(ii) El judaísmo era religio licita; y en un principio, los romanos, como es natural, no advertían la diferencia entre el judaísmo y el Cristianismo. El Cristianismo, por lo que podían comprender, no era más que una secta del judaísmo; y cualquier tensión que surgiera entre ambos era cuestión de rivalidad privada en la que no quería meterse el gobierno. Debido a esto, el Cristianismo no corrió peligro de ser perseguido en los primeros tiempos. Gozaba de la misma libertad de culto que el judaísmo, porque se suponía que era religio licita.
(iii) La intervención de Nerón cambió la situación. Se produjera como fuera, muy probablemente por la directa intervención de los judíos, el gobierno romano descubrió que el judaísmo y el Cristianismo eran diferentes. Es verdad que Nerón empezó a perseguir a los cristianos, no por ser cristianos, sino por atribuirles la autoría del fuego de Roma. Pero el hecho era que el gobierno había descubierto que el Cristianismo era otra religión distinta del judaísmo.
(iv) La consecuencia fue inmediata e inevitable: el Cristianismo se convirtió en una religión prohibida y los cristianos se encontraron fuera de la ley. En el escritor latino Suetonio tenemos evidencia directa de que eso fue exactamente lo que sucedió.
Nos da una especie de lista de las reformas legislativas iniciadas por Nerón: Durante su reinado, se castigaron severamente y se suprimieron muchos abusos, y se promulgaron no pocas nuevas leyes. Se puso un límite a los gastos: los banquetes públicos se redujeron a distribución de alimentos; porque se prohibió la venta de cualquier tipo de comidas precocinadas en las tabernas a excepción de legumbres y verduras, mientras que antes se exponían a la venta toda clase de tapas. Se impusieron castigos a los cristianos, una clase de personas dadas a una nueva superstición malévola. Puso fin a las diversiones de los conductores de carrozas, que reclamaban el derecho adquirido de armar movidas y divertirse engañando y robando a la gente. Los actores de pantomimas y sus partidarios fueron desterrados de la ciudad.
Hemos citado este pasaje completo porque es la prueba de que en tiempos de Nerón el castigo de los cristianos había llegado a ser una cuestión policial como otra cualquiera. Está suficientemente claro que no tenemos que esperar hasta el tiempo de Trajano para que el solo ser cristiano fuera un crimen. En cualquier tiempo a partir de Nerón, un cristiano estaba expuesto a castigo y muerte simplemente por el nombre que llevaba.
Esto no quiere decir que la persecución fuera constante ni consecuente; pero sí que cualquier cristiano podía ser ejecutado en cualquier momento como un asunto policial. En un área, un cristiano podía acabar sus días en paz, mientras que en otra hábría~ brotes de persecúción cada pocos meses. Dependía principalmente de dos cosas: de que el gobernador dejara a los cristianos en paz, o que pusiera en movimiento la ley contra ellos. También dependía de los delatores. Podía ser que el gobierno no quisiera meterse con los cristianos; pero, si se presentaban acusaciones, tenía que hacerlo; y había tiempos en los que la gente quería sangre, se presentaban denuncias y se hacía una carnicería de cristianos para celebrar una fiesta romana.
Comparando la posición legal de los cristianos y la actitud de la ley romana hacia ellos con algo actual y de relativamente insignificante importancia diríamos que ahora y en los países modernos hay ciertas acciones que son ilegales -por ejemplo, aparcar un coche parcialmente en la acera-, pero que se pueden consentir muchas veces. Pero, si las autoridades deciden tomar acción contra esa costumbre, o si se convierte en un quebrantamiento abusivo de la ley, o si alguien se queja y presenta denuncia, la ley se pondrá en acción e impondrá las sanciones oportunas. Esa era la posición de los cristianos en el imperio romano, porque todos estaban técnicamente fuera de la ley. De hecho, no se podían tomar medidas contra ellos; pero tenían una especie de espada de Damocles suspendida sobre la cabeza. Ninguno sabía cuando se produciría la denuncia que le costara la vida. Y esa situación se había vuelto normal desde la acción de Nerón. Hasta entonces, las autoridades romanas no se habían dado cuenta de que el Cristianismo era una nueva religión; pero entonces quedó automáticamente fuera de la ley.
Veamos ahora la situación que se trasluce en Primera de Pedro. Los cristianos estaban pasando dificultades (1:6). Su fe tenía que ser probada como el metal que se pasa por el fuego (1:7). Está claro que se estaba llevando a cabo una campaña de calumnias en la que se les atribuían maliciosamente toda clase de acusaciones vulgares y denigrantes (2:12, 15; 3:16; 4:4). En aquel preciso momento estaban en medio de un brote de persecución por el crimen de ser cristianos (4: 12, 14, 16; 5:9). Ese sufrimiento era de esperar, y no debería sorprenderles (4:12). En cualquier caso, les aporta la bendición de sufrir por la causa de la justicia (3:14, 17), y de participar de los sufrimientos de Cristo (4:13).
No hay que adelantarse al tiempo de Trajano para encontrarse con una situación semejante. Los cristianos se encontraban diariamente en ella en todo lo ancho y largo del imperio una vez que se había descubierto por la acción de Nerón cuál era su situación ante la ley romana. La situación de persecución en Primera de Pedro no nos obliga de ninguna manera a fecharla en un tiempo posterior al de la vida de Pedro.
Honrad al Rey
Pero ahora tenemos que seguir con el razonamiento de los que no pueden aceptar la autoría petrina. Se afirma que, en la situación creada por la acción de Nerón, Pedro no podría haber escrito: «Por causa del Señor, someteos a toda institución humana, ya sea al Emperador como supremo magistrado, o a los gobernadores, como enviados suyos para castigar a los malhechores y premiar a los bienhechores… Temed a Dios. Honrad al emperador» (2:13-17). El hecho es que, a pesar de todo, esta es precisamente la enseñanza que se encuentra en Romanos 13:1-7. En todo el Nuevo Testamento -a excepción de Apocalipsis, donde se condena a Roina- se enseña unánimemente que el cristiano debe ser un ciudadano leal y demostrar con la excelencia de su conducta la falsedad de las acusaciones que se le hacen (1 Pedro 2:15). Hasta en tiempo de persecución, los cristianos reconocieron totalmente su obligación de ser buenos ciudadanos; y su sola defensa contra la persecución era dar muestras mediante su comportamiento de que no merecían tal trato. No es ni mucho menos imposible el que Pedro mismo hubiera escrito eso.
