Pablo estaba convencido de que la situación en que se encontraba conduciría a su salvación. Hasta la cárcel, y la casi hostil predicación,de sus enemigos personales, acabarían por conducir a su salvación. ¿Qué quería decir con eso de su salvación? La palabra que usa es sótería, que puede tener aquí tres posibles sentidos.
(i) Puede querer decir su seguridad, en cuyo caso Pablo querría decir que estaba seguro de que el asunto terminaría en su liberación. Pero no es probable que quiera decir eso aquí, porque Pablo pasa a decir que no está seguro de si será mediante su vida o mediante su muerte.
(ii) Puede querer decir su salvación en el Cielo. En ese caso Pablo estaría diciendo que su conducta en la ocasión que le brinda esta situación será su testimonio en el día del juicio. Aquí hay una gran verdad. En cualquier situación de oportunidad o desafío, una persona no actúa para el tiempo, sino para la eternidad. La reacción de una persona en una situación en el tiempo es un testigo a su favor o en su contra en la eternidad.
(iii) Pero sótéría puede tener un sentido más amplio que cualquiera de éstos. Puede querer decir salud, bienestar general.
Puede que Pablo esté diciendo que todo lo que le está sucediendo en esta situación sumamente difícil es lo mejor que le puede ocurrir tanto en el tiempo como en la eternidad. «Dios me puso en esta situación; y Dios quiere que, con todos sus problemas y dificultades, contribuya a mi felicidad y utilidad en el tiempo, y para mi gozo y paz en la eternidad.»
En esta situación Pablo sabe que tiene dos grandes ayudadores.
(i) Tiene la ayuda de las oraciones de sus amigos. Una de las cosas más preciosas de las cartas de Pablo es la manera que tiene de pedir las oraciones de sus amigos. «Hermanos -escribe a los tesalonicenses-, orad por nosotros.» «Por último, hermanos -escribe-, orad por nosotros para que la Palabra de Dios prospere y triunfe» (1 Tesalonicenses 5:25; 2 Tesalonicenses 3:1 s).
Les dice a los corintios: «Ayudadnos por medio de la oración» (2 Corintios 1:11). Escribe que está seguro de que mediante las oraciones de Filemón volverá a estar con sus amigos (Filemón 22). Antes de iniciar su peligroso viaje a Jerusalén, escribe a la iglesia de Roma para pedirle sus oraciones (Romanos 15:30-32).
Pablo no se consideró nunca tan grande como para no necesitar las oraciones de sus amigos. Nunca hablaba a los demás como si él pudiera hacerlo todo y ellos nada; siempre les recordaba que ni él ni ellos podían hacer nada sin la ayuda de Dios.
Aquí hay algo que debemos recordar. Cuando hay personas que están en aflicción, uno de sus mayores consuelos es la seguridad de que otros las están apoyando ante el trono de la gracia. Cuando tienen que arrostrar algún esfuerzo extraordinario o alguna decisión demoledora, reciben nuevas fuerzas al recordar que otros están recordándolos delante de Dios. Cuando tienen que ir a nuevos lugares y estar lejos de casa, es animador saber que las oraciones de sus seres queridos cruzan los continentes para llevarlos ante el trono de la`gracia. No podemos llamar a nadie nuestro amigo a menos que oremos por él.
(ii) Pablo sabe que tiene la ayuda del Espíritu Santo. Su presencia es el cumplimiento de la promesa de Jesús de que estaría con nosotros hasta el fin del mundo.
En toda esta situación, Pablo tiene una expectación y una esperanza. La palabra que usa para expectación es muy gráfica e infrecuente; nadie la usó antes que Pablo, y puede ser que fuera él el que ya acuñara. Es apokaradokía. Apó quiere decir lejos de, kara es la cabeza y dokein es mirar; así es que apokaradokía es la mirada ansiosa e intensa, que se aparta de todo lo demás para fijarse en un solo objeto del deseo. La esperanza de Pablo es no tener nunca que callarse por vergüenza o por cobardía o por sentimiento de inutilidad. Pablo está seguro de que en Cristo hallará el coraje para no avergonzarse nunca del Evangelio; y de que por medio de Cristo sus trabajos resultarán eficaces para que los vean todos. J. B. Lightfoot escribe: «El derecho de hacer uso de la palabra es el emblema, el privilegio del siervo de Cristo.» El decir la verdad con valentía no es sólo el privilegio del siervo de Cristo, sino también su deber.
Así es que, si Pablo aprovecha la oportunidad valerosa y eficazmente, Cristo será glorificado en él. No importa cómo le vaya. Si muere, recibirá la corona del martirio; si vive, tendrá el privilegio de seguir predicando y testificando de Cristo. Como lo expresaba Ellicott noblemente, Pablo está diciendo: «Mi cuerpo será el teatro en el que se desplegará la gloria de Cristo.»
Aquí tenemos la tremenda responsabilidad del cristiano. Una vez que hemos aceptado a Cristo, Le producimos gloria o vergüenza con nuestra vida y conducta. Al dirigente se le juzga por sus seguidores; y así a Cristo se Le juzga por nosotros.
En vida o en muerte
Porque para mí la vida no es otra cosa que Cristo, y la muerte es una ganancia. No obstante, ¿qué si el seguir viviendo físicamente me permitiera producir más fruto? Entonces no sabría qué escoger; me encuentro indeciso entre dos cosas buenas; porque, por una parte, ya tengo ganas de levantar la tienda y estar con Cristo, que es lo mejor de todo; pero por causa de vosotros me resulta más importante seguir en este mundo. De esto último estoy confiadamente seguro: de que quedaré para estar con vosotros y a vuestro lado para ayudaros a proseguir vuestro camino y para aumentar el gozo de vuestra fe, para daros todavía más motivos para estar orgullosos de Cristo por causa de mí cuando vuelva a visitaros una vez más.
