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Filipenses I: De Un Amigo A Sus Amigos

Pablo y Timoteo, esclavos de Jesucristo, escriben esta carta a todos los que están en Filipos que están consagrados a Dios por medio de su relación con Jesucristo, juntamente con los supervisores y los diáconos: ¡Que la gracia y la paz que proceden de nuestro Padre Dios y de nuestro Señor Jesucristo sean con vosotros!

Las palabras introductorias definen el tono de toda la carta. Se trata de la carta de un amigo a sus amigos. Con la excepción de las cartas a los tesalonicenses y la nota personal a Filemón, Pablo empieza todas sus cartas presentándose como apóstol; por ejemplo, empieza su carta a los romanos diciendo: «Os manda esta carta Pablo, esclavo de Jesucristo, llamado para ser apóstol» (cp. el primer versículo de 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios y Colosenses). Empieza las otras cartas presentando las credenciales oficiales que le confieren el derecho a escribir, y a los destinatarios el deber de prestar atención; pero no lo hace cuando escribe a los filipenses. No hacía falta. Sabía que le atenderían, y con mucho cariño. De todas sus iglesias, la de Filipos era la que estaba más en su corazón; y escribe, no como un apóstol a los miembros de su iglesia, sino como un amigo a sus amigos.

Pero hay un título del que no prescinde. Se presenta como siervo (dulos) de Jesucristo, como lo pone la Reina-Valera; pero dulos es más que servidor: es esclavo. Un servidor es libre para ir y venir; pero un esclavo es posesión exclusiva de su amo para siempre. Cuando Pablo se llama esclavo de Jesucristo hace tres cosas.

(i) Asegura que es posesión exclusiva de Cristo, Que le amó y compró por un precio (1 Corintios 6:20), y ya no puede pertenecer nunca a otro amo.

(ii) Establece que debe absoluta obediencia a Cristo. El esclavo no tiene voluntad propia; la voluntad de su amo es la suya. Así también Pablo no tiene más voluntad que la de Cristo, y no obedece sino a su Salvador y Señor.

(iii) En el Antiguo Testamento el título regular de los profetas es el de siervos de Dios (Amós 3:7; Jeremías 7:25). Ese fue el título que se dio a Moisés, a Josué y a David (Josué 1:2; Jueces 2:8; Salmo 78:70; 89:3,20). De hecho el máximo título de honor es siervo de Dios; y cuando Pablo se aplica ese título se coloca humildemente en la línea de sucesión de los profetas y de los hombres de Dios.

La esclavitud del cristiano a Jesucristo no es una sumisión humillante. Como expresaba el dicho latino: Illi servire regnare est, ser Su esclavo es ser un rey.

La distinción cristiana

La carta va dirigida, como lo pone la Reina-Valera, a todos los santos en Cristo Jesús. La palabra que se traduce por santos es háguios; y santos es una traducción que confunde. A oídos modernos presenta una imagen o un cromo de una piedad otromundista. Nos habla más de las vidrieras de colores que de la plaza del mercado. Aunque es fácil comprender el sentido de háguios es difícil traducirlo.

Háguios, como su equivalente hebreo qadósh, se suelen traducir por santo. En el pensamiento hebreo, si algo se define como santo, la idea básica que sugiere es que es diferente de todo lo demás, que es algo aparte. Para entenderlo mejor, veamos cómo se usa en el Antiguo Testamento. Cuando se establecieron las reglas referentes al sacerdocio se escribió: « Santos serán para su Dios» (Levítico 21:6). Los sacerdotes habían de ser diferentes de los demás hombres, porque habían sido apartados para una función especial. El diezmo era la décima parte de todos los productos, que se apartaba para Dios, y se establece: «El diezmo será santo para el Señor, porque pertenece al Señor» (Levítico 27:30,32). El diezmo era diferente de todo lo demás que se podía usar para unes ordinarios. La parte central del Templo era el lugar santo (Éxodo 26:33); era distinto de los otros lugares. La palabra se usaba especialmente en relación con la nación de Israel. Los judíos eran una nación santa (Éxodo 19:6). Eran santos porque pertenecían a Dios de una manera especial; Dios los había apartado de las demás naciones para que fueran Suyos (Levítico 20:26); Dios los había conocido -es decir, había tenido una relación personal con ellos- entre todas las naciones del mundo (Amós 3:2). Los judíos eran diferentes de todas las demás naciones porque ocupaban un lugar especial en el propósito de Dios.

Pero Israel se negó a hacer el papel que Dios le había asignado. Cuando vino Su Hijo al mundo, no Le reconocieron, Le rechazaron y Le crucificaron. Los privilegios y las responsabilidades que deberían haber tenido se les quitaron y se le dieron a la Iglesia, que llegó a ser el nuevo Israel, el verdadero Pueblo de Dios del Nuevo Testamento. Por tanto, de la misma manera que los judíos habían sido háguioi, santos, diferentes, ahora deben serlo los cristianos. Así es que Saulo, antes de llegar a ser Pablo, era un perseguidor declarado de los santos, los haguíoi (Hechos 9:13); Pedro fue a visitar a los santos, los haguíoi, de Lida (Hechos 9:32).

El decir que los cristianos son santos quiere decir por tanto que son diferentes de las demás personas. ¿En qué consiste la diferencia?

Pablo se dirige a sus amigos como santos en Cristo Jesús. No se pueden leer sus cartas sin notar lo frecuentemente que usa las frases en Cristo, en Jesucristo, en el Señor. En CristoJesús se encuentra 48 veces, en Cristo 34, y en el Señor 50. Está claro que para Pablo ahí estaba la esencia del Cristianismo. ¿Qué quería decir? Marvin R. Vincent dice que cuando Pablo decía que el cristiano está en Cristo quería decir que el cristiano vive en Cristo como el ave vive en el aire, el pez en el agua y las raíces del árbol están en la tierra. Lo que hace al cristiano diferente es que siempre y en todas partes es consciente de estar rodeado de la presencia de Jesucristo.

