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Juan 19: Jesús es llevado ante Pilatos

Por otra parte, Juan deja bien claro que Jesús fue crucificado el día antes de la Pascua. Empieza la historia de la última Cena: « Ahora bien: antes de la fiesta de la Pascua…» (Joh_13:1 ). Cuando Judas se marchó del aposento alto, los otros discípulos pensaron que iba a preparar la pascua (Joh_13:29 ). Los judíos no querían entrar en la sala del juicio para no contaminarse, incapacitándose así para comer la pascua (Joh_18:28 ). El juicio tuvo lugar el día de la preparación para la Pascua, es decir, en la víspera (Joh_19:14 ).

Aquí nos encontramos con una diferencia que no podemos soslayar. O tienen razón los sinópticos, o la tiene Juan. Juan estaba atento para descubrir el sentido espiritual. En su relato, crucificaron a Jesús cerca de la hora sexta (Joh_19:14 ). Era precisamente entonces cuando se estaban sacrificando los corderos pascuales en el templo. Lo más probable es que Juan siguiera un orden que hiciera que la Crucifixión coincidiera con la matanza de los corderos en el templo, para que se viera que Jesús era el gran Cordero Pascual que salvó a Su pueblo y tomó sobre Sí los pecados del mundo. Según esto, los sinópticos son correctos de hecho; pero Juan tenía más interés en la verdad espiritual que en lo meramente histórico.

No hay una explicación plenamente satisfactoria de esta discrepancia innegable; pero la expuesta nos parece la mejor.

Juan 19:1-42

19.1ss A fin de captar todo el cuadro de la crucifixión de Jesús, léase la perspectiva de Juan junto a los otros tres relatos en Mateo 27, Marcos 15 y Lucas 23. Cada escritor agrega detalles significativos, pero cada uno trasmite el mismo mensaje: Jesús murió en la cruz en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, para que pudiésemos ser salvos de nuestros pecados y recibir vida eterna.

19.1-3 El azote pudo haber matado a Jesús. El procedimiento acostumbrado era desnudar la parte superior del cuerpo de la víctima y atar sus manos a un pilar antes de azotarlo con un látigo de tres puntas. La cantidad de latigazos se determinaba por la severidad del delito; bajo la Ley se permitían hasta cuarenta (Deu_25:3). Después de azotarlo, Jesús también debió soportar otras agonías que se narran aquí y en los otros Evangelios.

19.2-5 Los soldados fueron más allá de la orden de azotar a Jesús; también se burlaron de su pretensión de realeza colocando una corona sobre su cabeza y un manto real sobre sus hombros.

19.7 Finalmente la verdad salió a la luz: los líderes religiosos no llevaron a Jesús ante Pilato por causar una rebelión contra Roma, sino porque pensaban que había quebrantado sus leyes religiosas. La blasfemia, uno de los delitos más serios en la Ley judía, merecía la pena de muerte. Acusar a Jesús de blasfemia daría credibilidad a su caso ante los ojos de los judíos; acusar a Jesús de traición daría credibilidad a su caso ante los ojos de los romanos. A ellos les daba igual que Pilato escuchase una acusación u otra, con tal que cooperase con ellos en matar a Jesús.

19.10 Durante el juicio vemos que Jesús fue el que mantuvo el control, no Pilato ni los líderes religiosos. Pilato vaciló, los líderes religiosos reaccionaron movidos por odio y enojo, pero Jesús mantuvo su compostura. Sabía la verdad, conocía el plan de Dios y el motivo de su juicio. A pesar de la presión y la persecución, Jesús permaneció impasible. En realidad eran Pilato y los líderes religiosos los que se estaban juzgando, no Jesús. Cuando a usted lo cuestionen o ridiculicen debido a su fe, recuerde que aunque esté en juicio ante sus acusadores, ellos están en juicio ante Dios.

19.11 Cuando Jesús dijo que el hombre que lo entregó era más culpable que Pilato, no disculpaba a Pilato por reaccionar ante la presión política que se ejercía sobre él. Pilato era responsable de su decisión con respecto a Jesús. Caifás y los otros líderes religiosos eran culpables de un pecado mayor porque premeditaron el homicidio de Jesús.

19.12, 13 Estas palabras obligaron a Pilato a permitir la crucifixión de Jesús. Como gobernador romano de la región, se esperaba que Pilato mantuviera la paz. Debido a que Roma no podía proporcionar tropas numerosas a las regiones distantes, mantenía el control aplastando cualquier rebelión en forma inmediata y con fuerza brutal. Pilato temía que si al César llegaban informes de insurrección en su región le costara el puesto e incluso la vida. Cuando enfrentamos una decisión difícil, podemos tomar el camino más fácil o defender lo que es bueno, sin importar el costo. «Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (Jam_4:17).

19.13 El Enlosado era el lugar contiguo a la Torre Antonia, fortaleza en la esquina noroeste del complejo del templo.

19.15 Los líderes judíos buscaban con desesperación librarse de Jesús al punto que, a pesar de su intenso odio por Roma, gritaban: «No tenemos más rey que César». ¡Qué ironía aparentar alianza con Roma mientras rechazaban su Mesías! Sus palabras los condenaron porque Dios tenía que ser único y verdadero Rey, y ellos abandonaron todo rasgo de lealtad hacia El. Los sacerdotes en realidad perdieron su razón de ser: en lugar de volver a la gente hacia Dios, clamaban apoyar a Roma a fin de dar muerte a su Mesías.

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