Por último, Pablo establece el objetivo del cristiano. Es vivir de tal manera que se den a Dios la gloria y la alabanza. El cristiano no se propone obtener honores por su bondad para sí mismo, sino para Dios. El cristiano sabe, y atestigua, que es como es, no por su propio esfuerzo y sin ayuda de nadie, sino solamente por la gracia de Dios.
Los lazos que destruyen las barreras
Quiero que sepáis, hermanos, que todo lo que me ha sucedido ha redundado más en el avance del Evangelio, porque le ha demostrado a toda la guardia pretoriana y a todos los demás que no estoy preso nada más que por la causa de Cristo, y que lo sobrellevo con la fuerza de Cristo; y el resultado es que, por estar yo en la cárcel, más hermanos han recibido confianza en el Señor para atreverse más abierta e intrépidamente a hablar la Palabra de Dios. Pablo estaba preso; pero, lejos de que esa circunstancia pusiera fin a su actividad misionera, la extendió, tanto por su parte como por la de otros. De hecho, las cadenas echaron abajo las barreras. La palabra que usa Pablo para el avance del Evangelio es sumamente gráfica: prokopé, que es la que se usaría para el avance de un ejército o de una expedición militar. Es el nombre del verbo prokóptein, que quiere decir cortar avanzando, que se usa para cortar los árboles y la maleza y derribar las barreras a medida que se produce el avance de un ejército. El encarcelamiento de Pablo, lejos de cerrar la puerta, la abrió a nuevas esferas de trabajo y actividad en las que no habría penetrado de otra manera.
Pablo, viendo que no podía esperar justicia en Palestina, había apelado a César, cosa que podía hacer cualquier ciudadano romano. A su debido tiempo le habían despachado para Roma bajo escolta militar; y, cuando llegó allí, le dejaron al cuidado del « capitán de la guardia» y le permitieron vivir por su cuenta al cuidado de un soldado de guardia (Hechos 28:16). Por último, aunque seguía bajo guardia, se le permitió estar en una casa de alquiler (Hechos 28:30), lo que le permitía recibir a todos los que quisieran visitarle.
La palabra que hemos traducido por la guardia pretoriana es praitórion, que puede referirse o a un lugar o a un grupo de personas.
Cuando se refiere al lugar tiene tres significados.
(i) En su origen quería decir el puesto de mando de un general en campaña, la tienda desde la que daba las órdenes y dirigía las operaciones.
(ii) De ahí pasó naturalmente a significar la residencia del general, que podía querer decir la del emperador; es decir, su palacio, aunque son raros los ejemplos de este uso.
(iii) Con otro paso natural llegó a significar una mansión extensa o villa, la residencia de alguna persona rica e influyente. Aquí praitórion no puede tener ninguno de estos significados, porque está claro que Pablo se encontraba en su casa de alquiler, y no hace sentido que su casa estuviera en el palacio del emperador.
Así es que pasamos al otro sentido de praitórion: un cuerpo de personas, la guardia pretoriana, o más raramente su cuartel. Podemos dejar de lado este último significado porque no hace sentido que Pablo tuviera una residencia alquilada en el cuartel romano.
La guardia pretoriana era la guardia imperial romana. La había instituido Augusto, y constaba de un ejército de diez mil soldados escogidos. Augusto los había mantenido dispersos por toda Roma y las ciudades circundantes. Tiberio los había concentrado en Roma en un campamento especialmente construido y fortificado. Vitelio había aumentado su número a dieciséis mil. Tenían un servicio de doce, y luego de dieciséis años. Cuando se licenciaban recibían la ciudadanía romana y una cantidad de dinero equivalente a 25,000 pesetas. (Pero recuérdese que el sueldo de un obrero era de diez pesetas al día). Posteriormente llegaron a ser algo así como el cuerpo de guardia especial del emperador; y finalmente se convirtieron en todo un problema, porque estaban concentrados en Roma, y llegaron a ser los que quitaban y ponían emperador, porque era su candidato el que quedaba elegido siempre, ya que podían imponérsele a la fuerza al populacho si era necesario. Fue al prefecto de la guardia pretoriana, el comandante en jefe, al que entregaron a Pablo cuando llegó a Roma.
Pablo dice que estaba prisionero o en cadenas. Les dice a los cristianos romanos que, aunque no ha hecho nada malo, fue entregado prisionero (desmios) a manos de los romanos (Hechos 28:17). En Filipenses menciona varias veces su prisión (Filipenses 1:7,13,14). En Colosenses dice que está en prisión, o en cadenas, por la causa de Cristo, y les pide a los colosenses que recuerden sus cadenas (Colosenses 4:3,18). En Filemón se llama a sí mismo prisionero de Jesucristo, y habla de las cadenas del Evangelio (Filemón 9,13). En Efesios vuelve a llamarse prisionero de Jesucristo (Efesios 3:1).