Cuando Pablo habla de los santos en Cristo Jesús quiere decir los que son diferentes de las otras personas y están consagrados a Dios mediante una relación especial con Jesucristo -y eso es lo que debe ser un cristiano.

El saludo que lo incluye todo

El saludo de Pablo a sus amigos es: Que la gracia y la paz que proceden de nuestro Padre Dios y de nuestro Señor Jesucristo sean con vosotros (cp. Romanos 1:7; 1 Corintios 1:3; 2 Corintios 1:2; Gálatas 1:3; Efesios 1:2; Colosenses 1:2; 1 Tesalonicenses 1:1; 2 Tesalonicenses 1:2; Filemón 3).

Cuando Pablo pone juntas estas dos grandes palabras, gracia y paz (járis y eiréné), está haciendo algo maravilloso. Estaba tomando los saludos normales de dos culturas y uniéndolos. Járis era la palabra con que empezaban las cartas griegas, y eiréné el saludo que usaban los judíos. Cada una de estas palabras tiene su propio sabor, y ambas fueron transformadas por el nuevo sentido que les infundió el Cristianismo.

Járis es una palabra preciosa; las ideas básicas que incluye son las de gozo y placer, luminosidad y belleza; los hispanohablantes tenemos la gran suerte de que nuestra palabra gracia contiene las mismas ideas, y es por tanto la traducción casi perfecta de járis. Pero con Jesucristo llega una nueva belleza que se añade a la anterior; y esa belleza nace de una nueva relación con Dios. Con Cristo la vida se vuelve preciosa porque el ser humano deja de ser la víctima de la Ley de Dios y pasa a ser la criatura de Su amor.

Eiréné es una palabra inclusiva. La traducimos por paz; pero no quiere decir paz en sentido negativo como sencillamente la ausencia de guerra o de problemas. Quiere decir el bienestar total, todo lo que contribuye a la felicidad suprema de una persona.

Puede que esté relacionada con el verbo griego eirein, que quiere decir unir, entretejer. Y esta paz tiene siempre que ver con las relaciones personales, la relación de una persona consigo misma, con sus semejantes y con Dios. Es siempre la paz que nace de la reconciliación.

Así es que cuando Pablo pide a Dios gracia y paz para sus amigos está pidiendo realmente que tengan el gozo de conocer a Dios como Padre y la paz de estar relacionados con Él, con los hombres y consigo mismos -y esas gracia y paz no se pueden recibir sino mediante Jesucristo.

Las señales de la vida cristiana

i El gozo cristiano. Siempre que me pongo a orar por vosotros Le doy gracias a mi Dios por vosotros; y siempre y en cada una de mis oraciones pido por vosotros con gozo, porque os habéis solidarizado conmigo en la extensión del Evangelio desde el primer día hasta ahora. Y en esto tengo confianza: que el Que comenzó en vosotros una buena obra la llevará a feliz término para que estéis listos para el Día de Jesucristo. Es justo que tenga este sentir acerca de vosotros, porque os llevo en el corazón; porque todos participáis conmigo de la gracia, tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del Evangelio. Dios me es testigo de cuánto os anhelo a todos vosotros con la misma compasión de Jesucristo. Y esto es lo que pido: que vuestro amor mutuo siga aumentando cada vez más en toda plenitud de conocimiento y en toda sensibilidad de percepción, para que pongáis a prueba las diferentes alternativas, para que seáis puros y no hagáis que nadie tropiece en cuanto a la preparación para el Día de Cristo; porque vosotros tenéis henchida vuestra vida del finto que produce la integridad que procede de Jesucristo y que conduce a la gloria y la alabanza de Dios.

Es encantador cuando, como dice Ellicott, se combinan el recuerdo y la gratitud. En nuestras relaciones personales es una gran cosa no tener nada más que recuerdos felices; y ese era el sentir de Pablo con los cristianos de Filipos. Los recuerdos no conllevaban pesares, sino solo felicidad.

En este pasaje se presentan las marcas de la vida cristiana.

Está el gozo cristiano. Es con gozo como Pablo ora por sus amigos. La Carta a los Filipenses se ha llamado La Epístola del Gozo. Bengel comentaba en su terso latín: «Summa epistolae gaudeo-gaudete.» «Todo el tema de la epístola es Yo me gozo-gozaos vosotros también.» Veamos la descripción del gozo cristiano que nos presenta esta carta.

(i) En 1:4 encontramos el gozo de la oración cristiana, el gozo de presentar a los que amamos ante el trono de la misericordia de Dios.

George Reindrop, en su libro No Common Task -Una tarea nada corriente- , nos cuenta que una enfermera le enseñó una vez a orar a un hombre, cambiando así toda su vida de tal forma que el que había sido antes un tipo quejica y desanimado llegó a ser un hombre lleno de gozo. Casi todo el trabajo de la enfermera lo hacía con las manos, y las usaba como un es- quema de oración. Cada dedo representaba a alguien; el gordo era el que tenía más cerca, y le recordaba que orara por sus más próximos. El segundo dedo es el que se usa para señalar, y representaba a todos sus profesores en la escuela y en el hospital. El tercer dedo es el más « alto», y representaba a la gente importante, los dirigentes en todas las esferas de la vida. El cuarto dedo es el más flojo, como saben muy bien los pianistas, y representaba a todos los que están en problemas y pruebas. El meñique es el más pequeño y el menos importante, y para la enfermera la representaba a ella. Siempre debe haber gozo y paz profundos en presentarle a Dios en oración a nuestros seres queridos y a otros.

(ii) Está el gozo de que se predica a Jesucristo (1:18). Cuando uno experimenta una gran bendición, su primer instinto es compartirla; y hay gozo en pensar que se predica el Evangelio en todo el mundo para que otro y otro y otro se incorporen al amor de Cristo.

