Como Pablo estaba en la cárcel esperando el juicio, tenía que asumir la realidad de que era impredictible si había de morir o de seguir viviendo; pero a él le daba lo mismo.
« El vivir –dice en frase lapidaria- quiere decir Cristo.» Para Pablo, Cristo había sido el principio de su vida, porque aquel día del camino de Damasco era como si su vida hubiera empezado totalmente de nuevo. Cristo había sido la continuación de su vida; no había habido nunca un día que Pablo no hubiera vivido en Su presencia, y en los más terribles momentos Cristo había estado con Él dándole ánimo (Hechos 18:9s). Cristo era el fin de su vida, porque era a Su continua presencia adonde conducía para Pablo la vida. Cristo era la inspiración de su vida; era la dinámica de su vida. Cristo había sido el Que le había dado a Pablo la tarea de vivir, porque había sido Él el Que le había hecho apóstol y le había enviado a evangelizar a los gentiles. Había sido Cristo el Que le había dado la fuerza para vivir, porque era la gracia todosuficiente de Cristo la que había alcanzado su plenitud en la debilidad de Pablo. Para él, Cristo era la recompensa de la vida, porque la única recompensa que valía la pena para Pablo era una comunión más íntima con su Señor. Si Cristo hubiera de desaparecer de su vida, a Pablo no le quedaría nada.
«Para mí -dice Pablo-, la muerte es una ganancia.» La muerte era la entrada en una presencia aún más íntima de Cristo. Hay pasajes en los que Pablo parece considerar la muerte como un sueño del que todos los seres humanos despertarán en alguna resurrección general futura (1 Corintios 1 S: Sl s; 1 Tesalonicenses 4:14,16); pero en este momento en que sentía sobre sí el aliento de la muerte, Pablo no la veía como un quedarse dormido, sino como la entrada inmediata a la presencia de su Señor. Si creemos en Jesucristo, para nosotros la muerte es unión y reunión, unión con Él y reunión con los que hemos amado y perdido por un tiempo.
En consecuencia, Pablo oscilaba entre dos deseos que tiraban de él en sentidos opuestos. La palabra que usa es synéjomai, que se usaría para describir la situación de un viajero que se encontrara entre un muro inescalable por un lado y un precipicio por el otro, sin más salida que seguir adelante; centre la espada y la pared» diríamos en español, aunque así se expresa el encontrarse uno entre dos males, y Pablo se encontraba entre dos bienes. Él prefería marcharse ya para estar con Cristo, que era con mucho lo mejor, salir ganando; pero por causa de sus amigos y de lo que todavía pudiera hacer por ellos deseaba seguir en esta vida. Y entonces viene el pensamiento de que la elección no depende de él, sino de Dios.
«Mi deseo es partir,» dice Pablo con una frase muy gráfica, usando la palabra analyein, que tiene varios significados. (i) Es la palabra que se usa para levantar el campamento, desatar las cuerdas de las tiendas de campaña, sacar las estacas y ponerse en marcha. La muerte es el último viaje. Se dice que en los días terribles de la Segunda Guerra Mundial, cuando la aviación británica se encontraba entre su país y la destrucción, y se sacrificaban las vidas de los pilotos, nunca decían que uno de ellos había perdido la vida, sino siempre que «le habían destinado al otro puesto.» En el himno de la Falange se decía también: «Si te dicen que caí, me fui al puesto que tengo allí.» Cada día nos encontramos una jornada más cerca de nuestro Hogar, hasta que la última levantemos la tienda definitivamente para ocupar nuestra morada permanente en el mundo de la gloria.
(ii) Es la palabra para soltar amarras, recoger el ancla y hacerse a la vela. Como decía el poeta: Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar…
La muerte es hacerse a la vela y partir en un viaje que conduce al puerto de la eternidad y a Dios.
(iii) Es la palabra para resolver problemas. La muerte aporta la solución a muchos de los problemas de la vida. Hay un lugar en el que se contestarán todas las preguntas de la vida, y donde los que han esperado comprenderán por fin.
Pablo está convencido de que quedará y seguirá con ellos. Hay aquí un juego de palabras en griego que no se puede reproducir en español. La palabra para quedar es ménein, y la de continuar es paraménein. Lightfoot sugiere en inglés bide and abide. Eso mantiene el juego de palabras pero no el sentido. El detalle está en que ménein quiere decir sencillamente permanecer con, mientras que paraménein (para quiere decir en griego al lado de) quiere decir esperar al lado de una persona dispuesto a ayudar. El deseo que tenía Pablo de seguir en esta vida no era para vivir para sí, sino para otros a los que podría seguir ayudando.
Así era que, si Pablo conservaba la vida para poder ir a verlos otra vez, ellos tendrían razones para sentirse orgullosos de Jesucristo. Es decir, podrían mirar a Pablo y ver en él un ejemplo luminoso de cómo, por medio de Cristo, una persona puede arrostrar lo peor sin alterarse ni atemorizarse. Es el deber de todo cristiano el confiar de tal manera que los demaáS-puedan ver en él lo que Cristo puede hacer por una persona que Le ha entregado su vida.
Ciudadanos del reino
Hay algo que debéis tener presente en cualesquiera circunstancias: vivid una vida que sea digna de los ciudadanos del Reino y del Evangelio de Cristo; para que, ya sea que vaya a veros o que me vaya a otro sitio, y oiga cómo os van las cosas, las noticias sean que os mantenéis innes,unidos en un mismo Espíritu, peleando unánimes la batalla de la fe del Evangelio, y sin dejaros intimidar por vuestros adversarios. Porque vuestra firmeza debe de serles una prueba de que son ellos los .que están condenados a la derrota, mientras que vosotros estáis destinados a la salvación y eso es cosa de Dios. Porque a vosotros se os ha concedido el privilegio de hacer algo por Cristo- el privilegio no sólo de creer en Él, sino también de sufrir por Él; porque vosotros tenéis la misma lucha en la que me habéis visto envuelto a mí, y que ahora oís que estoy librando.
