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Introducción a la primera carta de Pedro

Cuando se agrupan todos estos hechos, parece que hay ciertos extraños silencios en relación con Primera de Pedro, y que su confirmación puede que no sea tan firme como se pensaba.

1 Pedro y Efesios

Se sugiere que Primera de Pedro está citando a Efesios. Aunque Efesios tiene que haberse escrito alrededor del año 64 d.C., las cartas de Pablo no se editaron hasta eso del año 90 d.C. Si Pedro estaba escribiendo hacia el año 64 d.C. también, ¿cómo podría conocer Efesios?

Este es un planteamiento al que se puede contestar de varias maneras. (a) Las exhortaciones a los esclavos, maridos y mujeres son parte de una enseñanza ética estandarizada que se daba a todos los conversos en todas las iglesias. Pedro no estaba tomándolo prestado de Pablo; los dos estaban usando fuentes comunes. (b) Todas las semejanzas citadas se pueden explicar fácilmente por el hecho de ser expresiones corrientes en la Iglesia Primitiva. Por ejemplo: «¡Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!» era parte del lenguaje devocional universal de la Iglesia Primitiva, que tanto Pedro como Pablo conocerían y usarían sin tomarlo el uno del otro. (c) Aun en el caso de que hubiera préstamos personales, no es ni mucho menos cierto que Primera de Pedro lo tomara de Efesios; el préstamo podría haber sido a la inversa, que es lo más probable, porque Primera de Pedro es mucho más sencilla que Efesios. (d) Por último, aunque Primera de Pedro reprodujera algo de Efesios, si Pedro y Pablo estaban en Roma por el mismo tiempo, es perfectamente posible que Pedro pudiera haber visto una copia de Efesios antes que se enviara a Asia Menor, y puede que conversara con Pablo acerca de algunas de sus ideas.

La sugerencia de que Primera de Pedro tiene que ser posterior porque cita de Efesios nos parece muy poco segura, y probablemente equivocada.

Vuestro compañero en el ministerio de anciano

Se objeta que no es comprensible que Pedro escribiera la frase: «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos» (1 Pedro 5:1). Se mantiene que Pedro no podría llamarse sencillamente anciano; era apóstol, y como tal tenía un ministerio distinto del de los ancianos. El ministerio de apóstol se caracterizaba por tener una obra y una autoridad que no se limitaban a una congregación local como los ancianos, sino que se extendían por toda la Iglesia.

Eso es perfectamente cierto; pero conviene recordar que entre los judíos no había puesto más honrado universalmente que el de anciano, que tenía el respeto de toda la comunidad y de quien toda la comunidad buscaba dirección en sus problemas y decisión en sus disputas. Pedro, como judío, no consideraría que estaba diciendo nada inexacto al llamarse anciano; además, al hacerlo así estaba evitando la pretensión consciente de una autoridad que el título de apóstol conllevaría, e identificándose cortésmente con los destinatarios de su carta.

Testigo de los sufrimientos de Cristo

Se objeta que Pedro no podía atribuirse el ser testigo de la pasión de Cristo, porque huyó con los demás después del prendimiento en Getsemaní (Mateo 26:56); y, aparte del Discípulo amado, ningún otro fue testigo de la Cruz (Juan 19: 26s). Se podría llamar testigo de la resurrección, que era una de las características de los apóstoles (Hechos 1:22); pero no fue testigo de la Cruz. En cierto sentido, eso no se puede negar. Pero Pedro no pretende aquí haber sido testigo de la crucifixión, sino de los padecimientos de Cristo, y es cierto que él vio a Cristo sufrir al ser rechazado constantemente por los hombres, en los momentos angustiosos de la última Cena y de Getsemaní, y en aquel momento inolvidable para él cuando, después de negarle, Su Maestro se volvió hacia él y le miró (Lucas 22:61). Será una crítica pedestre e insensible la que le niegue a Pedro el derecho a decir que había sido testigo de los padecimientos de Cristo.

Persecución por el nombre

La principal razón para asignarle a Primera de Pedro una fecha tardía son sus referencias a la persecución. Se supone que en Primera de Pedro se implica que ya era un crimen ser cristiano, y que los cristianos eran llevados a los tribunales por el solo delito de su fe. Primera de Pedro habla de ser vituperados por el nombre de Cristo (4:14); y de sufrir como cristianos (4:16). Se dice que no se llegó a ese estado hasta después del año 100 d.C., ya que antes la persecución se hacía sobre la base de una supuesta culpabilidad, como en tiempos de Nerón.

No hay duda que esta era la ley hacia el año 112 d.C. Por entonces Plinio, gobernador de Bitinia y amigo personal del emperador Trajano, le escribió informándole y pidiéndole consejo sobre cómo debía tratar a los cristianos. Plinio se daba cuenta perfectamente de que eran ciudadanos leales a los que no se podía acusar de ningún crimen. Le decían que « tenían costumbre de reunirse ciertos días antes de salir el sol, y cantar alternadamente himnos a Cristo como Dios; que se habían comprometido mediante juramento, no para realizar ningún crimen, sino para no cometer fraude, ni robo, ni asalto, ni adulterio, ni a faltar a su palabra ni negar un depósito cuando se les demandara.» Plinio aceptaba todo eso; pero, cuando se los presentaban a juicio, él no les hacía más que una pregunta: « Les he preguntado si eran cristianos. A los que se confesaban tales, se lo preguntaba una segunda y una tercera vez, amenazándolos con castigarlos. A los que persistían, daba orden de que los condujeran a su ejecución.» Su único crimen era ser cristianos.

Trajano contestó a Plinio que eso era lo que había que hacer, y que el que negara ser cristiano y lo demostrara sacrificando a los dioses debía ser puesto en libertad inmediatamente. Por esa correspondencia sabemos que había muchas acusaciones contra los cristianos; y Trajano estableció que no había que tener en cuenta ni actuar sobre la base de cartas anónimas de acusación (Plinio, Cartas 96 y 97).

Se supone que esta etapa de la persecución no se presentó hasta el tiempo de Trajano; y que Primera de Pedro, por tanto, implica una situación que debe ser por lo menos de ese tiempo.

La única forma de zanjar esto es trazando el progreso de la persecución y las razones para ella en el imperio romano.

Podemos hacerlo exponiendo un hecho fundamental y tres desarrollos de él.

(i) Bajo el sistema romano, las religiones se dividían en dos clases. Estaban las que se llamaban religiones licitae, religiones permitidas; eran reconocidas por el estado, y cualquier persona las podía practicar. Y estaban las religiones illicitae, que estaban prohibidas por el estado y era ilegal su práctica bajo la ley penal. Se debe hacer constar que la tolerancia romana era muy considerable; y que cualquier religión que no afectara la moralidad ni el orden público podía permitirse.

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