(iii) Existe el gozo de la fe (1:25). Si el Evangelio no nos hace felices, nada nos hará felices. Hay un tipo de supuesto cristianismo que es una verdadera tortura. El salmista decía: «Los que fijaron la mirada en Él se pusieron radiantes» (Salmo 34:5). Cuando bajó Moisés de la cumbre de la montaña le relucía el rostro. El Cristianismo es la fe del corazón feliz y el rostro radiante.

(iv) Existe el gozo de ver que los cristianos están en íntima comunión (2:2). Eso era lo que le hacía prorrumpir en alabanzas al salmista (Salmo 133:1): ¡Fijaos qué cosa tan preciosa es, y cuán maravillosa, el contemplar cómo conviven los hermanos en perfecta armonía!

No existe la paz para nadie donde y cuando se han roto las relaciones humanas y hay peleas entre las personas; y no hay panorama más maravilloso que el de una familia en la que todos están vinculados en amor mutuo, o el de una iglesia cuyos miembros están unidos entre sí porque están unidos a Jesucristo su Señor.

(v) Existe el gozo de sufrir por Cristo (2:17). En la hora de su martirio en la hoguera, Policarpo oraba: « Te doy gracias, Padre, porque me has considerado digno de esta hora.» El sufrir por Cristo es un privilegio, porque nos ofrece la oportunidad de demostrar sin lugar a duda nuestra lealtad, y colaborar en la edificación del Reino de Dios.

(vi) Existe el gozo de recibir noticias de nuestros seres queridos (2:28). La vida está llena de separaciones y de ausencias, y siempre produce gozo el tener noticias de nuestros amados de los que estamos separados temporalmente. Un gran predicador escocés habló una vez del gozo que se puede producir por el precio de un sello de correos. Vale la pena recordar lo fácil que es dar gozo a los que nos aman, y también lo fácil que es tenerlos en ansiedad, manteniéndonos en contacto con ellos o no.

(vii) Existe el gozo de la hospitalidad cristiana (2:29). Hay hogares de puerta cerrada, y hogares de puerta abierta. La puerta cerrada es la del egoísmo; la abierta, la de la bienvenida y el amor cristiano. Es una gran cosa tener una puerta a la que puede llamar el forastero o el que tiene problemas, seguro de que no la encontrará cerrada.

(viii) Existe el gozo de estar en Cristo (3:1; 4:1). Ya hemos visto que estar en Cristo es vivir en Su presencia como el pájaro vive en el aire, el pez en el agua y las raíces de la planta en la tierra. Nos es natural estar contentos cuando estamos con la persona amada; y Cristo es el Amador de Quien nada nos podrá separar nunca ni en el tiempo ni en la eternidad.

(ix) Existe el gozo de la persona que ha ganado a otra para Cristo (4:1). Los filipenses eran el gozo y la corona de Pablo porque había sido él el instrumento para traerlos a Jesucristo. Es el gozo de los padres, los maestros y los predicadores el de traer a otros, especialmente a los niños, al amor de Jesucristo. Sin duda el que disfruta de un gran privilegio no puede estar contento hasta que lo comparte con su familia y amigos. Y es que el evangelismo cristiano no es una obligación sino un gozo.

(x) Hay gozo en un regalo (4:10). Este gozo no consiste tanto en el regalo mismo, como en el hecho. de que se acuerden de uno y se preocupen por uno. Este es un gozo que podríamos producirles a otros mucho más a menudo de lo que lo hacemos.

El sacrificio cristiano

En el versículo 6 Pablo dice que tiene confianza en que Dios, que ha empezado una buena obra en los filipenses, la llevará a feliz término para que estén preparados para el día de Jesucristo. Hay aquí todo un cuadro en griego que no es posible reproducir en una traducción. El detalle está en que las palabras que usa Pablo para empezar (enárjesthai) y para completar (epitélein) son términos técnicos que se usaban para el comienzo y el final de un sacrificio. Había un ritual de iniciación en relación con un sacrificio griego. Se encendía una tea en el fuego del altar, y se metía en un cubo de agua para limpiarlo con la llama sagrada; con el agua bendita se rociaban la víctima y las personas que la ofrecían para dejarlos purificados y santificados.

A continuación seguía lo que se llamaba la eufémia, el silencio sagrado, en el que se suponía que el adorador ofrecía sus oraciones al dios. Por último se traía un cubo de cebada, algunos de cuyos granos Se echaban sobre la víctima y por el suelo alrededor. Estas acciones eran el principio del sacrificio, y el término técnico para realizarlo era el verbo enárjesthai que usa Pablo aquí. El verbo que significaba completar todo el ritual del sacrificio era epitélein, que es el que usa Pablo para completar.

Toda la frase de Pablo se mueve en la atmósfera del sacrificio.

Pablo contempla la vida del cristiano como un sacrificio dispuesto para ser ofrecido a Jesucristo. Traza la misma figura cuando exhorta a los romanos a que presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (Romanos 12:1).

Cuando Cristo vuelva, será como la llegada de un Rey. En tales ocasiones los súbditos estaban obligados a presentarse con dones para mostrarle su lealtad y su amor. El único don que Jesucristo desea que Le presentemos es el de nosotros mismos; así que, la suprema tarea de una persona es hacer que su vida sea idónea para ofrecérsela. Solo la gracia de Dios nos puede capacitar para lograrlo.

La solidaridad cristiana

En este pasaje se hace hincapié en la idea de la solidaridad cristiana. Hay varias cosas que los cristianos comparten.

(i) Los cristianos son solidarios en la gracia. Son personas que comparten una deuda común con la gracia de Dios.

(ii) Los cristianos son solidarios en la obra del Evangelio. No solo comparten un don, sino también una tarea: la extensión del Evangelio. Pablo usa dos palabras para expresar la obra de los cristianos por el Evangelio: habla de la defensa y de la
confirmación del Evangelio. La defensa (apologuía) del Evangelio quiere decir su defensa frente a los ataques que se le hacen desde fuera. El cristiano tiene que estar dispuesto para ser un defensor de la fe, y dar razón de la esperanza que tiene. La confirmación (bebaíósis) del Evangelio es la edificación de su fuerza desde dentro, la edificación de los cristianos. El cristiano debe extender el Evangelio defendiéndolo contra los ataques de sus enemigos y edificando la fe de sus amigos.

