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Deuteronomio 1: Moisés recuerda a Israel las promesas de Jehová en Horeb

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Pero ni la experiencia del pueblo con Dios en el pasado, ni los eventos del éxodo, ni las señales que Dios había hecho en el desierto fueron suficientes para convencer al pueblo de que Jehová les daría la victoria. La presencia de Dios con Israel fue manifestada en la teofanía. La nube y la columna de fuego fueron manifestaciones visibles de Dios las cuales servían para recordarle al pueblo la presencia de Dios en su medio, y de su protección durante el viaje hacia Canaán. A pesar de todo esto, el pueblo no creyó en la realidad de la promesa de Dios de salvarles y de darles la victoria.

Castigo del pueblo. Dios oyó la murmuración y las palabras del pueblo pronunciadas en lo íntimo de sus tiendas. La ira de Dios representa su condenación del pecado y la rebelión del pueblo. Cuando los hijos de Aarón ofrecieron fuego extraño sobre el altar de Dios, la ira de Dios se manifestó para juicio. Aquí la ira de Dios se manifiesta en forma de una promesa. La misma palabra usada para garantizar la promesa de la tierra a los patriarcas xse usa aquí para negar la tierra a la generación de israelitas que dudaron de la promesa divina de protección: Ninguno de estos hombres de esta mala generación verá la buena tierra que juré dar a vuestros padres. Aquellos que rehusaron entrar en la tierra fueron condenados a no ver jamás la tierra buena y fructífera que Jehová había prometido dar a Israel. Todos aquellos que fueron condenados a perecer en el desierto fueron los hombres (y mujeres) que miraron las señales que Jehová había hecho en Egipto y en el desierto, o sea, aquellos que tenían más de 20 añosx. Unicamente Caleb y Josué fueron exonerados de la sentencia divina. Caleb, hijo de Jefone, fue un hombre de la tribu de Judá. El fue uno de los espías que aconsejó al pueblo y a Moisés que invadieran la tierra de Canaán. Como recompensa por su fidelidad Caleb recibió en herencia la ciudad de Hebrón, así como Dios había prometido. Más tarde, el territorio conquistado por Caleb y su descendencia fue conocido como el Néguev de Caleb.

A Moisés tampoco le fue permitido entrar en la tierra prometida. Moisés no entró en la tierra de Canaán por causa de su desobediencia. Moisés no honró a Dios delante del pueblo porque golpeó la roca dos veces para producir agua, aún cuando el Señor le había dicho a Moisés que le hablara a la roca. Este incidente enseña que Dios no acepta pecado ni rebeliones en la vida de su pueblo, aun cuando el pecado fue cometido por Moisés, el líder escogido por Dios. Moisés declara que él fue excluido de la tierra prometida por causa de la culpa del pueblo. Aun cuando Moisés no era culpado de los pecados del pueblo, como líder de la nación, sufrió las consecuencias de la rebelión de Israel. Este tema del sufrimiento del inocente está presente en los Cánticos del Siervo y en la vida y ministerio de Cristo.

Josué, el hijo de Nun, también entraría con Caleb en la tierra prometida. Josué representó a la tribu de Efraínx; aparece en el AT como ayudante de Moisés. Cuando a Moisés le fue prohibido entrar en Canaán, Josué fue seleccionado como el sucesor de Moisés y como líder de Israel. Su misión era conquistar la tierra de Canaán y hacer de ella la heredad del pueblo de Dios.

La generación del éxodo fue condenada a perecer en el desierto, pero sus hijos iban a heredar la tierra. La ironía de estas palabras es evidente. El pueblo que había salido de Egipto estaba preocupado porque sus hijos no iban a vivir para heredar la tierra de la promesa. Pero Dios promete que solamente estos niños entrarían en la tierra prometida. Después de una generación, aquellos que no se rebelaron contra Dios conquistaron la tierra, pero aquellos que protestaron y reclamaron perecieron en el desierto. La expresión distinguen entre lo bueno y lo malo se usa para referirse a las personas que son moralmente irresponsables, es decir, las personas que no tenían la capacidad moral para tomar decisiones que afectarían su futuro. La generación del éxodo había usado a los niños para justificar su incredulidad y rebelión contra Jehová. Pero aun cuando la preocupación del pueblo por sus hijos era válida, ellos también tenían que tomar en consideración las demandas de Jehová y su promesa de ayuda y protección.

El autor de Deuteronomio concluye declarando que Dios ordenó al pueblo volver y marchar hacia el desierto, en dirección del mar Rojo. Por su falta de fe y por su rebelión contra Jehová, Israel no iba a entrar en Canaán en esta ocasión. Israel fue condenado a regresar al desierto y allí esperar la muerte de la generación incrédula.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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