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Filipenses 4: Las grandes cosas en el Señor

(i) La primera es la cualidad del gozo. « Regocijaos… Oslo diré otra vez: ¡Regocijaos!» Es como si al haber dicho « ¡Regocijaos!» se le representara en la mente el cuadro de todo lo que se les echaba encima. Él mismo estaba en la cárcel, con la perspectiva de una muerte casi cierta; los filipenses estaban iniciando la carrera cristiana, y les esperaban inevitablemente días tenebrosos, peligros y persecuciones. Así es que Pablo dice: « Sé lo que estoy diciendo. He pensado en todo lo que nos puede suceder. Y todavía digo: ¡Regocijaos!» El gozo cristiano es independiente de todas las cosas de la Tierra, porque tiene su fuente en la presencia continua de Cristo. Dos amantes están siempre felices cuando están juntos, no importa dónde. El cristiano no puede nunca perder el gozo porque no puede nunca perder a Cristo.

(ii) Pablo prosigue: « Vuestra moderación sea conocida de todos los hombres:» La palabra epieikés, traducida por modestia -siguiendo a la Vulgata- hasta la R-Y09 y por gentileza desde R-V› 60, es una de las palabras griegas más intraducibles. La dificultad se puede ver por el número de traducciones que se le dan, de las que citamos solo unas pocas: B-C, moderación; NBE, lo comprensivos que sois; Nou Testament›79, gent de bon tracte; N.T.Living›72, individubs desinteresados y considerados; R-V›77(CLIE), mesura; Hispanoamericana, 1916, y RVA› 89, amabilidad. Se han sugerido, y usado los equivalentes en otras lenguas de: ser comprensivos, simpatía, magnanimidad, autodominio, buenos modales, buena educación, cortesía, gracia. Queda claro que no encontramos una sola palabra española que abarque todos estos sentidos y matices.

Los griegos mismos explicaban esta palabra como « justicia y algo mejor que la justicia.» Decían que la epiea7ceia, palabra gemela de la anterior, debería entrar en juego cuando la estricta justicia resultaría injusta. Puede haber ejemplos individuales en los que una ley perfectamente justa sería injusta, o en los que no sería equitativa. Una persona tiene la cualidad de epieikeia si sabe cuando no debe aplicar la estricta letra de la ley, cuando debe relajar la justicia para introducir la gracia, la misericordia.

Tomemos un ejemplo sencillo que vive un profesor casi todos los días. Tiene dos estudiantes. Corrige sus exámenes. Aplica la justicia, y descubre que uno tiene 80% y el otro 50%. Pero resulta que el primero ha tenido todas las facilidades de libros, tranquilidad y comodidad para estudiar, mientras que el segundo vive en condiciones humildes, tiene un equipo inadecuado, o ha estado enfermo, o ha pasado recientemente por experiencias dolorosas y tensas. En estricta justicia merece 50% y no más; pero epiecWeia elevará su calificación.

EpieaWeia es la cualidad del que sabe que las reglas no deben tener la última palabra, y cuándo no se debe aplicar la letra de la ley. Puede que un consejo de iglesia se reúna con el reglamento de la iglesia sobre la mesa, y tome todas las decisiones de acuerdo con las normas de su denominación; pero hay veces en que la situación exige que no se tome el libro de orden como la última palabra.

El cristiano, como lo veía Pablo, sabe que hay algo por encima de la justicia. Cuando Le trajeron a Jesús a la mujer que había sido sorprendida en adulterio, Jesús podía haber aplicado la letra de la Ley según la cual debía ser lapidada; pero El fue más allá de la justicia. En estricta justicia, ninguno de nosotros merece nada más que la condenación de Dios; pero Él va más allá de la justicia. Pablo establece que el cristiano en sus relaciones personales con sus semejantes debe mostrar que sabe cuándo insistir en la justicia y cuándo recordar que hay algo mejor más allá de la justicia.

¿Por qué hemos de ser así? ¿Por qué hemos de tener en nuestra vida ese gozo y esa amable gentileza? Porque, dice Pablo, el Señor está cerca. Si esperamos la venida triunfal de Cristo, no podemos perder nunca la esperanza ni el gozo. Si recordamos que la vida es corta, no insistiremos en aplicar la estricta justicia que tantas veces divide a las personas, sino querremos tratarlas con amor, como esperamos que Dios nos trate. La justicia es humana, pero epiefeia es divina.

La paz de la oración creyente

No os preocupéis por nada; sino en todas las cosas, con oración y súplica, con acción de gracias, hacedle saber a Dios vuestras peticiones. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo lo imaginable, montará la guardia sobre vuestros corazones y mentes en Jesucristo.

Para los filipenses, la vida no podía por menos de ser preocupante. Hasta el ser un ser humano, y por lo tanto vulnerable a todos los azares y avatares de esta vida mortal es ya en sí una situación preocupante; y en la Iglesia primitiva, a las preocupaciones normales de la condición humana se añadía la preocupación de ser cristiano, lo que suponía llevar la vida en la mano. La solución de Pablo era la oración. Como dice M. R. Vincent: «La paz es el fruto de la oración creyente.» En este pasaje está comprimida toda una filosofía de la oración.

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