(iii) Los cristianos son solidarios en el sufrimiento por el Evangelio. Siempre que a un cristiano le toca sufrir por causa del Evangelio debe hallar fuerza y consuelo en el pensamiento de que es uno de una gran compañía a través de todas las edades y en todas las tierras que han sufrido por Cristo antes que negar su fe.

(iv) Los cristianos son solidarios con Cristo. En el versículo 8 Pablo tiene un dicho sumamente gráfico. La traducción literal sería: « Os anhelo a todos con las entrañas de Jesucristo.» La palabra griega es splanjna, que designaba, lo mismo que la palabra hebrea correspondiente, rajamim, las entrañas maternales que se suponía que eran la sede de la ternura y de la compasión. Así es que Pablo está diciendo: « Os anhelo con la misma ternura de Jesucristo mismo.» El amor que Pablo sentía para con sus amigos cristianos no era otra cosa que el amor de Cristo mismo. J. B. Lightfoot dice escribiendo sobre este pasaje: « El cristiano no tiene anhelos aparte de los de su Señor; su pulso late con el pulso de Cristo; su corazón palpita con el corazón de Cristo.» Cuando somos realmente uno con Jesús, su amor fluye de nosotros hacia nuestros semejantes a los que Él ama y por los que murió. El cristiano es solidario con el amor de Cristo.

(iv) La carrera y la meta del cristiano

Lo que Pablo pedía en oración para los suyos era que su amor creciera de día en día (versículos 9 y 10). Ese amor, que no era una cosa meramente sensiblera, había de crecer en conocimiento y en percepción espiritual para que llegaran a ser cada vez más capaces de distinguir entre la verdad y el error. El amor es siempre el camino al conocimiento. Si amamos algo, queremos aprender más acerca de ello; si amamos a una persona, queremos conocerla cada vez más; si amamos a Jesús, querremos aprender más acerca de Él y de Su verdad. El amor es sensible a la mente y al corazón del ser amado. Si hiere ciega o insensiblemente los sentimientos de la persona que pretende amar, no es verdadero amor. Si amamos a Jesús de veras seremos sensibles a Su voluntad y deseos; cuanto más Le amemos, más nos retraeremos instintivamente del mal y desearemos el bien.

La palabra que usa Pablo para poner a prueba es dokimázein, que era la que se usaba para probar un metal para comprobar que era genuino. El verdadero amor no es ciego; nos permitirá siempre ver la diferencia entre lo falso y lo verdadero.

Así que el cristiano llegará a ser puro y no será causa de que otros tropiecen. La palabra que usa para puro es interesante. Es eilikrinés. Los griegos sugerían dos etimologías posibles, cada una de las cuales presentaba una idea gráfica. Podía venir de eile, la luz del sol, y de krínein, juzgar, y describir lo que puede resistir el escrutinio de la luz solar sin mostrar ningún defecto. Sobre esa base la palabra querrá decir que el carácter cristiano puede soportar que se le proyecte cualquier luz. La otra posibilidad es que eilikrinés se derive de eilein, que quiere decir dar vueltas y vueltas como en una criba hasta que se le quitan todas las impurezas. Sobre esa base, el carácter cristiano se va limpiando de todo mal hasta quedar totalmente puro. Pero el cristiano no es sólo puro; es también apróskopos, no hace que nadie tropiece. Hay personas que son exteriormente impecables, pero tan austeras que repelen a los demás del Cristianismo. El cristiano es en sí mismo puro, pero su amor y gentileza son tales que atraen a otros al camino cristiano en lugar de repelerlos.

Por último, Pablo establece el objetivo del cristiano. Es vivir de tal manera que se den a Dios la gloria y la alabanza. El cristiano no se propone obtener honores por su bondad para sí mismo, sino para Dios. El cristiano sabe, y atestigua, que es como es, no por su propio esfuerzo y sin ayuda de nadie, sino solamente por la gracia de Dios.

Los lazos que destruyen las barreras

Quiero que sepáis, hermanos, que todo lo que me ha sucedido ha redundado más en el avance del Evangelio, porque le ha demostrado a toda la guardia pretoriana y a todos los demás que no estoy preso nada más que por la causa de Cristo, y que lo sobrellevo con la fuerza de Cristo; y el resultado es que, por estar yo en la cárcel, más hermanos han recibido confianza en el Señor para atreverse más abierta e intrépidamente a hablar la Palabra de Dios. Pablo estaba preso; pero, lejos de que esa circunstancia pusiera fin a su actividad misionera, la extendió, tanto por su parte como por la de otros. De hecho, las cadenas echaron abajo las barreras. La palabra que usa Pablo para el avance del Evangelio es sumamente gráfica: prokopé, que es la que se usaría para el avance de un ejército o de una expedición militar. Es el nombre del verbo prokóptein, que quiere decir cortar avanzando, que se usa para cortar los árboles y la maleza y derribar las barreras a medida que se produce el avance de un ejército. El encarcelamiento de Pablo, lejos de cerrar la puerta, la abrió a nuevas esferas de trabajo y actividad en las que no habría penetrado de otra manera.

Pablo, viendo que no podía esperar justicia en Palestina, había apelado a César, cosa que podía hacer cualquier ciudadano romano. A su debido tiempo le habían despachado para Roma bajo escolta militar; y, cuando llegó allí, le dejaron al cuidado del « capitán de la guardia» y le permitieron vivir por su cuenta al cuidado de un soldado de guardia (Hechos 28:16). Por último, aunque seguía bajo guardia, se le permitió estar en una casa de alquiler (Hechos 28:30), lo que le permitía recibir a todos los que quisieran visitarle.

La palabra que hemos traducido por la guardia pretoriana es praitórion, que puede referirse o a un lugar o a un grupo de personas.

