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Juan 19: Jesús es llevado ante Pilatos

19.38-42 José de Arimatea y Nicodemo eran seguidores de Jesús a escondidas. Temían darse a conocer por la posición que ocupaban en la comunidad judía. José era un líder y miembro de honor del Sanedrín. Nicodemo, también era un miembro del concilio, fue a Jesús de noche (3.1) y más tarde intentó defenderlo delante de otros líderes religiosos (7.50-52). Sin embargo, arriesgaron su reputación para dar sepultura a Jesús. ¿Es usted un creyente a escondidas? ¿Se oculta de sus amigos y compañeros de trabajo? Este es el momento de salir de su encierro y proclamar su fe.

19.42 Esta tumba quizás era una cueva que se hallaba en una colina rocosa. Era tan espaciosa que un hombre podía caminar dentro, de manera que José y Nicodemo pusieron el cuerpo de Jesús dentro. Una piedra de gran tamaño se colocó en la entrada.

19.42 Al sepultar a Jesús, Nicodemo y José debieron apurarse para no trabajar en el día de reposo, que empezaba el viernes al atardecer, con la puesta del sol.

Juan 19:1-16

Los versículos que acabamos de transcribir contienen cuatro puntos notables de la pasión de nuestro Señor que solo se encuentran en la relación que hace San Juan.

El primero se refiere a los falsos escrúpulos de conciencia de los perversos enemigos de nuestro Señor. Se nos dice que los judíos que condujeron a Jesús no entraron en el pretorio por no contaminarse, y ser así impedidos de celebrar la pascua. ¡Esa sí que era escrupulosidad! Esos hombres crueles estaban cometiendo el hecho más atroz que jamás haya cometido algún mortal: querían matar a su propio Mesías; y, no obstante, en tales circunstancias hablaban de contaminación y del deber de celebrar la pascua.

La conciencia de los hombres no convertidos es de una naturaleza muy curiosa. En tanto que en ciertos casos se endurece, se paraliza, por decirlo así, hasta que no siente nada, en otros se vuelve nimiamente escrupulosa acerca de las materias religiosas de importancia secundaria. No son raras las personas que observan con exactitud los ritos y ceremonias más insignificantes, en tanto que cometen los más inmundos pecados, y los más detestables actos de inmoralidad. En algunos países los ladrones y los asesinos son muy rígidos acerca de la confesión, la absolución y las oraciones a los santos. a los ayunos y el ascetismo voluntario de la cuaresma muchas veces se siguen los excesos y el libertinaje del Carnaval. Estos son síntomas de una enfermedad espiritual, de un corazón quo abriga algún secreto descontento. Las personas que descuidan sus deberes en unas cosas se esfuerzan en compensar su falta desplegando un celo exagerado en otras. Ese celo sirve de título a su propia sentencia.

Pidamos a Dios que ilumine nuestras conciencias con su Santo Espíritu, y que nos libro de practicar un Cristianismo deformo y bastardo. Una religión que permite al hombre descuidar la santidad de vida, y que lo hace fijar toda su atención en formas, sacramentos, ceremonias y oficios públicos, es, por lo menos, sospechosa. Puede ser que el que la profese manifieste mucho celo y entusiasmo, mas no es sana a los ojos de Dios. Los fariseos pagaban diezmos de la yerbabuena, el eneldo y el comino, y rodeaban la mar y la tierra para hacer un prosélito, en tanto que pasaban por alto lo más grave de la ley, como el juicio, la misericordia y la fe. Mat_23:23. Los mismos judíos que estaban sedientos de la sangre del Salvador, eran los que rehusaban entrar en el pretorio por no contaminarse, y los que se afanaban por celebrar la pascua con todas las formalidades prescritas por la ley. Que su conducta sirva siempre de escarmiento a los cristianos. Poco, muy poco vale la religión que no nos impulsa a exclamar: «Por tanto todos los mandamientos do todas las cosas estimé rectos: todo camino de mentira aborrecí.» Psa_119:128.

El segundo punto que es de notarse se refiere a la aserción que nuestro Señor hizo acerca de su reino. Hela aquí: «Mi reino no m de este mundo.» Estas célebres palabras han sido tantas veces torcidas de su verdadero significado que puede decirse que el esclarecimiento que expresan yace oculto bajo un montón de interpretaciones falsas.

El objeto principal que nuestro Señor se propuso al decir que su reino no era de este mundo fue dar a conocer a Pilato la verdadera naturaleza de su reino, y rectificar cualquiera idea errada que sobre ese particular hubiera recibido de los judíos. Le dio a entender que no había venido al mundo a establecer un reino que estorbase la marcha del gobierno romano; que su objeto no era erigir un poder temporal sostenido por las armas y mantenido por medio de contribuciones; que el único dominio que él poseía era el que ejercía sobre el corazón del hombre, y que las únicas armas que sus súbditos empleaban eran las espirituales; que un reino que no exigía dinero ni se apoyaba en soldados mal podía asustar a los emperadores de Roma.

Mas por otra parte, es preciso no inferir que nuestro Señor quisiese dejar comprender que los reyes de este mundo no tienen nada que hacer con asuntos religiosos, o que deben gobernar con absoluta prescindencia de toda autoridad y de todo precepto divinos. Es bien seguro que él no tuvo en mira semejante cosa. El sabia bien que estaba escrito: «Por mí reinan los reyes,» (Pro_8:15) y que los monarcas tienen tanto deber de servir a Dios en su puesto como los más humildes de sus súbditos. También sabía que la prosperidad de los reinos depende de un todo de la bendición de Dios, y que los reyes están tan obligados a propender por la justicia y la piedad, como a castigar la injusticia y la impiedad. Es un absurdo suponer que nuestro Señor quisiera enseñar a Pilato que un incrédulo puede ser tan buen rey como un cristiano, y un hombre como Gallion tan buen gobernante como David o Salomón.

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