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Filipenses 4: Las grandes cosas en el Señor

(i) Pablo insiste en que podemos llevar absolutamente- todo a Dios en oración. Como se ha dicho hermosamente: «No hay nada demasiado grande para el poder de Dios; ni nada demasiado pequeño para Su cuidado paternal.» Un niño puede llevarle todo a su padre o madre, seguro de que sea lo que sea lo que le suceda encontrará interés: sus pequeños triunfos o desilusiones, sus heridas o cortes pasajeros; de la misma manera podemos nosotros llevarle nuestras cosas a Dios, seguros de Su interés y ayuda.

(ii) Podemos presentarle nuestras oraciones, nuestras súplicas y nuestras peticiones a Dios; podemos orar por nosotros mismos. Podemos pedirle perdón por el pasado, podemos pedirle las cosas que necesitamos en el presente, y la ayuda y dirección para el futuro. Podemos llevar nuestro pasado y presente y futuro a la presencia de Dios. Podemos orar por otros.

Podemos encomendar al cuidado de Dios a los que tenemos cerca y lejos que están en el ámbito de nuestra memoria y de nuestro corazón.

(iii) Pablo establece que «la acción de gracias debe ser el acompañamiento universal de la oración.» El cristiano debe tener el sentimiento, como ha dicho alguien, de que toda su vida está, como si dijéramos, suspendida entre bendiciones pasadas y presentes.» Todas las oraciones deben incluir, sin duda, el dar gracias por el gran privilegio de la misma oración. Pablo insiste en que debemos dar gracias en todo, en el dolor y en la alegría igualmente. Esto implica dos cosas: gratitud, y perfecta sumisión a la voluntad de Dios. Sólo cuando estamos totalmente convencidos de que Dios hace todas las cosas bien y para bien podemos realmente sentir hacia Él la perfecta gratitud que demanda la oración creyente.

Cuando oramos, debemos siempre recordar tres cosas. Debemos recordar el amor de Dios, que siempre desea sólo lo mejor para nosotros. Debemos recordar la sabiduría de Dios, Que es el único que sabe lo que es mejor para nosotros. Debemos recordar el poder de Dios, Que es el único que puede hacer que suceda lo que es mejor para nosotros. El que ore con una confianza perfecta en el amor, la sabiduría y el poder de Dios encontrará la paz de Dios.

El resultado de la oración creyente es que la paz de Dios será el centinela que guarde nuestros corazones. La palabra que usa Pablo (frurein) es el término militar para montar la guardia. Esa paz de Dios, dice Pablo, como dice la ReinaValera, sobrepasa todo entendimiento. Eso no quiere decir que sea tan misteriosa que la mente humana no la pueda entender, aunque eso también es cierto. Quiere decir que la paz de Dios es tan preciosa que la mente humana, con toda su habilidad y conocimiento, nunca la puede producir; no es algo que uno se puede ingeniar; es exclusivamente un don de Dios. El camino a la paz consiste en confiarnos a nosotros mismos y todo lo que nos es querido en las amorosas manos de Dios.

Los verdaderos países de la mente

Creo que solo me falta por decir, hermanos, que vuestro pensamiento se debe concentrar en todo lo que sea auténtico, en todo lo que esté revestido de la dignidad de la santidad, en todo lo que sea correcto, en todo lo que sea puro, en todo lo que merezca amor, en todo lo que sea bienhablado, en todo lo que se reconozca excelente, y en todo lo que gane la alabanza de las personas. Debéis perseverar en poner en práctica las lecciones que habéis recibido de mí y el ejemplo que os he dado en palabra y en acción. Así el Dios de la paz estará con vosotros.

La mente humana se tiene que concentrar en algo, y Pablo quería estar seguro de que los filipenses se concentraran en cosas que valieran la pena. Esto es algo de suprema importancia porque es una ley de vida que si uno piensa en algo con suficiente frecuencia e intensidad llegará al punto en que no pueda dejar de pensar en ello:-Sus pensamientos discurrirán literalmente por un cauce del que no se podrán salir. Es por tanto de la mayor importancia el que concentremos nuestro pensamiento en cosas buenas, y Pablo hace una lista de algunas de ellas.

Hay cosas que son auténticas. Muchas de las cosas de este mundo son engañosas e ilusorias, prometen lo que no pueden cumplir, ofrecen una paz imaginaria y una felicidad inalcanzable. Uno debe siempre fijar su pensamiento en cosas que no le fallen.

Hay cosas que son, como dice la Reina-Valera, honestas. Este es un uso clásico de la palabra en el sentido de probo, recto, honrado, como defina el D.R.A.E. en la acepción 4. Otras traducciones ponen decorosas (B.C.), respetable (RV›77, N.B.E.), honorable (R-V.A.), noble (HA, L.B.).

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