Cuando se refiere al lugar tiene tres significados.

(i) En su origen quería decir el puesto de mando de un general en campaña, la tienda desde la que daba las órdenes y dirigía las operaciones.

(ii) De ahí pasó naturalmente a significar la residencia del general, que podía querer decir la del emperador; es decir, su palacio, aunque son raros los ejemplos de este uso.

(iii) Con otro paso natural llegó a significar una mansión extensa o villa, la residencia de alguna persona rica e influyente. Aquí praitórion no puede tener ninguno de estos significados, porque está claro que Pablo se encontraba en su casa de alquiler, y no hace sentido que su casa estuviera en el palacio del emperador.

Así es que pasamos al otro sentido de praitórion: un cuerpo de personas, la guardia pretoriana, o más raramente su cuartel. Podemos dejar de lado este último significado porque no hace sentido que Pablo tuviera una residencia alquilada en el cuartel romano.

La guardia pretoriana era la guardia imperial romana. La había instituido Augusto, y constaba de un ejército de diez mil soldados escogidos. Augusto los había mantenido dispersos por toda Roma y las ciudades circundantes. Tiberio los había concentrado en Roma en un campamento especialmente construido y fortificado. Vitelio había aumentado su número a dieciséis mil. Tenían un servicio de doce, y luego de dieciséis años. Cuando se licenciaban recibían la ciudadanía romana y una cantidad de dinero equivalente a 25,000 pesetas. (Pero recuérdese que el sueldo de un obrero era de diez pesetas al día). Posteriormente llegaron a ser algo así como el cuerpo de guardia especial del emperador; y finalmente se convirtieron en todo un problema, porque estaban concentrados en Roma, y llegaron a ser los que quitaban y ponían emperador, porque era su candidato el que quedaba elegido siempre, ya que podían imponérsele a la fuerza al populacho si era necesario. Fue al prefecto de la guardia pretoriana, el comandante en jefe, al que entregaron a Pablo cuando llegó a Roma.

Pablo dice que estaba prisionero o en cadenas. Les dice a los cristianos romanos que, aunque no ha hecho nada malo, fue entregado prisionero (desmios) a manos de los romanos (Hechos 28:17). En Filipenses menciona varias veces su prisión (Filipenses 1:7,13,14). En Colosenses dice que está en prisión, o en cadenas, por la causa de Cristo, y les pide a los colosenses que recuerden sus cadenas (Colosenses 4:3,18). En Filemón se llama a sí mismo prisionero de Jesucristo, y habla de las cadenas del Evangelio (Filemón 9,13). En Efesios vuelve a llamarse prisionero de Jesucristo (Efesios 3:1).

Hay dos pasajes en los que estas cadenas de definen más exactamente. En Hechos 28:20 habla de sí mismo como sujeto con esta cadena; y usa la misma palabra (halysis) en Efesios 6:20, cuando se llama embajador en cadenas. Es en esta palabra halysis en la que encontramos la clave. La halysis era la cadena corta que unía la muñeca del prisionero a la del soldado que le guardaba para que no se pudiera escapar. La situación era la siguiente: habían entregado a Pablo al capitán de la guardia pretoriana, a la espera de que le juzgara el Emperador; se le había permitido alquilar una casa; pero, aun allí, había siempre un soldado custodiándole, encadenado con él mediante una halysis todo el tiempo. Habría, por supuesto, una lista de guardias que se turnaban en este servicio; y en los dos años, uno tras otro, todos los soldados de la guardia imperial habrían estado de guardia con Pablo. ¡Qué preciosa oportunidad! Aquellos soldados oirían a Pablo predicar y hablar con sus amigos. Sin duda durante las largas horas de la guardia Pablo iniciaría la conversación acerca de Jesucristo con el soldado de turno al que estaba encadenado.

La cárcel le había ofrecido la oportunidad de predicar el Evangelio al regimiento más selecto del ejército romano. No es extraño que declarara que sus cadenas se habían hecho famosas en el pretorio y habían supuesto una oportunidad única para el avance del Evangelio en ese frente. Toda la guardia pretoriana sabría por qué estaba preso Pablo; muchos de los soldados habrían entrado en contacto con Cristo; y el saberlo habría dado a los hermanos de Filipos un nuevo coraje para predicar el Evangelio y testificar de Cristo.

Las cadenas de Pablo habían quitado las barreras y le habían dado acceso a la flor y nata del ejército romano, y sus cadenas habían sido la pócima de coraje que necesitaban los hermanos de Filipos.

La proclamación suprema

A algunos lo que les mueve a predicar a Cristo son la envidia y la rivalidad, pero a otros la buena voluntad. Unos predican a Cristo por amor, porque saben que me encuentro aquí por la defensa del Evangelio; otros predican a Cristo con fines partidistas, no por motivos limpios, para que aún me aflija más por estar encarcelado. ¿Y entonces, qué he de pensar? Pues que el único resultado es que, sea como sea, como tapadera de otros propósitos o por amor a la verdad, se proclama a Cristo. Y de eso no puedo hacer más que regocijarme a tope siempre.

Aquí está hablando el gran corazón de Pablo. El estar él en la cárcel ha incentivado a la predicación del Evangelio. Ese incentivo actuó de dos maneras. Estaban los que le amaban; y, al saberle en la cárcel, redoblaban los esfuerzos para extender el Evangelio para que no perdiera terreno por estar Pablo inmovilizado. Sabían que la mejor manera de deleitar su corazón era hacerle ver que la obra no sufría por su lamentable ausencia. Pero otros estaban motivados por lo que Pablo llama eritheía, y predicaban por sus propios fines partidistas. Eritheía es una palabra interesante. En su origen no significaba más que trabajar por el sueldo. Pero si uno trabaja solamente por él sueldo no tiene la motivación más elevada. No considera nada más que lo que pueda sacar para sí. De ahí que llegara a significar el espíritu mercenario y ambicioso que no hace nada, nada más que para engrandecerse a sí mismo; y llegó a aplicarse a la política y a querer decir hacer lo que fuera para ganar votos.

