(i) En 1:4 encontramos el gozo de la oración cristiana, el gozo de presentar a los que amamos ante el trono de la misericordia de Dios.
George Reindrop, en su libro No Common Task -Una tarea nada corriente- , nos cuenta que una enfermera le enseñó una vez a orar a un hombre, cambiando así toda su vida de tal forma que el que había sido antes un tipo quejica y desanimado llegó a ser un hombre lleno de gozo. Casi todo el trabajo de la enfermera lo hacía con las manos, y las usaba como un es- quema de oración. Cada dedo representaba a alguien; el gordo era el que tenía más cerca, y le recordaba que orara por sus más próximos. El segundo dedo es el que se usa para señalar, y representaba a todos sus profesores en la escuela y en el hospital. El tercer dedo es el más « alto», y representaba a la gente importante, los dirigentes en todas las esferas de la vida. El cuarto dedo es el más flojo, como saben muy bien los pianistas, y representaba a todos los que están en problemas y pruebas. El meñique es el más pequeño y el menos importante, y para la enfermera la representaba a ella. Siempre debe haber gozo y paz profundos en presentarle a Dios en oración a nuestros seres queridos y a otros.
(ii) Está el gozo de que se predica a Jesucristo (1:18). Cuando uno experimenta una gran bendición, su primer instinto es compartirla; y hay gozo en pensar que se predica el Evangelio en todo el mundo para que otro y otro y otro se incorporen al amor de Cristo.
(iii) Existe el gozo de la fe (1:25). Si el Evangelio no nos hace felices, nada nos hará felices. Hay un tipo de supuesto cristianismo que es una verdadera tortura. El salmista decía: «Los que fijaron la mirada en Él se pusieron radiantes» (Salmo 34:5). Cuando bajó Moisés de la cumbre de la montaña le relucía el rostro. El Cristianismo es la fe del corazón feliz y el rostro radiante.
(iv) Existe el gozo de ver que los cristianos están en íntima comunión (2:2). Eso era lo que le hacía prorrumpir en alabanzas al salmista (Salmo 133:1): ¡Fijaos qué cosa tan preciosa es, y cuán maravillosa, el contemplar cómo conviven los hermanos en perfecta armonía!
No existe la paz para nadie donde y cuando se han roto las relaciones humanas y hay peleas entre las personas; y no hay panorama más maravilloso que el de una familia en la que todos están vinculados en amor mutuo, o el de una iglesia cuyos miembros están unidos entre sí porque están unidos a Jesucristo su Señor.
(v) Existe el gozo de sufrir por Cristo (2:17). En la hora de su martirio en la hoguera, Policarpo oraba: « Te doy gracias, Padre, porque me has considerado digno de esta hora.» El sufrir por Cristo es un privilegio, porque nos ofrece la oportunidad de demostrar sin lugar a duda nuestra lealtad, y colaborar en la edificación del Reino de Dios.
(vi) Existe el gozo de recibir noticias de nuestros seres queridos (2:28). La vida está llena de separaciones y de ausencias, y siempre produce gozo el tener noticias de nuestros amados de los que estamos separados temporalmente. Un gran predicador escocés habló una vez del gozo que se puede producir por el precio de un sello de correos. Vale la pena recordar lo fácil que es dar gozo a los que nos aman, y también lo fácil que es tenerlos en ansiedad, manteniéndonos en contacto con ellos o no.
(vii) Existe el gozo de la hospitalidad cristiana (2:29). Hay hogares de puerta cerrada, y hogares de puerta abierta. La puerta cerrada es la del egoísmo; la abierta, la de la bienvenida y el amor cristiano. Es una gran cosa tener una puerta a la que puede llamar el forastero o el que tiene problemas, seguro de que no la encontrará cerrada.
(viii) Existe el gozo de estar en Cristo (3:1; 4:1). Ya hemos visto que estar en Cristo es vivir en Su presencia como el pájaro vive en el aire, el pez en el agua y las raíces de la planta en la tierra. Nos es natural estar contentos cuando estamos con la persona amada; y Cristo es el Amador de Quien nada nos podrá separar nunca ni en el tiempo ni en la eternidad.
(ix) Existe el gozo de la persona que ha ganado a otra para Cristo (4:1). Los filipenses eran el gozo y la corona de Pablo porque había sido él el instrumento para traerlos a Jesucristo. Es el gozo de los padres, los maestros y los predicadores el de traer a otros, especialmente a los niños, al amor de Jesucristo. Sin duda el que disfruta de un gran privilegio no puede estar contento hasta que lo comparte con su familia y amigos. Y es que el evangelismo cristiano no es una obligación sino un gozo.
(x) Hay gozo en un regalo (4:10). Este gozo no consiste tanto en el regalo mismo, como en el hecho. de que se acuerden de uno y se preocupen por uno. Este es un gozo que podríamos producirles a otros mucho más a menudo de lo que lo hacemos.
El sacrificio cristiano
En el versículo 6 Pablo dice que tiene confianza en que Dios, que ha empezado una buena obra en los filipenses, la llevará a feliz término para que estén preparados para el día de Jesucristo. Hay aquí todo un cuadro en griego que no es posible reproducir en una traducción. El detalle está en que las palabras que usa Pablo para empezar (enárjesthai) y para completar (epitélein) son términos técnicos que se usaban para el comienzo y el final de un sacrificio. Había un ritual de iniciación en relación con un sacrificio griego. Se encendía una tea en el fuego del altar, y se metía en un cubo de agua para limpiarlo con la llama sagrada; con el agua bendita se rociaban la víctima y las personas que la ofrecían para dejarlos purificados y santificados.
