¿Cuál es la explicación?
(i) Juan pensaba en categorías judías, porque no podía hacer otra cosa. Ya hemos visto que conocía y aceptaba el esquema judío de las dos edades, esta edad presente, y la edad por venir. Ya hemos visto también que Juan creía que, fuera como fuera el mundo, los cristianos, en virtud de la obra de Cristo, ya habían entrado en la nueva edad. Era precisamente una de las características de la nueva edad el que los que vivieran en ella estarían libres del pecado. En Henoc leemos: «Entonces también se concederá sabiduría a los elegidos, y vivirán todos sin pecar jamás otra vez, ni por ignorancia ni por orgullo» (Henoc 5:8). Si eso es cierto de la nueva edad, debería ser verdad de los cristianos que ya estamos viviendo en ella. Pero, de hecho, no es todavía cierto, porque los cristianos no han escapado todavía del poder del pecado. Podríamos entonces decir que en este pasaje Juan está estableciendo el ideal de lo que debería ser, y en los otros dos pasajes reconoce la actualidad tal como es. Podríamos decir que conoce el ideal y confronta con él a ‹los hombres; pero también encara los hechos, y ve la cura que hay en Cristo para ellos.
(ii) Eso puede que sea así; pero hay más en ello. En el original griego hay una diferencia sutil en los términos que introduce una gran diferencia en el sentido. En 1 Juan 2:1, la exhortación de Juan es que no pequéis. En ese versículo pecar está en el tiempo aoristo, que indica un hecho particular y definido. Así que lo que Juan .está diciendo claramente es que los cristianos no deben cometer pecados concretos; pero si resbalan en algún pecado, tienen en Cristo un abogado Que defiende su causa, y un sacrificio que les otorga el perdón. Por otra parte, en este pasaje, pecar está en el presente, e indica una acción habitual.
Lo que Juan está diciendo se puede colocar en cuatro etapas.
(a) El ideal es que en la nueva edad el pecado haya desaparecido para siempre.
(b) Los cristianos deben tratar de hacer eso realidad, y con la ayuda de Cristo luchar para evitar actos individuales de pecado.
(c) De hecho todos tenemos recaídas, y cuando nos sucede esto debemos humildemente confesárselo a Dios, Que siempre perdonará al corazón contrito y humillado. (d) A pesar de eso, ningún cristiano debe ser un pecador deliberado y constante. Ningún cristiano debe vivir una vida en la que el pecado domine sus acciones.
Juan no está colocando delante de nosotros un perfeccionismo aterrador; pero está demandando una vida que esté siempre vigilante contra el pecado, una vida en la que el pecado no sea normalmente aceptado, sino que se produce a veces en un momento anormal de debilidad. Juan no está diciendo que el que mora en Dios no pueda pecar; pero está diciendo que el que habita en Dios no puede seguir siendo un pecador consciente y voluntario.
Características de los hijos de Dios
En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del Diablo; el que no actúa con integridad, no es de Dios, ni tampoco el que no ame a su hermano, porque el mensaje que hemos oído desde el principio es el mensaje de que debemos amarnos mutuamente, y no ser como Caín, que procedía del Maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué le mató? Porque sus obras eran malvadas, y las de su hermano justas. No os sorprendáis, hermanos, si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. El que odia a su hermano es un asesino. No posee la vida eterna morando en su interior. En esto reconocemos Su amor: en que Él dio Su vida por nosotros; así nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. El que tenga bastantes cosas de este mundo para mantenerse, y vea a su hermano en necesidad, y cierre su corazón contra él, ¿cómo va a morar el amor de Dios en él? Queridos hijos, no hagáis del amor un asunto de conversación y de charla, sino amad de hecho y en verdad.
Este es un pasaje que tiene un tema bien trabado y una especie de paréntesis en medio.
Como decía Westcott: «La vida revela a los hijos de Dios.» No hay manera de decir qué clase de árbol es uno más que por sus frutos, y no hay manera de decir qué es una persona aparte de su conducta. Juan establece que cualquiera que no obre con integridad, demuestra que no es de Dios. De momento omitiremos el paréntesis para proseguir con el tema. -Aunque Juan es un místico, tiene una mentalidad muy práctica; y, por tanto, no deja la integridad como algo vago e indefinido. Alguien podría decir: «Muy bien, acepto el hecho de que la única cosa que prueba que una persona pertenece a Dios es la integridad de su vida; pero, ¿qué es integridad?» La respuesta de Juan es clara y contundente: Ser íntegro es amar a nuestros hermanos. Eso, dice Juan, es un deber que no deja lugar a dudas. Y pasa a aportar varias razones por las que ese mandamiento es tan central y tan vinculante.
(i) Es una obligación que se ha inculcado en el cristiano desde el momento en que entró en la iglesia. La ética cristiana se puede resumir en una palabra, amor, y desde el momento que una persona se rinde a Cristo se compromete a hacer del amor la línea central de su vida.
