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Apocalipsis 14: Los que son del padre

Fijaos, al Cordero, Que estaba de pie en el monte de Sión, y había con Él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían escrito en la frente Su nombre y el nombre de Su Padre.

La siguiente visión de Juan se abre con el Cordero de pie en triunfo en el Monte de Sión, y con Él los ciento cuarenta y cuatro mil de los que leímos en el capítulo 7. Están marcados en la frente con Su nombre y el de Su Padre. Ya hemos pensado acerca del sentido de la señal, pero debemos considerarlo de nuevo. En el mundo antiguo, la marca que se le hubiera puesto a una persona quería decir por lo menos una de cinco cosas.

(i) Podía representar la propiedad. A menudo se marcaban los esclavos con un hierro candente como se hace con el ganado. Los que están en compañía con el Cordero pertenecen a Dios.

(ii) Podía representar lealtad. El soldado a veces se tatuaba el brazo con el nombre del general al que amaba y seguía hasta la muerte. La compañía del Cordero está formada por los veteranos que han demostrado su lealtad a su Rey.

(iii) Podía representar seguridad. Hay un papiro curioso del siglo III ó IV d.C. que contiene una carta de un hijo a su padre Apolos. Los tiempos son peligrosos, y el hijo y el padre están separados. El hijo manda sus saludos y mejores deseos, y entonces prosigue: «Ya te he dicho sin duda antes acerca de mi dolor por tu ausencia entre nosotros, y mi temor de que te suceda algo terrible y no encontremos tu cuerpo. De hecho, he querido muchas veces decirte que, teniendo en cuenta la inseguridad, quería ponerte una marca» (P. Oxy. 680). El hijo quería ponerle una señal al cuerpo de su padre para mantenerlo seguro. Los de la compañía del Cordero están todos marcados para su seguridad en la vida o en la muerte.

(iv) Podía representar dependencia. Robertson Smith cita un ejemplo curioso de esto. Los grandes jeques árabes tenían sus humildes protegidos que dependían absolutamente de ellos. A menudo el jeque los marcaba lo mismo que sus camellos para que se supiera que dependían de él. La compañía del Cordero son los que dependen totalmente de Su amor y de Su gracia.

(v) Podía representar inmunidad. Era corriente entre los devotos de un dios el marcarse con su señal. Algunas veces aquello funcionaba de una manera cruel. Plutarco nos cuenta que después de la derrota desastrosa de los atenienses bajo Nicias en Sicilia, los sicilianos hicieron prisioneros y los marcaron en la frente con un caballo galopante, el emblema de Sicilia (Plutarco: Nicias 29).3 Macabeos nos cuenta que Tolomeo IV de Egipto mandó que «todos los judíos fueran degradados hasta lo más bajo y a la condición de esclavos; y que los que se pronunciaran en contra debían ser tomados a la fuerza y ajusticiados; y que cuando se censaran debían ser marcados con hierro candente en el cuerpo con la hoja de hiedra, el emblema de Baco» (3 Macabeos 2:28s).

Estos ejemplos suponían degradación y crueldad, pero había otros. Los sirios se tatuaban corrientemente las muñecas o el cuello con la marca de su dios. Pero hay un ejemplo aún más relevante: Heródoto (2:113) nos cuenta que había un templo de Hércules en la boca canópica del Nilo que tenía derecho de asilo. Cualquier criminal, ya fuera esclavo o libre, estaba allí a salvo de la venganza persecutoria. Cuando un fugitivo llegaba al templo, se le marcaba con cierta señal sagrada para mostrar que se había entregado al dios y que ya nadie podía tocarle. Eran señales de una seguridad absoluta. Recordemos especialmente en este apartado el caso de Caín, al que Dios marcó con una señal para que no le matara cualquiera que le encontrara (Génesis 4:15). La compañía del Cordero son los que se han rendido a la misericordia de Dios en Jesucristo y están a salvo para siempre.

