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Filipenses 4: Las grandes cosas en el Señor

Al ir llegando al final de su carta, Pablo expresa muy cordialmente su agradecimiento por lo que le han mandado los hermanos filipenses. Sabía que le habían tenido siempre presente en su mente y oraciones, pero las circunstancias hasta el momento no les había deparado oportunidad para demostrárselo.

No era que no estuviera conforme con sus circunstancias, porque había aprendido a ser independiente. Pablo emplea una de las grandes palabras de la ética pagana (autárkés), que quiere decir totalmente autosuficiente. Autárkeia, autosuficiencia, era la meta suprema de j la ética estoica; por ella entendían los estoicos un estado mental en el que el hombre era totalmente independiente de todas las cosas y de todas las personas. Se proponían llegar a ese estado siguiendo un proceso mental.

(i) Se proponían eliminar todos los deseos. Los estoicos creían acertadamente que la autosuficiencia no consistía en poseer mucho, sino en desear poco: «Si queréis hacer feliz a un hombre decían-, no aumentéis sus posesiones, sino reducid sus deseos.» A Sócrates le preguntaron una vez quién era el hombre más rico. Contestó: « El que se contenta con menos, porque autárkeia es la riqueza de la naturaleza.» Los estoicos creían que la única manera de llegar a la autosuficiencia era abolir todo deseo hasta que uno llegaba a la situación en que nada ni nadie le era esencial.

(ii) Proponían eliminar toda emoción hasta que uno llegaba a la situación en la que dejaba de importarle lo que le sucediera a él o a ningún otro. Decía Epicteto: « Empieza con una taza o con cualquier otro utensilio casero. Si se te rompe, di: «No me importa.» Pasa a un caballo o a un perro doméstico; si le pasa algo, di: «No me importa.» Pasa a ti mismo, y si te haces daño o sufres de alguna manera, di: «No me importa.» Si perseveras en esta actitud, y si la mantienes en serio, llegarás a la situación en que puedas ver sufrir y aun morir a la persona que te sea más querida, y decir: «No me importa.»» La meta de los estoicos era abolir todo sentimiento del corazón humano.

(iii) Esto se tenía que hacer mediante un acto deliberado de la mente que veía en todo la voluntad de Dios. Los estoicos creían que no había absolutamente nada que pudiera suceder que no fuera la voluntad de Dios. Por muy doloroso que fuera, por muy desastroso que pareciera, era la voluntad de Dios. Por tanto, era inútil tratar de resistirse; uno tenía que endurecerse y aceptar absolutamente todo.
Para llegar a la autosuficiencia, los estoicos abolían todos los deseos y eliminaban todas las emociones. Se desarraigaba de la vida el amor y se prohibía el interés. Como dice T. R. Glover: « Los estoicos convertían el corazón en un desierto, y le llamaban paz.»

Vemos en seguida la diferencia entre los estoicos y Pablo. Los estoicos decían: « Aprenderé a ser autosuficiente mediante un acto de mi propia voluntad.» Pablo decía: «Todo lo puedo arrostrar gracias al Cristo Que me infunde las fuerzas.» Para los estoicos, la autosuficiencia era un logro humano; para Pablo era un don divino. El estoico era auto- suficiente; Pablo era Dios- suficiente. El estoicismo fracasaba porque no era humano; el Cristianismo triunfa porque está enraizado en lo divino.

Pablo podía arrostrar cualquier cosa, porque en toda situación tenía a Cristo; la persona que camina con Cristo puede arrostrarlo todo.

La verdadera valía de un donativo

De todas maneras, os agradezco mucho que estuvierais dispuestos a compartir la carga de mis problemas. Ya sabéis vosotros, amigos filipenses, que al principio de la labor evangelizadora, cuando salí para Macedonia, ninguna iglesia se asoció conmigo dando y recibiendo más que vosotros, porque a Tesalónica me enviasteis para ayudarme en mis necesidades, no una, sino hasta dos veces. No es que esté esperando regalos; lo que estoy buscando es el fruto de vuestra fe que acrecienta vuestra cuenta. Yo tengo ya lo necesario, y mucho más, en todos sentidos. Estoy bien aprovisionado ahora que he recibido por medio de Epafrodito el donativo que me ha llegado de vosotros, olor de dulce aroma, un sacrificio aceptable, agradable a Dios. Y mi Dios suplirá generosamente todas vuestras necesidades conforme a Sus riquezas en Jesucristo. ¡Gloria sea a nuestro Dios y Padre para siempre jamás! Amén.

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