 2:15; 1 Pedro 3:22; Juan 12:32). Él ha quebrantado el poder del Diablo, y con Su ayuda esa misma victoria puede ser nuestra.
El que ha nacido de Dios
El que ha nacido de Dios no comete pecado, porque Su simiente mora en él; y no puede ser un pecador constante y deliberado porque ha nacido de Dios.
Este versículo está erizado de dificultades; y sin embargo está claro que es de primera importancia el descubrir lo que quiere decir. En primer lugar, ¿qué quiere decir Juan con la frase: «Porque Su simiente mora en él»? hay tres posibilidades.
(i) La Biblia usa corrientemente la palabra simiente queriendo decir la familia y los descendientes de un hombre. Abraham y su simiente han de guardar el pacto de Dios (Génesis 17:9). Dios hizo Su promesa a Abraham y a su simiente para siempre (Lucas 1:55). Los judíos pretenden ser la simiente de Abraham (Juan 8:33,37). En Gálatas 3, pablo habla acerca de la simiente de Abraham (Gálatas 3:16,29). Si tomamos la palabra simiente en ese sentido aquí, tenemos que tomar él como refiriéndose a Dios, y entonces obtenemos un sentido muy bueno: « Cualquiera que es nacido de Dios no peca, porque la familia de Dios mora constantemente en Dios.» La familia de Dios vive tan cerca de Él que puede decirse que habita en Él. El hombre que vive así tiene una fuerte defensa contra el pecado.
(ii) Es la simiente humana la que produce la vida humana, y el hijo se puede decir que tiene la simiente de su padre en sí. Ahora bien, el cristiano es nacido de nuevo mediante Dios, y por tanto tiene la simiente de Dios en sí. Esta era una idea con la que los del tiempo de Juan estaban muy familiarizados. Los gnósticos decían que Dios había plantado semillas en este mundo, y por la acción de estas semillas el mundo se iba perfeccionando, y pretendían que eran los gnósticos verdaderos los que habían recibido estas semillas. Algunos gnósticos decían que el cuerpo del hombre era algo material y vil; pero en algunos cuerpos la Sabiduría había sembrado secretamente semillas, y los hombres verdaderamente espirituales tenían estas semillas de Dios por almas. Esto estaba íntimamente relacionado con la creencia estoica de que Dios era un Espíritu de fuego, y el alma humana, lo que le daba la vida y la razón, era una chispa (scintilla) de ese fuego divino que había venido de Dios para residir en un cuerpo humano. Si tomamos las palabras de Juan en este sentido quieren decir que todo nacido de nuevo tiene la simiente de Dios en él, y que, por tanto, no puede pecar. No cabe duda de que los lectores de Juan conocerían esta idea.
(iii) Hay una idea mucho más sencilla. Por lo menos dos veces en el Nuevo Testamento la palabra de Dios es la que se dice que produce el nuevo nacimiento. Santiago escribe: « Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas» (Santiago 1:18). La palabra de Dios es como la simiente de Dios que produce nueva vida. Pedro expresa esta idea aún más claramente: «Pues habéis nacido de nuevo, no de simiente corruptible, sino incorruptible: la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23). Aquí la palabra de Dios se identifica claramente con la simiente incorruptible de Dios. Si lo tomamos en este sentido, Juan quiere decir que el que es nacido de Dios no puede pecar porque tiene la fuerza y la dirección de la palabra de Dios en su interior. Este tercer sentido es el más sencillo, y en general el mejor. El cristiano está protegido del pecado por el poder de la palabra de Dios que mora en él.
El que no puede pecar
En segundo lugar, este versículo nos presenta un problema cuando lo comparamos con algunas otras cosas que ya ha dicho Juan acerca del pecado. Pongamos este versículo tal como se encuentra en la versión Reina-Valera ‹95: Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Di®s permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
Tomándolo en su valor facial, esto quiere decir que es imposible que peque el que es nacido de Dios. Ahora bien, Juan ya ha dicho: « Si decimos que no hay pecado en nosotros, nos engañamos a nosotros mismos y en nosotros no está la verdad;» y «Si decimos que no hemos hecho nunca nada malo, Le dejamos a Él por mentiroso;» y nos exhorta a confesar nuestros pecados (1 Juan 1:8-10). Luego pasa a decir: «Si pecamos, tenemos un abogado con el Padre en la persona de Jesucristo.» Según parece, aquí hay una contradicción. En un lugar, Juan está diciendo que el hombre no puede ser nada más que pecador, y que hay una expiación por su pecado. En el otro lugar está diciendo, lo mismo de claro, que el hombre que es nacido de Dios no puede pecar.