Así llegó a describir la ambición interesada y egoísta que no busca más que encumbrarse sin prestar atención a los medios a los que tiene que rebajarse para obtener sus fines. Así es que había algunos que predicaban a Cristo más intensamente aprovechándose de que Pablo estaba en la cárcel, porque esa circunstancia parecía ofrecerles una oportunidad enviada del cielo para aumentar su propio prestigio e influencia y disminuir los de él.

Aquí encontramos una lección. Pablo no sabía lo que eran los celos ni el rencor. Mientras se predicara a Cristo, no le importaba quién recibiera los honores o el prestigio. No le importaba lo más mínimo lo que otros predicadores dijeran de él, ni lo enemistados que estuvieran con él, o lo mucho que le despreciaran, o que trataran de sacarle ventaja. Lo único que le importaba era que se predicara a Cristo. Desgraciadamente muchas veces nos damos por ofendidos cuando alguien se alza con una posición que se nos cierra a nosotros. Es frecuente que miremos al otro como un enemigo porque ha hecho alguna crítica de nosotros o de nuestros métodos. Es corriente creer que otros no pueden hacer nada bien porque no lo hacen a nuestra manera.

Demasiado a menudo los teólogos no quieren saber nada de los evangelistas, y los evangelistas critican la actitud de los teólogos. Los que creen en la evangelización mediante la educación no le encuentran sentido a la evangelización buscando decisiones personales, y éstos no les reconocen a aquéllos el derecho a creer que su enfoque consiga resultados más duraderos.

Pablo es nuestro gran ejemplo: ponía la cuestión por encima de los personalismos, y todo lo qué-le importaba era que se predicara a Cristo.

El final feliz

Porque creo que esto conducirá a mi salvación gracias a vuestras oraciones y a la generosa ayuda que me presta el Espíritu Santo de Cristo; porque es mi anhelante expectación y mi esperanza el no tener que callarme por vergüenza ante nada, sino en cualesquiera circunstancias, aun ahora, tener libertad para hacer uso de la palabra para glorificar a Cristo en mi cuerpo, ya sea con mi vida o con mi muerte.

Pablo estaba convencido de que la situación en que se encontraba conduciría a su salvación. Hasta la cárcel, y la casi hostil predicación,de sus enemigos personales, acabarían por conducir a su salvación. ¿Qué quería decir con eso de su salvación? La palabra que usa es sótería, que puede tener aquí tres posibles sentidos.

(i) Puede querer decir su seguridad, en cuyo caso Pablo querría decir que estaba seguro de que el asunto terminaría en su liberación. Pero no es probable que quiera decir eso aquí, porque Pablo pasa a decir que no está seguro de si será mediante su vida o mediante su muerte.

(ii) Puede querer decir su salvación en el Cielo. En ese caso Pablo estaría diciendo que su conducta en la ocasión que le brinda esta situación será su testimonio en el día del juicio. Aquí hay una gran verdad. En cualquier situación de oportunidad o desafío, una persona no actúa para el tiempo, sino para la eternidad. La reacción de una persona en una situación en el tiempo es un testigo a su favor o en su contra en la eternidad.

(iii) Pero sótéría puede tener un sentido más amplio que cualquiera de éstos. Puede querer decir salud, bienestar general.

Puede que Pablo esté diciendo que todo lo que le está sucediendo en esta situación sumamente difícil es lo mejor que le puede ocurrir tanto en el tiempo como en la eternidad. «Dios me puso en esta situación; y Dios quiere que, con todos sus problemas y dificultades, contribuya a mi felicidad y utilidad en el tiempo, y para mi gozo y paz en la eternidad.»

En esta situación Pablo sabe que tiene dos grandes ayudadores.

(i) Tiene la ayuda de las oraciones de sus amigos. Una de las cosas más preciosas de las cartas de Pablo es la manera que tiene de pedir las oraciones de sus amigos. «Hermanos -escribe a los tesalonicenses-, orad por nosotros.» «Por último, hermanos -escribe-, orad por nosotros para que la Palabra de Dios prospere y triunfe» (1 Tesalonicenses 5:25; 2 Tesalonicenses 3:1 s).

Les dice a los corintios: «Ayudadnos por medio de la oración» (2 Corintios 1:11). Escribe que está seguro de que mediante las oraciones de Filemón volverá a estar con sus amigos (Filemón 22). Antes de iniciar su peligroso viaje a Jerusalén, escribe a la iglesia de Roma para pedirle sus oraciones (Romanos 15:30-32).

Pablo no se consideró nunca tan grande como para no necesitar las oraciones de sus amigos. Nunca hablaba a los demás como si él pudiera hacerlo todo y ellos nada; siempre les recordaba que ni él ni ellos podían hacer nada sin la ayuda de Dios.

Aquí hay algo que debemos recordar. Cuando hay personas que están en aflicción, uno de sus mayores consuelos es la seguridad de que otros las están apoyando ante el trono de la gracia. Cuando tienen que arrostrar algún esfuerzo extraordinario o alguna decisión demoledora, reciben nuevas fuerzas al recordar que otros están recordándolos delante de Dios. Cuando tienen que ir a nuevos lugares y estar lejos de casa, es animador saber que las oraciones de sus seres queridos cruzan los continentes para llevarlos ante el trono de la`gracia. No podemos llamar a nadie nuestro amigo a menos que oremos por él.

(ii) Pablo sabe que tiene la ayuda del Espíritu Santo. Su presencia es el cumplimiento de la promesa de Jesús de que estaría con nosotros hasta el fin del mundo.

