(ii) Por esa misma razón, el hecho de que una persona ame a sus hermanos es la prueba definitiva de que ha pasado de muerte a vida. Corno dice A. E. Brooke: «La vida es una oportunidad para aprender a amar.» La vida sin amor es muerte. Amar es estar en la luz; aborrecer es continuar en la oscuridad. No necesitamos más pruebas que mirarle a la cara a una persona que esté enamorada, y a otra que esté llena de odio; mostrarán la gloria o la negrura.de su corazón.
(iii) Además, no amar es convertirse en asesino. No cabe duda de que Juan está pensando en las palabras de Jesús en el Sermón del Monte (Mateo 5:21s). Jesús dijo que la antigua ley prohibía asesinar, pero la nueva Ley declaraba que la ira y la amargura y el desprecio eran pecados igualmente serios. Siempre que haya odio en el corazón de una persona, la convierte en un asesino en potencia. El permitir que el odio se asiente en el corazón es quebrantar un mandamiento concreto de Jesús. Por tanto, el que ama es seguidor de Cristo, y el que aborrece no es de los Suyos.
(iv) De ahí se sigue todavía otro paso en este razonamiento bien trabado. Alguien puede que diga: «Reconozco la obligación de amar, y trataré de cumplirla; pero no sé lo que implica.» La respuesta de Juan (versículo 16) es: « Si quieres ver lo que es este amor, mira a Jesucristo. En Su muerte por los hombres en la Cruz se despliega plenamente.» En otras palabras, la vida cristiana es la imitación de Cristo. «Haya esta actitud entre vosotros que tenéis en Jesucristo» (Filipenses 2:5). «Nos dejó Su ejemplo para que sigamos Sus pisadas» (1 Pedro 2:21). No hay nadie que pueda mirar a Cristo y decir que no sabe en qué consiste la vida cristiana.
(v) Juan resuelve otra posible objeción más. Alguien podría decir: «¿Cómo puedo yo seguir las pisadas de Cristo? El dio Su vida en la Cruz. Usted dice que yo debería dar mi vida por mis hermanos; pero esas oportunidades tan dramáticas no se dan corrientemente en la vida. ¿Qué tengo que hacer entonces?» La respuesta de Juan es: « Es cierto. Pero cuando veas a tu hermano en necesidad, y tú tengas bastante, el darle de lo que tienes es seguir a Cristo. El cerrarle el corazón y las manos es demostrar que el amor de Dios que se manifestó en Jesucristo no tiene lugar para ti.» Juan insiste en que podemos encontrar innumerables oportunidades para demostrar el amor de Cristo en la vida de todos los días. C. H. Dodd escribe hermosamente sobre este pasaje: «Había ocasiones en la vida de la Iglesia Primitiva, como hay también algunas ocasiones trágicas en el momento presente, para una obediencia casi literal del precepto (es decir, dar la vida por los hermanos). Pero la vida no es siempre tan trágica; y sin embargo el mismo principio de conducta se debe aplicar siempre. Puede movernos sencillamente a gastar algún dinero que hubiéramos podido gastar para nosotros mismos para aliviar la necesidad de otro más necesitado. Es, después de todo, el mismo.principio de acción, aunque a un nivel más bajo de intensidad: es estar dispuestos a rendir algo que tiene valor para nuestra propia vida para enriquecer la de otro. Si tal mínima respuesta a la Ley del Amor que nos llega en una situación diaria y normal está ausente, entonces es inútil pretender que formamos parte de la familia de Dios, el reino en el que el amor es operativo como el principio y la señal de la vida eterna.»
Las palabras bonitas nunca ocuparán el lugar de las buenas obras; y ninguna cantidad de palabras sobre el amor cristiano ocupará el lugar de una acción amable, que implique algún sacrificio propio, a una persona en necesidad; porque en esa acción vuelve a estar operativo el principio de la Cruz.
El resentimiento del mundo al camino cristiano
En este pasaje había un paréntesis; volvamos ahora a él. El paréntesis se encuentra en el versículo 11, y la conclusión a la que conduce, en el 12. El cristiano no debe ser como Caín, que mató a su hermano. Juan pasa a preguntar por qué mató Caín a su hermano; y su respuesta es que fue porque sus obras eran malvadas, y las de su hermano eran buenas. Y entonces deja caer la observación: « No os sorprendáis, hermanos, si el mundo os aborrece.»
Un malvado aborrecerá instintivamente a un hombre bueno. La integridad provoca siempre hostilidad en aquellos cuyas acciones son viles. La razón es que el hombre bueno es una reprensión andante para el malo. Aunque nunca le diga ni una sola palabra, su vida dicta sentencia callada. Sócrates era un hombre bueno par excellence. Alcibíades era brillante, pero errático y a menudo ,gamberro. Solía decirle a Sócrates: «Sócrates, te odio porque cada vez que me encuentro contigo me haces verme tal como soy.»
La Sabiduría de Salomón tiene un pasaje severo (2:10-20). En él se hace expresar al malvado su actitud ante el bueno: «Montémosle asechanzas al íntegro; porque él no es de los nuestros, y está siempre en contra de nuestras acciones… Se caracteriza por oponerse a nuestros planes. Nos resulta fastidioso hasta contemplarle; porque su vida no es como la de los demás, sus maneras son de otra calaña. Nos considera unos falsos; se desmarca de nuestros caminos como de la peste.» Sólo el ver al hombre bueno hacía que el malvado odiara le odiara.
Dondequiera que esté el cristiano, aunque no diga palabra, actúa como conciencia de la sociedad; y por esa misma razón el mundo le aborrecerá a menudo.
