Por todo esto se puede ver que el original (semnós) es difícil de traducir. Es la palabra que se usa propiamente de los dioses y de sus templos. Cuando se usa de una persona, la describe como alguien que se mueve por el mundo como si estuviera en el templo de Dios. Pero la palabra realmente describe lo que está revestido de la dignidad de la santidad. Hay cosas en este mundo que son ligeras, que no tienen seriedad, que no son atractivas más que para los ligeros de cascos; por el contrario, es en las cosas que son serias y dignas en las que el cristiano debe concentrar la mente.
Hay cosas que son justas. En griego, la palabra daclaios define al que da a Dios y a los hombres lo que les es debido. El juez injusto de la parábola se definía como uno que « ni temía a Dios ni respetaba a hombre» (Lucas 18:2). En otras palabras, daclcaios es la palabra del deber asumido y cumplido. Hay quienes no piensan más que en el placer, la comodidad y la buena vida. El cristiano concentra su pensamiento en sus deberes para con Dios y para con sus semejantes.
Hay cosas que son puras. La palabra original es hagnós, otra palabra de muchos matices. Define lo que está moralmente incontaminado. Cuando se refiere a los sacrificios describe lo que se ha purificado hasta dejarlo apto para ser presentado a Dios y usado en Su servicio. Este mundo está lleno de cosas que son asquerosas y desharrapadas y sucias y obscenas. Muchas personas tienen la mente en tal estado que ensucian todo lo que piensan. La mente del cristiano se concentra en lo que es puro; sus pensamientos son tan limpios que pueden resistir el escrutinio de Dios. Hay cosas que son, como dicen muchas versiones de la Biblia, amables. Es la traducción más exacta de la palabra original prosfilés si le damos su sentido original de digno de ser amado. Hay algunos que tienen la mente tan concentrada en el castigo y la venganza que no provocan más que amargura y miedo en otros. Hay algunos que tienen la mente tan programada para la crítica y la bronca y la burla que no provocan más que resentimiento en los demás. La mente de la persona cristiana se concentra en cosas amables -la simpatía; la tolerancia, la comprensión- de tal manera que resulta amable para los demás: basta verla para quererla.
Hay cosas que son, como dicen la Reina-Valera y otras, de buen nombre. Otras traducciones proponen bien reputadas (B.C.), de bona reputació (Nou T), de buena fama (N.B.E.). No es fácil llegar al sentido de esta palabra, euféma, que quiere decir literalmente bien habladas, pero que se conectaba especialmente con el silencio santo al principio de un sacrificio en la presencia de los dioses. Tal vez no fuera excesivo decir que describe lo que es apto para que Dios lo oiga. Hay demasiadas palabrotas y tacos y blasfemias en el mundo. En los labios y en las mentes de los cristianos debe haber solamente palabras aptas para que Dios las oiga.
Pablo prosigue: Si hay virtud alguna (R-V). Otros traducen la palabra original areté por excelencia en vez de virtud. Lo curioso es que, aunque areté era una de las grandes palabras clásicas, parece que Pablo la evita deliberadamente, y esta es la única vez que aparece en sus escritos. En el pensamiento clásico describía cualquier clase de excelencia. Podía referirse a la excelencia de un campo, de una herramienta para cierto uso, a la excelencia física de un animal, al coraje de un soldado, a la virtud moral. Lightfoot sugiere que, con esta palabra, Pablo convoca como aliado todo lo que era excelente en el trasfondo pagano de sus amigos. Es como si estuviera diciendo: «Si la antigua idea pagana de la excelencia en la que os criasteis tiene alguna influencia sobre vosotros, incluidla en vuestro pensamiento. Pensad en vuestra vida pasada en su nivel más alto, para que os estimule a alcanzar nuevas alturas en el camino cristiano.» El mundo tiene sus impurezas y sus degradaciones, pero es indudable que tiene también sus noblezas e ideales, y es en las cosas más elevadas en las que debe pensar el cristiano.
Por último, Pablo dice: Si alguna alabanza (épainos). En un sentido, es cierto que el cristiano no tiene en cuenta la alabanza de los hombres; pero, en otro sentido, a toda persona buena la eleva la alabanza de los buenos. Así es que Pablo dice que el cristiano debe vivir de tal manera que ni desee vanidosamente ni desprecie neciamente la alabanza de los hombres. Pero está más de acuerdo con el contexto lo que dice la Reina-Valera: Si algo digno de alabanza (digne d›elogi, Nou T). Aunque muchas veces el cristiano no estará de acuerdo en que muchas de las cosas que alaba el mundo sean dignas de alabanza, habrá casos en que sí; y le debe importar la aprobación de los suyos, y supremamente la de Dios.
La verdadera enseñanza y el verdadero Dios
En este pasaje, Pablo establece el método de la enseñanza correcta. Habla de las cosas que los filipenses han aprendido. Estas eran las cosas que él mismo les había enseñado. Esto representa la interpretación personal del Evangelio que Pablo les aportó. Habla de las cosas que los filipenses han recibido. La palabra original es paralambánein, que quiere decir específicamente aceptar una tradición fijada. Esto equivale a la enseñanza de la Iglesia que Pablo les había transmitido.