El himno que solo pueden aprender los que son de dios

Y oí una voz del Cielo como el sonido de muchas aguas y como el retumbar de un trueno imponente; y la voz que oí era como la música de arpistas que estuvieran tañendo sus arpas. Y estaban cantando un himno nuevo ante el trono y los cuatro seres vivientes y los ancianos, y nadie podía aprender aquel himno más que los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido comprados para Dios de toda la Tierra.

Este pasaje empieza con una descripción maravillosa de la voz de Dios.

(i) Era como el sonido de muchas aguas. Aquí se nos recuerda el poder de la voz de Dios, porque no hay poder como la embestida de olas montañosas sobre las playas o los acantilados.

(ii) Era como el retumbar de un trueno imponente. Aquí se nos recuerda la inconfundibilidad de la voz de Dios. No se puede evitar oír el rugido del trueno.

(iii) Era como la música de arpistas que estuvieran tañendo sus arpas. Aquí se nos recuerda la melodía de la voz de Dios. Hay en ella la gracia noble de la música suave que calma el corazón angustiado.

La compañía del Cordero estaba cantando un himno que solo ellos podían aprender. Aquí tenemos una verdad que corre por toda la vida. Para aprender ciertas cosas uno tiene que ser una cierta clase de persona. Los de la compañía del Cordero podían aprender el himno nuevo porque habían pasado por ciertas experiencias.

(a) Habían sufrido. Hay ciertas cosas que solo el dolor nos puede enseñar. Como alguien puso en la boca de los poetas: «Aprendimos en la aflicción lo que enseñamos en la canción.» La aflicción puede producir resentimiento, pero también fe y paz y un himno nuevo.

(b) Habían vivido en fidelidad. Está claro que, conforme pasan los años, el Maestro estará más cerca de sus fieles seguidores, y estos de Él; entonces les podrá enseñar cosas que los infieles o los seguidores intermitentes no pueden aprender.

(c) Esta es otra manera de decir que los de la compañía del Cordero han hecho un progreso constante en el crecimiento espiritual. Un maestro puede enseñarles cosas más profundas a los estudiantes maduros que a los principiantes inmaduros. Y Jesucristo puede revelar más tesoros de sabiduría a los que crecen en Su semejanza día a día. Un cristianismo estático es la tragedia de muchos.

La flor más preciosa

Estos son los que no se han contaminado con mujeres, porque son vírgenes.

Tomamos este medio versículo separadamente porque es uno de los dichos más difíciles de todo el Apocalipsis, y tiene una importancia capital el tener claro su sentido. Describe la pureza inmaculada de los que forman la compañía del Cordero; pero, ¿en qué consiste esa pureza?

(i) ¿Describe a los que han sido castos en sus relaciones sexuales? Difícilmente puede ser ese el caso, porque las personas en cuestión se describen, no solo como puras, sino como vírgenes, es decir, como los que no han conocido nunca la relación sexual.

(ii) ¿Describe a los que se han guardado del adulterio espiritual, es decir, de toda infidelidad a Jesucristo? Una y otra vez encontramos en el Antiguo Testamento que se dice del pueblo de Israel que se han prostituido con dioses extraños (Éxodo 34: I5; Deuteronomio 31:16; Jueces 2:17; 8:27, 33; Oseas 9:1). Pero este pasaje no suena a alegórico.

(iii) ¿Describe a los que han permanecido célibes? Estaban próximos los días en que la Iglesia había de glorificar la virginidad y mantener que la vida cristiana más elevada no les era posible nada más que a los que renunciaban totalmente al matrimonio. Los gnósticos mantenían que « el matrimonio y el engendrar eran cosas de Satanás.» Taciano mantenía que « el matrimonio es corrupción y fornicación.» Marción fundó iglesias para los que eran célibes, en las que se impedía la entrada a los que no lo fueran. Uno de los mayores padres de la Iglesia, Orígenes, se castró voluntariamente para estar seguro de mantener una virginidad perpetua. En Los hechos de Pablo y Tecla (11), Demas acusa a Pablo de « privar a los hombres jóvenes de esposa, y a las solteras de marido diciendo que el mantenerse casto e imponer castidad a la carne es la única manera de participar de la Resurrección.» Hay un informe de un juicio romano (Ruinart: Actas de los mártires, 27 de abril, 304) en el que se describe a los cristianos como « personas que se imponen a las mujercillas insensatas y les dicen que no se deben casar y las persuaden a adoptar una castidad ilusoria.» Este es precisamente el espíritu que había de engendrar los monasterios y los conventos, implicando que todo lo que tenga que ver con el sexo es pecado.

