Es verdad que esta persecución estuvo confinada originalmente a Roma; pero así se abrió la puerta de la persecución, y por todas partes fueron los cristianos víctimas del populacho. Moffatt escribe: Después de que la marea nerónica hubo pasado de la capital, su inundación alcanzó las últimas costas de las provincias; la dramática publicidad del castigo debe de haber extendido el nombre de cristiano urbi et orbi, a lo ancho y a lo largo de todo el imperio; las provincias recibirían pronto la noticia, y cuando desearan una conflagración similar a costa de los leales cristianos, todo lo que necesitarían sería un procónsul que quisiera gratificar sus deseos y algún discípulo sobresaliente que sirviera de víctima.
Porque, a partir de entonces, los cristianos habrían de vivir bajo esa amenaza. El populacho de las ciudades romanas sabía lo que había sucedido en Roma, y siempre habría malsines que hicieran su blanco a los cristianos. Había situaciones en las que la masa deseaba la sangre, y había gobernadores dispuestos a complacer su ansia sanguinaria. No era sólo la ley romana, sino también el deseo de linchar a quien fuera lo que amenazaba a los cristianos.
De entonces en adelante, los cristianos estaban en peligro de muerte. Podrían pasar años sin que sucediera nada; y, de pronto, una chispa podría provocar una explosión, y empezaría el terror. Esa era la situación de trasfondo de la Primera de Pedro; por eso Pedro llama a los suyos a la esperanza, y al valor, y a esa maravillosa vida cristiana que es lo único que puede dar el mentís a las calumnias con las que los atacaban, y que eran la razón para que se tomaran medidas contra ellos. Primera de Pedro no se escribió para salir al paso de ninguna herejía, sino para fortalecer a hombres y mujeres que estaban en constante peligro de muerte.
Las dudas
Hemos expuesto extensamente los argumentos a favor de que Pedro fue realmente el autor de la primera carta que lleva su nombre. Pero, como ya dijimos, no pocos comentaristas de primera clase han considerado que no puede haber sido así. Nosotros creemos que Pedro fue el autor de la carta; pero, honradamente, tenemos que presentar el otro punto de vista; y lo haremos siguiendo al capítulo que dedica B. H. Streeter a Primera de Pedro en su libro sobre La Iglesia Primitiva.
Extraños silencios
Bigg escribe en su introducción: «No hay otro libro en el Nuevo Testamento que tenga una confirmación más antigua, segura y mejor que Primera de Pedro. » Es verdad que Eusebio, el gran investigador e historiador de la Iglesia del siglo IV, incluye Primera de Pedro entre los libros aceptados universalmente en la Iglesia Primitiva como parte de la Sagrada Escritura (Eusebio, Historia eclesiástica 3:25.2). Pero hay que señalar algunas cosas.
(a) Eusebio aduce ciertas citas de autores anteriores para demostrar su convicción de que Primera de Pedro se aceptaba universalmente. Esto nunca lo hace en relación con los evangelios o las cartas de Pablo; y el mismo hecho de que se sienta llamado a presentar esta evidencia en el caso de Primera de Pedro podría indicar que aquí si tenía que demostrarlo, aunque no en relación con los otros libros mencionados. ¿Tenía Eusebio sus dudas? ¿O había otras personas a las que tenía que convencer?
¿O no era tan unánime la aceptación universal de Primera de Pedro después de todo?
(b) En su libro EL canon del Nuevo Testamento, Westcott notaba que, aunque nadie había cuestionado el derecho de Primera de Pedro a formar parte del Nuevo Testamento, sorprende que fueran pocos entre los primeros padres los que la citaran; y aún más sorprendente, muy pocos de los primeros padres occidentales y especialmente en Roma. Tertuliano citaba la Sagrada Escritura pródigamente. En sus escritos hay 7,258 citas del Nuevo Testamento, pero sólo dos de ellas son de Primera de Pedro. Si fue Pedro el que la escribió, y desde Roma, esperaríamos que allí se conociera bien, y que se usara ampliamente en la Iglesia de Occidente.
(c) La primera lista oficial de los libros del Nuevo Testamento que se conoce es el Canon de Muratori, del nombre del cardenal que la descubrió. Incluye los libros del Nuevo Testamento que se aceptaban en la iglesia de Roma hacia el año 170 d.C. Es un hecho sorprendente que Primera de Pedro no aparece. Se puede decir razonablemente que el Canon de Muratori tal como lo poseemos es defectuoso y que originalmente puede que incluyera una referencia a Primera de Pedro; pero esa objeción queda debilitada por lo siguiente.
(d) Es un hecho que Primera de Pedro no estaba todavía en el Nuevo Testamento de la iglesia siria hacia el año 373 d.C. No se incluyó hasta que se hizo la versión siríaca de la Biblia, Pesitta, hacia el 400 d.C. Sabemos que fue Taciano el que llevó los libros del Nuevo Testamento a la iglesia de habla siríaca; y los llevó a Siria desde Roma cuando fue a Edesa y fundó la iglesia allí en el año 172 d.C. Podría decirse, por tanto, que el Canon de Muratori es correcto tal como lo poseemos, y que Primera de Pedro todavía no formaba parte del Nuevo Testamento de la iglesia de Roma hacia el año 170 d.C. Esto es difícil de explicar si fue Pedro el que la escribió, y precisamente en Roma.
