Aquí tenemos uno de los dobles sentidos característicos de Juan. Debe de haber sido la primera intención de Pilato el despertar la piedad de los judíos. «¡Fijaos! ¡Mirad a este pobre hombre destrozado y sangrante! ¡Mirad esta ruina humana! ¿Es que todavía podéis querer seguir acechándole y arrastrándole a una muerte completamente innecesaria?» Pero casi podemos escuchar el cambio en el tono de su voz al decirlo, y contemplar la admiración que amanece en su mirada. En vez de decirlo medio despectivamente para despertar la lástima, le sale como una admiración incontenible. La palabra que usó Pilato fue ho ánthrópos, que es la que se usaba corrientemente refiriéndose a un ser humano; pero no mucho después la usarían los pensadores griegos para designar al hombre celestial, el hombre ideal, el dechado de la humanidad. Siempre será verdad que, aunque digamos o dejemos de decir otras muchas cosas acerca de Jesús, Su heroísmo integral no tiene paralelo. Aquí tenemos, sin duda, a un Hombre.
(v) Una vez más vemos aquí en el juicio de Jesús Su aceptación voluntaria de la Cruz y el supremo control de Dios. Pilato Le advirtió a Jesús que tenía poder para soltarle y para crucificarle. Jesús le contestó que él, Pilato, no tenía absolutamente ningún poder, excepto el que Dios mismo le había dado. La Crucifixión nunca, de principio a fin, se nos presenta como la historia de un hombre que se encuentra enredado en una maraña inexorable de circunstancias sobre las que no tiene absolutamente ningún control; nunca se nos presenta como la historia de un hombre conducido a la muerte, sino como la de un Hombre cuyos últimos días fueron una marcha triunfal hacia la meta de la Cruz.
(vi) Y aquí tenemos también la escena terrible del silencio de Jesús. Hubo un momento en el que no tuvo respuesta que darle a Pilato. Hubo otros momentos en los que Jesús guardó silencio. Estuvo callado ante el sumo sacerdote Mat_26:63; Mar_14:61 ), y también ante Herodes Luk_23:9 ). Guardó silencio cuando las autoridades judías presentaron los cargos que tenían contra Él ante Pilato Mat_27:14; Mar_15:5 ). Algunas veces tenemos la experiencia, cuando estamos hablando con otras personas, de que hemos llegado a un punto en el que no se puede seguir razonando ni discutiendo, porque no hay terreno común entre nosotros y nuestros interlocutores. Es como si habláramos distintos idiomas. Eso sucede cuando las personas hablan de hecho distintos idiomas mentales y espirituales. Es un día terrible cuando Jesús guarda silencio con una persona. No puede haber nada más terrible para una mente humana que el estar tan cerrada por el orgullo o la propia voluntad que no hay nada que le pueda decir Jesús que pueda tener sentido o suponer ninguna diferencia.
(vii) Por último, es posible que tengamos aquí otro ejemplo magnífico de la ironía dramática de Juan.
La escena llega a su fin cuando se nos dice que Pilato sacó a Jesús; como lo hemos traducido y lo expresa la versión ReinaValera, Pilato salió al lugar que se llamaba el Pavimento de Gabatá -que puede querer decir un suelo de mosaico de mármol- y se sentó en el sillón del juez. Esto era el béma, en el que se sentaba el magistrado para pronunciar la sentencia definitiva. El verbo para sentarse es kathizein, que puede ser transitivo o intransitivo; es decir, sentarse uno mismo o sentar a otro. Es posible que quiera decir que Pilato, en un último gesto burlesco, sacó a Jesús vestido de aquella túnica púrpura y con la corona de espinas en la frente, todo cubierto de sangre, y Le sentó en el sillón del juez, diciendo a continuación con un gesto y tono irónicos: «¿Cómo voy a crucificar a vuestro «Rey»?» El evangelio apócrifo de Pedro dice que, para burlarse, sentaron a Jesús en el sillón del juez y Le dijeron: «¡Haz justicia, Rey de Israel!» Justino Mártir también dice que «sentaron a Jesús en el sillón del juez, y dijeron: «Da la sentencia por nosotros.»» Puede ser que Pilato, en burla, hiciera a Jesús representar el papel del juez. Si fue así, ¡qué tremenda ironía dramática había en aquella escena! Lo que se presentó en burla es en realidad la verdad; y un día, los que caricaturizaron a Jesús como juez se presentarán ante Él como el Juez -y se acordarán de lo que Le hicieron.
Así que en la escena dramática del juicio contemplamos la inmutable majestad, el valor inalterable, la serena aceptación de la Cruz, de Jesús. Nunca se Le vio en la Tierra tan regio como cuando se hizo todo lo posible para humillarle.
Ya hemos visto las principales personalidades que intervinieron en el proceso de Jesús: los judíos, con su odio; Pilato, con su dudoso pasado, y Jesús, con su serenidad y majestad regia.
Pero había otras personas al borde de la escena.
(i) Estaban los soldados. Cuando les entregaron a Jesús para que Le azotaran, se divirtieron con Él de una manera brutal y cruel. ¿Era un rey? Pues entonces Le proveyeron de un manto y una corona. Le pusieron una vieja túnica de púrpura y una corona de espinas, y se entretuvieron dándole de bofetadas. Estaban jugando a una cosa que era antigua y corriente. Filón, en su obra Sobre Flaco, cuenta una cosa muy semejante que hacían los gamberros de Alejandría: «Había un loco que se llamaba Carabás, aquejado no de la clase salvaje y bestial de locura -que pasa desapercibida tanto para los que la sufren como para los espectadores-, sino de otra clase mucho más tranquila y benigna. Solía pasar los días y las noches desnudo en la calle, sin guarecerse ni del frío ni del calor, y era el juguete de los niños y de los jóvenes. Se ponían de acuerdo para llevársele al gimnasio donde, dejándole solo donde todos pudieran verle, le ponían de sombrero una corteza de árbol aplastada, y alrededor del cuerpo una estera como manto, y como cetro un trozo de papiro que uno de ellos había encontrado por ahí tirado. Y una vez que él había asumido los emblemas y las insignias de la realeza como se hace en los mimos teatrales, los jóvenes, con palos al hombro, se ponían a sus dos lados, representando el papel de lanceros cómicos. Luego se acercaban unos como para saludarle, otros como para presentarle algunas reclamaciones, otros como para solicitarle algunas cuestiones sociales. Y entonces, de la multitud de espectadores vibraba un extraño grito de «¡Marín!» -Señor nuestro-, que es el nombre que se les da a los reyes en Siria.» Es patético que los soldados trataran a Jesús como los gamberros podrían tratar a un pobre idiota.
