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Juan 19: Jesús es llevado ante Pilatos

Datos generales :

— Dónde: Galilea, Judea, Samaria

— Ocupación: Discípulo de Jesús

— Contemporáneos: Jesús, otros discípulos, Herodes, Pilato

Versículos clave :

«Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás le respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!» (Joh_20:27-28).

La historia de Tomás se narra en los Evangelios. También se menciona en Act_1:13.

19.25-27 Aun mientras agonizaba en la cruz, Jesús seguía ocupándose de su familia. Pidió a Juan que se hiciera cargo de María, su madre. Nuestra familia es un regalo precioso de Dios y debiéramos valorarla y cuidarla bajo todo tipo de circunstancias. Ninguna labor cristiana ni responsabilidad en cualquier trabajo o posición nos exime de la obligación de cuidar de nuestra familia. ¿Qué puede hacer hoy para demostrar amor a su familia?

19.27 Jesús pidió a su amigo cercano Juan, escritor de este Evangelio, que cuidara a su madre, María, cuyo esposo, José, quizás ya había fallecido. ¿Por qué no asignó Jesús esta tarea a sus hermanos? Como hijo mayor, confió su madre a una persona que estaba con El junto a la cruz y esa persona era Juan.

19.29 Esta vasija de vinagre era un vino barato que los soldados romanos bebían mientras esperaban que muriera el crucificado.

19.30 Hasta ese momento, un sistema complicado de sacrificios se ofrecía por los pecados. El pecado separa al hombre de Dios y solo mediante el sacrificio de un animal, un sustituto, la gente podía recibir perdón de su pecado y llegar a obtener limpieza delante de Dios. Pero la gente peca continuamente, de modo que eran necesarios sacrificios frecuentes. Jesús, sin embargo, fue el sacrificio final por el pecado. La palabra consumado es la misma que se traduce «cancelado». Jesús vino a consumar la salvación de Dios (4.34; 17.4), a pagar la deuda total de nuestros pecados. Con su muerte, el complejo sistema sacrificial terminaba porque Jesús cargó con todos nuestros pecados. Ahora podemos acercarnos con libertad a Dios por lo que hizo a nuestro favor. Los que creen en la muerte y resurrección de Jesús pueden vivir por la eternidad con Dios y escapar de la muerte que lleva consigo el pecado.

19.31 Iba en contra de la Ley de Dios exponer el cadáver de una persona toda la noche (Deu_21:23), así como también estaba prohibido trabajar después de la puesta de sol el viernes, cuando el sábado empezaba. Por eso los líderes religiosos querían que en cuanto fuera posible, el cuerpo de Jesús se bajara de la cruz y se le diera sepultura antes de la puesta del sol.

19.31-35 Estos romanos eran soldados experimentados. Sabían por crucifixiones anteriores si un hombre estaba o no muerto. Sin lugar a dudas, Jesús estaba muerto cuando se acercaron para comprobarlo, por eso decidieron no quebrarle las piernas como lo hacían con otras víctimas. Cuando atravesaron su costado y vieron la separación de la sangre y el agua (indicadores de que punzaron la membrana externa cardíaca y el corazón mismo) ratificaron que había fallecido. Algunas personas dicen que en realidad Jesús no murió, sino que se desmayó, y es por eso que «resucitó». Pero tenemos el testimonio imparcial de los soldados romanos de que Jesús en verdad murió en la cruz (véase Mar_15:44-45).

19.32 Los soldados romanos quebraban las piernas de las víctimas para apresurarles la muerte. Cuando una persona cuelga de la cruz, la muerte viene por sofocación, pero la víctima podía elevarse presionando la cruz con sus pies y así continuar respirando. Con las piernas rotas, la sofocación era inmediata.

19.34, 35 Los detalles gráficos de la muerte de Jesús en los relatos de Juan son muy importantes, ya que Juan fue un testigo presencial.

19.36, 37 Jesús murió cuando se disponían a matar a los corderos para la Pascua. Ni un hueso se rompía en los corderos sacrificados (Exo_12:46; Num_9:12). Jesús, el Cordero de Dios, fue el sacrificio perfecto por los pecados del mundo (1Co_5:7).

19.38, 39 Cuatro personas cambiaron en el proceso de la muerte de Jesús. El malhechor, que agonizaba en la cruz próxima a Jesús, pidió que se acordara de él en su reino (Luk_23:39-43). El centurión romano proclamó que Jesús verdaderamente era el Hijo de Dios (Mar_15:39). José y Nicodemo, miembros del concilio judío y seguidores secretos de Jesús (Mar_7:50-52), dejaron de encubrirse. Estos hombres cambiaron más por la muerte de Jesús que por su vida. Descubrieron quién era y ese descubrimiento hizo aflorar en ellos fe, proclamación y acción. Al meditar en Jesús y su muerte, debemos llegar a lo mismo: creer, proclamar y actuar.

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