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Juan 19: Jesús es llevado ante Pilatos

Pero el pueblo se lo tomó a mal; hubo levantamientos en todas las calles. Pilato hizo que sus soldados se mezclaran con la multitud vestidos de paisanos, con las armas escondidas y, a una señal convenida, atacaron al gentío y se liaron a palos y a puñaladas con la gente, matando a muchos. Una vez más Pilato puso en contra suya a todo el pueblo, y estuvo en peligro de que le denunciaran al emperador.

El tercer episodio aún resultó peor para Pilato que los anteriores. Como ya hemos visto, cuando estaba en Jerusalén se alojaba en el antiguo palacio de Herodes. Mandó hacer algunos escudos con el nombre del emperador Tiberio, que eran los que se llamaban escudos votivos, es decir, dedicados a la memoria y en honor del emperador. Ahora bien: el emperador era considerado por los Romanos como un dios, así que ahí estaba el nombre de un dios extraño inscrito y desplegado para que se le dieran honores en la santa ciudad. La gente se enfureció; los más nobles, hasta sus más íntimos colaboradores judíos, le pidieron a Pilato que los quitara, pero se negó. Esta vez los judíos le denunciaron al emperador Tiberio, lo que le costó a Pilato el puesto.

Hace al caso cómo terminó Pilato. Este último incidente sucedió después de la crucifixión de Jesús, en el año 35 d C. Hubo una revuelta en Samaria. No fue nada muy serio, peto Pilato lo aplastó con una crueldad feroz y con abundancia de ejecuciones. Los samaritanos estaban considerados como leales súbditos de Roma, e intervino el legado de Siria. Tiberio mandó llamar a Roma a Pilato; pero, cuando estaba de camino, murió Tiberio. Por lo que sabemos, Pilato nunca se presentó a juicio; y, desde ese momento, desaparece de la historia.

Está claro por qué Pilato actuó en el juicio de Jesús de aquella manera. Los judíos le chantajearon para que crucificara a Jesús. Le dijeron: «¡Tú no eres amigo del césar si sueltas a este Hombre!» Lo que equivalía a decirle: «Tu hoja de servicio no está muy limpia; ya te hemos denunciado una vez; si no nos haces caso, informaremos otra vez al emperador y te costará el puesto.» Aquel día en Jerusalén, el pasado de Pilato le alcanzó y desafió. Le chantajearon para que consintiera en la muerte de Cristo porque sus errores anteriores le habían colocado en una posición de inferioridad, imposibilitándole para enfrentarse con los judíos y mantener su puesto. Casi no se puede evitar el sentir pena por él. Quería hacer justicia, pero no tuvo valor para enfrentarse con los judíos. Mandó crucificar a Jesús para conservar su posición.

JESÚS Y PILATO

Hemos visto la historia de Pilato; veamos ahora su comportamiento durante el proceso de Jesús. Pilato no quería condenar a Jesús, porque sabía que era inocente; pero se vio enredado en la maraña de su pasado.

(i) Pilato empezó tratando de echarle encima la responsabilidad a alguna otra persona. Les dijo a los judíos: «Llevaos a este Hombre y juzgadle según vuestras leyes.» Trató de evadir la responsabilidad de encararse con Jesús; pero eso es precisamente lo que nadie puede hacer. Nadie puede tratar con Jesús por nosotros; es algo que tenemos que hacer personalmente cada uno por sí mismo.

(ii) Pilato pasó a tratar de encontrar la salida del embrollo en que se encontraba. Propuso resolver la cuestión de Jesús aplicándole la costumbre de soltar a un preso para la Pascua. De esa manera se libraría de tratar directamente con Jesús; pero, digámoslo otra vez, precisamente eso es lo que nadie puede hacer. No hay escape de una decisión personal con respecto a Jesús; tenemos que decidir cada uno lo que vamos a hacer con Él, si rechazarle o aceptarle.

(iii) Pilato entonces pasó a ver la manera de hacer una decisión final. Mandó que le dieran una paliza a Jesús. Sin duda pensaba que aquello satisfaría, o al menos reduciría la virulencia de la hostilidad judía. Pensó que así se evitaría el dictar sentencia de crucifixión. Pero, otra vez, eso es lo que no se puede hacer con Jesús. Nadie puede llegar a un compromiso con Jesús; no se puede servir a dos señores. O estamos por Jesús, o en contra de Él.

(iv) Pilato entonces pasó a intentar apelar a los sentimientos: hizo que sacaran a Jesús, destrozado por la paliza, para que la gente Le viera. Y les preguntó a los manifestantes: «¿Queréis que crucifique a vuestro «Rey» ?» Trataba de inclinar la balanza apelando a la emoción y a la piedad. Pero nadie puede esperar que el apelar a otros le ahorre el tener que hacer su propia decisión personal; era a Pilato al que correspondía hacer aquella decisión. Nadie puede evitar su propio veredicto personal y su propia decisión personal sobre Jesús.

Por último, Pilato reconoció su derrota. Entregó a Jesús a la voluntad de la chusma porque no tuvo valor para hacer la decisión justa y asumir su responsabilidad.

Pero aún quedan facetas laterales del carácter de Pilato.

(i) Hay una insinuación de una actitud inveterada de desprecio en Pilato. Le preguntó a Jesús si era verdad que era Rey. Jesús le contestó preguntándole a Su vez si Se lo preguntaba sobre la base de lo que él mismo había descubierto, o por la información indirecta que hubiera recibido. La respuesta de Pilato fue: «¿Es que soy yo judío? ¿Cómo puedes esperar que yo sepa nada de las cuestiones judías?» En resumidas cuentas: que era demasiado orgulloso para involucrarse en lo que consideraba disputas y supersticiones judías. Y ese orgullo era precisamente lo que le hacía ser un mal gobernador. Nadie puede gobernar a un pueblo negándose a hacer el menor esfuerzo por comprenderlo y por penetrar en sus pensamientos y sentimientos.

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