En toda esta situación, Pablo tiene una expectación y una esperanza. La palabra que usa para expectación es muy gráfica e infrecuente; nadie la usó antes que Pablo, y puede ser que fuera él el que ya acuñara. Es apokaradokía. Apó quiere decir lejos de, kara es la cabeza y dokein es mirar; así es que apokaradokía es la mirada ansiosa e intensa, que se aparta de todo lo demás para fijarse en un solo objeto del deseo. La esperanza de Pablo es no tener nunca que callarse por vergüenza o por cobardía o por sentimiento de inutilidad. Pablo está seguro de que en Cristo hallará el coraje para no avergonzarse nunca del Evangelio; y de que por medio de Cristo sus trabajos resultarán eficaces para que los vean todos. J. B. Lightfoot escribe: «El derecho de hacer uso de la palabra es el emblema, el privilegio del siervo de Cristo.» El decir la verdad con valentía no es sólo el privilegio del siervo de Cristo, sino también su deber.

Así es que, si Pablo aprovecha la oportunidad valerosa y eficazmente, Cristo será glorificado en él. No importa cómo le vaya. Si muere, recibirá la corona del martirio; si vive, tendrá el privilegio de seguir predicando y testificando de Cristo. Como lo expresaba Ellicott noblemente, Pablo está diciendo: «Mi cuerpo será el teatro en el que se desplegará la gloria de Cristo.»

Aquí tenemos la tremenda responsabilidad del cristiano. Una vez que hemos aceptado a Cristo, Le producimos gloria o vergüenza con nuestra vida y conducta. Al dirigente se le juzga por sus seguidores; y así a Cristo se Le juzga por nosotros.

En vida o en muerte

Porque para mí la vida no es otra cosa que Cristo, y la muerte es una ganancia. No obstante, ¿qué si el seguir viviendo físicamente me permitiera producir más fruto? Entonces no sabría qué escoger; me encuentro indeciso entre dos cosas buenas; porque, por una parte, ya tengo ganas de levantar la tienda y estar con Cristo, que es lo mejor de todo; pero por causa de vosotros me resulta más importante seguir en este mundo. De esto último estoy confiadamente seguro: de que quedaré para estar con vosotros y a vuestro lado para ayudaros a proseguir vuestro camino y para aumentar el gozo de vuestra fe, para daros todavía más motivos para estar orgullosos de Cristo por causa de mí cuando vuelva a visitaros una vez más.

Como Pablo estaba en la cárcel esperando el juicio, tenía que asumir la realidad de que era impredictible si había de morir o de seguir viviendo; pero a él le daba lo mismo.

« El vivir –dice en frase lapidaria- quiere decir Cristo.» Para Pablo, Cristo había sido el principio de su vida, porque aquel día del camino de Damasco era como si su vida hubiera empezado totalmente de nuevo. Cristo había sido la continuación de su vida; no había habido nunca un día que Pablo no hubiera vivido en Su presencia, y en los más terribles momentos Cristo había estado con Él dándole ánimo (Hechos 18:9s). Cristo era el fin de su vida, porque era a Su continua presencia adonde conducía para Pablo la vida. Cristo era la inspiración de su vida; era la dinámica de su vida. Cristo había sido el Que le había dado a Pablo la tarea de vivir, porque había sido Él el Que le había hecho apóstol y le había enviado a evangelizar a los gentiles. Había sido Cristo el Que le había dado la fuerza para vivir, porque era la gracia todosuficiente de Cristo la que había alcanzado su plenitud en la debilidad de Pablo. Para él, Cristo era la recompensa de la vida, porque la única recompensa que valía la pena para Pablo era una comunión más íntima con su Señor. Si Cristo hubiera de desaparecer de su vida, a Pablo no le quedaría nada.

«Para mí -dice Pablo-, la muerte es una ganancia.» La muerte era la entrada en una presencia aún más íntima de Cristo. Hay pasajes en los que Pablo parece considerar la muerte como un sueño del que todos los seres humanos despertarán en alguna resurrección general futura (1 Corintios 1 S: Sl s; 1 Tesalonicenses 4:14,16); pero en este momento en que sentía sobre sí el aliento de la muerte, Pablo no la veía como un quedarse dormido, sino como la entrada inmediata a la presencia de su Señor. Si creemos en Jesucristo, para nosotros la muerte es unión y reunión, unión con Él y reunión con los que hemos amado y perdido por un tiempo.

En consecuencia, Pablo oscilaba entre dos deseos que tiraban de él en sentidos opuestos. La palabra que usa es synéjomai, que se usaría para describir la situación de un viajero que se encontrara entre un muro inescalable por un lado y un precipicio por el otro, sin más salida que seguir adelante; centre la espada y la pared» diríamos en español, aunque así se expresa el encontrarse uno entre dos males, y Pablo se encontraba entre dos bienes. Él prefería marcharse ya para estar con Cristo, que era con mucho lo mejor, salir ganando; pero por causa de sus amigos y de lo que todavía pudiera hacer por ellos deseaba seguir en esta vida. Y entonces viene el pensamiento de que la elección no depende de él, sino de Dios.

«Mi deseo es partir,» dice Pablo con una frase muy gráfica, usando la palabra analyein, que tiene varios significados. (i) Es la palabra que se usa para levantar el campamento, desatar las cuerdas de las tiendas de campaña, sacar las estacas y ponerse en marcha. La muerte es el último viaje. Se dice que en los días terribles de la Segunda Guerra Mundial, cuando la aviación británica se encontraba entre su país y la destrucción, y se sacrificaban las vidas de los pilotos, nunca decían que uno de ellos había perdido la vida, sino siempre que «le habían destinado al otro puesto.» En el himno de la Falange se decía también: «Si te dicen que caí, me fui al puesto que tengo allí.» Cada día nos encontramos una jornada más cerca de nuestro Hogar, hasta que la última levantemos la tienda definitivamente para ocupar nuestra morada permanente en el mundo de la gloria.

(ii) Es la palabra para soltar amarras, recoger el ancla y hacerse a la vela. Como decía el poeta: Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar…

La muerte es hacerse a la vela y partir en un viaje que conduce al puerto de la eternidad y a Dios.

(iii) Es la palabra para resolver problemas. La muerte aporta la solución a muchos de los problemas de la vida. Hay un lugar en el que se contestarán todas las preguntas de la vida, y donde los que han esperado comprenderán por fin.