Todo eso está lejos de la enseñanza del Nuevo Testamento. Jesús glorificó el matrimonio diciendo que por esta causa deja un hombre a su padre y a su madre para quedar unido tan íntimamente con su mujer que los dos forman una sola carne, y advirtiendo que lo que Dios ha unido no lo puede separar nadie (Mateo 19:4-6). En su enseñanza más elevada, .Pablo glorificó el matrimonio comparando la relación entre los esposos a la que existe entre Cristo y Su Iglesia (Efesios 5:2233). El autor de Hebreos establece: « Que todos tengan el matrimonio como un estado honroso» (Hebreos 13:4).

Entonces, ¿qué se ha de decir de este pasaje? Si hemos de tratarlo honradamente no podemos evitar la conclusión de que alaba el celibato y la virginidad y minimiza el matrimonio. Hay dos explicaciones posibles.

(a) Posiblemente el autor del Apocalipsis se proponía exaltar el celibato y la virginidad; es probable que estuviera escribiendo hacia el año 90 d.C., cuando esta tendencia ya se daba en la Iglesia. En ese caso tendríamos que dejar a un lado este pasaje porque, puesto a prueba por el resto del Nuevo Testamento, no es una expresión correcta de la ética cristiana.

(b) Hay otra interpretación posible. Cuando los escribas estaban copiando los libros del Nuevo Testamento, a menudo añadían notas y comentarios al margen para explicar el texto; y a veces otros escribas posteriores que estaban copiando ese manuscrito incluían las notas en el texto creyendo que formaban parte de él y se habían puesto al margen para que no se olvidaran. En ese caso, bien puede ser que algún escriba que estaba copiando este pasaje quisiera dar su opinión en cuanto a quiénes eran los ciento cuarenta y cuatro mil; y añadió al margen: « Esto se refiere a los que no se han contaminado nunca con mujeres, sino que se han mantenido vírgenes.» Esto es tanto más probable si se tiene en cuenta que muchos de los copistas posteriores eran monjes. En tal caso la primera parte del versículo 4 no contendría palabras de Juan sino el comentario de algún escriba.

La imitacion de Cristo

Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Fueron comprados de entre la humanidad, un sacrificio para Dios y para el Cordero, y no se encontró falsedad en sus bocas, son sin defecto.

La compañía del Cordero son los que Le siguen dondequiera que va. La definición más sencilla del cristiano es uno que sigue a Jesucristo. « ¡Sígueme!» , le dijo Jesús a Felipe (Juan 1:43), y a Mateo (Marcos 2:14), y al joven rico (Marcos 10:21), y al discípulo anónimo (Lucas 9:59). Cuando Pedro Le preguntó qué sería de Juan, Jesús le dijo que no se preocupara de lo que les pasara a los demás, sino que se concentrara en seguirle a Él (Juan 21:19-22). Él nos dejó Su ejemplo, dijo Pedro, para que sigamos Sus huellas (1 Pedro 2:21).

Juan califica la compañía del Cordero de tres maneras.

(i) Son un sacrificio para Dios y para el Cordero. La palabra para sacrificio es aparjé. Quiere decir el sacrificio de los primeros frutos. Las primicias eran lo mejor de la cosecha; eran el símbolo de la cosecha que se recogería; y eran una dedicación simbólica a Dios de toda la cosecha. Así es el cristiano lo mejor que se puede ofrecer a Dios; cada cristiano es una primicia del tiempo cuando toda la humanidad Le será dedicada a Dios; y el cristiano es la persona que Le ha consagrado su vida a Dios.

(ii) No se encontró falsedad en sus bocas. Esta es una idea favorita de la Escritura. «Bienaventurado aquel-dice el salmista en cuyo espíritu no hay engaño» (Salmo 32:2). Isaías dijo del Siervo del Señor: « Ni hubo engaño en Su boca» (Isaías 53:9).

Sofonías dijo del resto escogido del pueblo: «Ni en la boca de ellos se encontrará una lengua engañosa» (Sofonías 3:13). Pedro tomó las palabras acerca del Siervo y se las aplicó a Jesús: «Ni se halló engaño en Su boca» (1 Pedro 2:22). Hay algo aquí que podemos entender bien. Lo mismo que nosotros queremos que nuestros amigos sean sinceros, así también Jesucristo.

(iii) Son sin defecto. La palabra original es ámómos, que pertenece al lenguaje de los sacrificios. Describe el animal que no tiene tacha ni defecto, y que puede sacrificarse. Es interesante notar lo a menudo que se aplica esta palabra a los cristianos. Dios nos ha escogido para que seamos santos y sin tacha delante de Él (Efesios 1:4; cp. Colosenses 1:22). La Iglesia debe ser gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo (Efesios 5:27). Pedro habla de Jesús como un Cordero sin tacha ni contaminación (1 Pedro 1:19). Recibinios la vida pafa ofrecérsela a Dios como sacrificio; y lo que se Le ofrece a Dios debe ser sin tacha.

Sigue la visión de los tres ángeles: el que cita a adorar al Dios verdadero (versículos 6 y 7), el que predice la condenación de Roma (versículo 8), y el que predice al juicio y la destrucción de los que hayan negado la fe y dado culto a la bestia (versículos 9-12).

La cita al culto de Dios

Y vi volar otro ángel por en medio del cielo con un evangelio sempiterno para predicárselo a los habitantes de la Tierra en todas sus razas, tribus, lenguas y pueblos. Y decía a gran voz: – ¡Temed a Dios y dadle la gloria, porque ha llegado la hora de Su juicio; y dadle culto al Que hizo los cielos y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas!

Una de las señales que habían de preceder al fin del mundo era que el Evangelio sería predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14). Aquí tenemos el cumplimiento de esa profecía. El ángel llega con el mensaje del Evangelio a todas las razas y tribus y lenguas y pueblos.

El ángel trae un Evangelio perdurable. Perdurable podría querer decir que el Evangelio es válido eternamente, que su verdad se mantiene hasta en un mundo en desintegración; o que el Evangelio ha existido desde toda eternidad. Pablo dice en la gran doxología de Romanos que Jesucristo es la revelación del misterio que había estado escondido desde el principio del mundo (Romanos 16:25); podría querer decir que el Evangelio es el propósito eterno de Dios para la humanidad, y que trata de las cosas eternas.

Puede que parezca extraño que al ángel con el Evangelio sigan inmediatamente los ángeles de la condenación. Pero el Evangelio tiene por necesidad un doble filo: es – la Buena Noticia para los que lo reciben, pero el juicio para los que lo rechazan. « En esto consiste la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3:19). La condenación está justificada porque a los que lo rechazaron se les dio la oportunidad de aceptarlo.

Las palabras del ángel son interesantes. Son una invitación a dar culto al Dios Que es el Creador de todas las cosas. Este mensaje no es específicamente cristiano, sino la base de todas las religiones. Corresponde exactamente al mensaje que trajeron Pablo y Bernabé a los de Listra cuando les dijeron que debían convertirse de las vanidades que adoraban al Dios vivo Que hizo los cielos y la tierra y el mar y todo lo que hay en ellos (Hechos 14:15). H. B. Swete llama a esto «una apelación a la conciencia del paganismo ignorante, todavía incapaz de recibir ninguna otra.»