Pablo está convencido de que quedará y seguirá con ellos. Hay aquí un juego de palabras en griego que no se puede reproducir en español. La palabra para quedar es ménein, y la de continuar es paraménein. Lightfoot sugiere en inglés bide and abide. Eso mantiene el juego de palabras pero no el sentido. El detalle está en que ménein quiere decir sencillamente permanecer con, mientras que paraménein (para quiere decir en griego al lado de) quiere decir esperar al lado de una persona dispuesto a ayudar. El deseo que tenía Pablo de seguir en esta vida no era para vivir para sí, sino para otros a los que podría seguir ayudando.

Así era que, si Pablo conservaba la vida para poder ir a verlos otra vez, ellos tendrían razones para sentirse orgullosos de Jesucristo. Es decir, podrían mirar a Pablo y ver en él un ejemplo luminoso de cómo, por medio de Cristo, una persona puede arrostrar lo peor sin alterarse ni atemorizarse. Es el deber de todo cristiano el confiar de tal manera que los demaáS-puedan ver en él lo que Cristo puede hacer por una persona que Le ha entregado su vida.

Ciudadanos del reino

Hay algo que debéis tener presente en cualesquiera circunstancias: vivid una vida que sea digna de los ciudadanos del Reino y del Evangelio de Cristo; para que, ya sea que vaya a veros o que me vaya a otro sitio, y oiga cómo os van las cosas, las noticias sean que os mantenéis innes,unidos en un mismo Espíritu, peleando unánimes la batalla de la fe del Evangelio, y sin dejaros intimidar por vuestros adversarios. Porque vuestra firmeza debe de serles una prueba de que son ellos los .que están condenados a la derrota, mientras que vosotros estáis destinados a la salvación y eso es cosa de Dios. Porque a vosotros se os ha concedido el privilegio de hacer algo por Cristo- el privilegio no sólo de creer en Él, sino también de sufrir por Él; porque vosotros tenéis la misma lucha en la que me habéis visto envuelto a mí, y que ahora oís que estoy librando.

No hay más que una cosa que sea esencial -independientemente de lo que les pase a ellos o a Pablo-:los filipenses deben vivir de una manera digna de la fe que profesan. Aquí Pablo escoge las palabras con cuidado. La versión antigua Reina-Valera decía desde la Biblia del Oso: « Solamente que converséis como es digno del evangelio de Cristo.» Eso resultaba confuso, porque ahora conversación y conversar quiere decir hablar; pero se deriva del latín, conversar¡, que quería decir conducirse, conducta. En el tiempo de Cervantes, la conversación de una persona no era solamente lo que hablaba con los demás, sino su comportamiento global. Por eso a partir de la revisión de 1960 se corrigió: «Solamente que os comportéis…» Eso y no otra cosa es lo que quiere decir aquí Pablo: «Que vuestra conducta sea la que corresponde a los que están consagrados a Cristo.»

Pero en esta ocasión hallamos una palabra que Pablo usa rara vez con este sentido. La que usaba corrientemente para conducirse en los asuntos normales de la vida era peripatein, literalmente andar; aquí usa politeúesthai, que la Vulgata tradujo por conversar¡ (Hechos 23:1 y aquí), pero que quiere decir etimológicamente ser ciudadano. Pablo estaba escribiendo desde la capital del Imperio Romano, desde Roma; él mismo era ciudadano romano, lo que le había llevado allí. Filipos era una colonia romana, y las tales eran pequeñas réplicas de Roma plantadas por todo el mundo, en las que los ciudadanos no olvidaban nunca que eran romanos: hablaban latín, llevaban ropa romana, daban nombres latinos a sus magistrados… por muy lejos que estuvieran de Roma. Así que Pablo les dice: « Vosotros y yo conocemos muy bien los privilegios y las responsabilidades de ser
ciudadanos romanos. Vosotros sabéis muy bien que hasta en Filipos, a tanta distancia de Roma, debéis vivir y actuar como romanos. Pues bien, tened presente que tenéis un deber aún más elevado que ese: estéis donde estéis debéis vivir como corresponde a ciudadanos del Reino de Dios.

¿Qué era lo que Pablo esperaba de ellos? Esperaba que se mantuvieran firmes. El mundo está lleno de cristianos en retirada que, cuando las cosas se ponen difíciles, ponen su cristianismo al ralenti. El verdadero cristiano se mantiene firme, sin avergonzarse de su fe en ninguna compañía. Espera unidad; deben estar vinculados en un mismo Espíritu como una banda de hermanos. Que se pelee el mundo; los cristianos deben estar unidos. Espera una cierta inconquistabilidad. A menudo el mal parece invencible; pero el cristiano no debe perder nunca la esperanza ni rendirse en la lucha. Espera un coraje templado y tranquilo. En tiempos de crisis, otros se ponen nerviosos y se desequilibran; el cristiano se mantendrá sereno, dueño de sí mismo y de la situación.

Si pueden ser así, darán tal ejemplo que los paganos se avergonzarán de su manera de vivir, se darán cuenta de que los cristianos tienen algo de lo que ellos carecen, y tratarán de participar de ello para poder sobrevivir.

Pablo no sugiere que las cosas sean fáciles. Cuando el Evangelio llegó por primera vez a Filipos, los filipenses vieron a Pablo librar su propia batalla. Le vieron azotado y encarcelado por la fe (Hechos 16:19). Sabían lo que estaba pasando cuando les escribió esta carta. Pero que tuvieran presente que un general escoge a sus mejores soldados para las misiones más difíciles, y que es un honor sufrir por Cristo. Se cuenta de un soldado veterano francés que intervino en una situación desesperada en la que había un recluta temblando de miedo. «¡Vamos! -le dijo el veterano-. Que tú y yo vamos a hacer algo bonito por Francia.» Así es que Pablo les dice a los filipenses: «Nos encontramos en medio del combate. Hagamos algo que valga la pena por Cristo.»

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