La cama de babilonia

Y otro ángel, un segundo ángel, siguió al primero diciendo:

– ¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia, la que hacía a todas las naciones beber del vino de la ira de su fornicación! Aquí se profetiza la condenación de Roma. En todo el Apocalipsis Babilonia simboliza a Roma, una identificación que era corriente en la literatura intertestamentaria. El autor de 2 Baruc empieza sus denuncias de Roma diciendo: «Yo, Baruc, digo esto contra ti, Babilonia» (2 Baruc 11:1). Cuando se describe en los Oráculos sibilinos la huida imaginaria de Nerón desde Roma, se dice: «Entonces huirá de Babilonia un rey inicuo y temerario a quien aborrecen todos los mortales y los mejores hombres» (Oráculos sibilinos 5:143). En los días antiguos, Babilonia había sido para los profetas la misma encarnación del poder y de la concupiscencia y del lujo y del pecado; y para los primeros cristianos judíos Babilonia parecía haber nacido de nuevo en la concupiscencia, el lujo y la inmoralidad de Roma.

La conquista de Babilonia por Ciro de Persia había sido uno de los acontecimientos alucinantes de la historia antigua. Las mismas palabras que usa Apocalipsis son eco de las de los antiguos profetas con las que anunciaron aquella caída. « ¡Cayó, cayó Babilonia, y los ídolos de sus dioses quebrantó en tierra!» (Isaías 21:9). Y Jeremías: «¡De repente cayó Babilonia y se hizo pedazos!» (Jeremías 51:8).

Se dice que Babilonia ha hecho beber a todas las naciones del vino de la ira de su fornicación. En esta frase se funden en una dos concepciones del Antiguo Testamento. En Jeremías 51:7 se dice de Babilonia: «Una copa de oro que embriagó a toda la Tierra fue Babilonia en la mano del Señor. De su vino bebieron los pueblos; se aturdieron las naciones.» La idea es que Babilonia había sido una fuerza corruptora que había seducido a las naciones a una especie de inmoralidad demente. El trasfondo es el cuadro de una prostituta que conduce a un hombre a la inmoralidad emborrachándole para que ya no pueda resistirse a sus redes. Roma ha sido así, como una cortesana deslumbrante que sedujera al mundo. El otro cuadro es el de la copa de la ira de Dios. Job dice del malvado: «Verá con sus propios ojos su quebranto y beberá de la ira del Todopoderoso» (Job 21:20). El salmista habla de los malvados que tienen que beber hasta las.heces de la copa sangrienta en la mano de Dios (Salmo 75:8). Isaías dice que Jerusalén tuvo que beber de la mano del Señor la copa de Su ira (Isaías 51:17). Dios instruyó a Jeremías para que tomara de Su mano la copa del vino de Su furor y se la diera a beber a las naciones (Jeremías 25:15).

Podríamos parafrasearlo diciendo que Babilonia hizo beber a las naciones del vino que seduje a los hombres a la fornicación y que trae como consecuencia la ira de Dios.

Detrás de todo esto está la verdad eterna de que la nación o la persona cuya influencia es para mal no escapará a la ira vengadora de Dios.

La condenación de la persona que niega a su Señor

Y otro ángel, un tercer ángel, siguió a los otros dos diciendo en voz muy alta: -¡El que dé culto a la bestia y a su imagen, y reciba su marca en la frente o en la mano, también beberá del vino de la ira de Dios, mezclado y sin diluir en la copa de Su ira, y será torturado con fuego y azufre en la presencia de los santos ángeles y del Cordero! El humo de su tormento asciende por siempre y para siempre, y los que dan culto a la bestia y su imagen no tienen reposo ni de día ni de noche, como tampoco ninguno que reciba la marca de su nombre!

Aquí está la llamada a la firmeza por parte de los que están dedicados a Dios, que guardan Sus mandamientos y se mantienen leales a El.

Ya se ha advertido del poder de la bestia y de la marca que tratará de imponerles a las personas (capítulo 13). Ahora hay una advertencia a los que fallen en este tiempo de prueba.

Es significativo que esta es la advertencia más feroz de todas. De todas las condenaciones, según el Apocalipsis, la peor es la de los apóstatas. La razón es que la Iglesia estaba batallando por su propia existencia. Si había de continuar, el cristiano individual debía estar preparado a enfrentarse con el sufrimiento y la persecución y la cárcel y la muerte. Si el cristiano individual se rendía, moría la Iglesia. En nuestro tiempo tiene también el cristiano individual una importancia capital, pero su función ahora no consiste en proteger la fe estando dispuesto a morir por ella, sino en presentarla estando dispuesto a vivirla diligentemente.

La condenación del apóstata se presenta con los colores más lúgubres del más terrible juicio que cayó jamás sobre la Tierra -el de Sodoma y Gomorra. «El humo subía de la Tierra como el humo de un horno» (Génesis 19:28). Juan recuerda las palabras de Isaías cuando describía el día de la venganza del Señor: «Los arroyos de Edom se convertirán en brea, y su suelo en azufre; su tierra se convertirá en brea ardiente. No se apagará ni de noche ni de día; su humo se elevará constantemente. De generación en generación quedará desolada, y jamás pasará nadie por ella» (Isaías 34:8-10).

Los malvados serán destruidos en la presencia de los santos ángeles y del Cordero. Como ya hemos visto antes, parte de la bienaventuratrza del Cielo era ver el sufrimiento de los pecadores en el infierno. Como dice 2 Esdras: «Se mostrará el horno del infierno, y frente a él el paraíso de las delicias» (2 Esdras 7: 36). Tenemos la misma idea en el Libro de Henoc: «Los entregaré (a los malvados) en manos de mis elegidos; como la paja en el fuego, así arderán ellos en la presencia de los santos; como el plomo en el agua se hundirán ante el rostro de los justos sin dejar rastro» (Henoc 48:9). Una característica de los últimos días será «el espectáculo del justo juicio en presencia de los justos» (Henoc 27:2s). Cuando Crisóstomo estaba animando a Olimpias a la firmeza, le animaba prometiéndole que a su debido tiempo contemplaría la tortura divina de los perseguidores de la misma manera que vio Lázaro a Dives -el rico de la parábola- atormentado en la llama.

Puede que nos repele esta línea de pensamiento; puede que la condenemos como no cristiana -y sin duda lo es. Pero no tenemos derecho a hablar a menos que hayamos pasado por los mismos sufrimientos que los cristianos primitivos. Muchas veces los paganos habían contemplado desde las gradas abarrotadas del circo los sufrimientos de los cristianos; y los cristianos primitivos se sentían sostenidos por el pensamiento de que algún día la justicia del Cielo ajustaría la balanza de las injusticias de la Tierra.

El descanso del alma fiel

Y oí una voz del Cielo que decía: – ¡Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor desde ahora! Sí, dice el Espíritu: Son bienaventurados porque descansan de sus trabajos, y porque sus obras continúan como ellos.

Después de las profecías terribles de los terrores por venir, y de las terribles advertencias a los falsos, viene una promesa de gracia.

Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor -la idea de morir en el Señor aparece más de una vez en el Nuevo Testamento. Pablo habla de los muertos en Cristo (1 Tesalonicenses 4:16) y de los que han dormido en Cristo (1 Corintios 15:18). El sentido de todas estas frases es: los que llegan al final todavía unidos a Cristo. Todo se confabulaba para apartarlos de Él; pero la felicidad suprema está reservada para los que llegan al final todavía inseparablemente unidos al Maestro Que los amó y Se entregó por ellos.

Lo que se promete es el descanso: Descansarán de sus labores. El descanso es tanto más suave cuando sigue al esfuerzo más agotador.

Sus obras siguen con ellos. Parece como si Apocalipsis enseñara la salvación por las obras; pero debemos tener cuidado de entender bien lo que Juan entiende por las obras. Habla de las obras de los efesios -su arduo trabajo y perseverancia (2:2); de las de los de Tiatira -su amor y su servicio y su fe (2:19). Entiende por obras el carácter. Está diciendo en efecto: «Cuando dejéis esta tierra, todo lo que podéis llevaros es a vosotros mismos. Si llegáis al final de esta vida todavía unidos a Cristo, os llevaréis un carácter probado y aprobado como el oro, que tenga algo de Su reflejo; y si os lleváis al mundo del más allá un carácter así, sois bienaventurados.»

La cosecha del juicio

Y vi, fijaos, una nube blanca en la cual estaba sentado uno que parecía un hijo de hombre. Tenía en la cabeza una corona de vencedor de oro, y una hoz afilada en la mano. Y otro ángel salió del Templo diciéndole a voces al que estaba sentado en la nube: -¡Mete la hoz y ponte a segar, que ha llegado la hora de la siega y la mies de la tierra ya está madura! Y el que estaba sentado en la nube metió la hoz en la tierra, y la tierra fue segada. Y otro ángel llegó del templo que hay en el Cielo, y este también tenía un hoz afilada, y llegó del altar otro ángel, el que controla el fuego, y llamó a gritos al que tenía la hoz afilada diciéndole:

-¡Mete la hoz afilada y vendimia los racimos de la vid de la tierra, porque ya están maduras las uvas!

Así es que el ángel metió la hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Y se pisó el lagar fuera de la ciudad, y salía sangre del lagar hasta la altura de las bridas de los caballos en un radio de mil seiscientos estadios.

La visión final de este capítulo es de juicio, descrito de una forma que era muy familiar para el pensamiento judío. Empieza con la figura victoriosa de uno semejante a hijo de hombre. Esto procede de Daniel 7:13s: «Y vi en las visiones nocturnas, y he aquí que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; y se llegó hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse a Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran.»

Esta figura pasa a representar el juicio en dos metáforas familiares en la Escritura.

Lo describe en términos de cosecha. Cuando Joel quería decir que estaba cercano el juicio decía: « ¡Meted la hoz, que la mies está ya madura» (Joel 3:13). «Cuando el grano está maduro -dijo Jesús-, en seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega» (Marcos 4:29). Y en la parábola del Trigo y la Cizaña usa la cosecha como una alegoría del juicio (Mateo 13:24-30; 37-43).

Describe el juicio en términos de lagar, que constaba de dos espacios, uno más elevado que el otro, unidos por un canal. Los espacios se podían hacer vaciando la roca o de ladrillo. Las uvas se ponían en el espacio superior, se pisaban y el zumo fluía por el canalillo al compartimiento de más abajo. En el Antiguo Testamento se compara el juicio de Dios con la pisada de las uvas. «El Señor pisoteó a todos mis hombres fuertes en medio de mí… El Señor pisoteó, como en un lagar, a la virgen hija de Judá» (Lamentaciones 1:15). «He pisado Yo solo el lagar; de los pueblos nadie había conmigo; los aplasté con ira, los pisoteé con furor; su sangre salpicó mis vestidos y manché todas mis ropas» (Isaías 63:3).

Así es que aquí se nos describe el juicio con las dos ilustraciones familiares de la cosecha y del lagar. A esto se añade otra figura familiar: la vendimia se ha de pisar fuera de la ciudad, es decir, de Jerusalén. Tanto en el Antiguo Testamento como en la literatura intertestamentaria había una línea de pensamiento que mantenía que los gentiles serían llevados a Jerusalén y juzgados allí. Joel traza el cuadro de todas las naciones reunidas en el valle de Josafat y juzgadas allí (Joel 3:2,12). Zacarías pinta la escena del último ataque de los gentiles a Jerusalén y de su juicio en ella (Zacarías 14:1-4).

Hay dos cosas difíciles en este pasaje. La primera, está el hecho de que uno semejante a un hijo de hombre siega, y también siega un ángel. Podemos considerar que el que es semejante al hijo de hombre es el Señor resucitado y victorioso segando la cosecha de Su propio pueblo, mientras que el ángel de la hoz afilada siega la cosecha de los que están destinados al juicio.

La segunda, se dice que la sangre llegaba a la altura de las bridas de los caballos y se extendía en un radio de 1,600 estadios, unos 288 kilómetros. No se ha descubierto una explicación realmente satisfactoria de esto. La menos insatisfactoria es que 1,600 estadios es casi exactamente la longitud de Palestina de Norte a Sur; y esto querría decir que la marea del juicio inundaría todo el país. En ese caso la cifra describiría simbólicamente la amplitud del juicio de Dios.

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