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Jueces 17: Las imágenes y el sacerdote de Micaía

Jue 17:7 Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el cual era levita, y forastero allí.

Jue 17:8 Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar lugar; y llegando en su camino al monte de Efraín, vino a casa de Micaía.

Jue 17:9 Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde pueda encontrar lugar.

Jue 17:10 Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, vestidos y comida. Y el levita se quedó.

Padre era una expresión de respeto o un título honorario. Diez siclos de plata : Parece que el levita se sentía motivado a servir como sacerdote de Micaía más por ventajas materiales que por su devoción al Señor. El dinero, la ropa y las provisiones que Micaía le ofrecía constituían aparentemente el incentivo que lo llevaba a involucrarse en una forma de culto apóstata y parece que a la larga aceptó una oferta aún más atractiva.

Jue 17:11 Agradó, pues, al levita morar con aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos.

Jue 17:12 Y Micaía consagró al levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y permaneció en casa de Micaía.

Al parecer, los israelitas dejaron de apoyar a los sacerdotes y a los levitas con sus diezmos, porque una gran parte del pueblo ya no adoraba a Dios. Quizás el joven levita de esta historia dejó su casa en Belén debido a que el dinero que recibió del pueblo allá no era suficiente para vivir. La decadencia moral de Israel afectaba aun a los sacerdotes y levitas. Este hombre aceptó dinero, y el cargo en contravención con las leyes de Dios. Mientras que Micaía muestra la ruina religiosa de los israelitas, este sacerdote ilustra la ruina religiosa de los sacerdotes y levitas.

Jue 17:13 Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.

Micaía se engañaba a sí mismo al pensar que tendría la bendición del Señor porque contaba con los servicios de un sacerdote levita, pero en realidad estaba desobedeciendo la Ley de Dios.

Epílogo

Como el prólogo, el epílogo está compuesto por dos partes. La primera relata el origen del santuario de Dan, y la otra, la guerra civil contra Benjamín. Estas historias acontecieron en las primeras generaciones después de Josué, pero el autor las ha guardado hasta el final del libro como ejemplos mayúsculos de la maldad de Israel. Los protagonistas son adoradores de Jehová. De hecho, los dos principales son levitas. Provienen de lugares influyentes en la historia de Israel, la región montañosa de Efraín (centro del poder en las tribus del norte) y Belén de Judá (hogar del futuro rey David). Sin embargo, aun en tales lugares la adoración de Jehová ha sido viciada por la influencia de la religión cananea. Estas historias revelan que algunos de los peores errores de los jueces habían sido sobrepasados antes por toda una tribu y aun por toda la nación.

Abundan los paralelos entre el epílogo y el prólogo: la prominencia de la tribu de Judá; el uso de “herir a filo de espada” y “prender fuego” para describir la destrucción de ciudades; matrimonios excepcionales; una mujer sobre un asno; el nombre de Moisés; el anatema; los jebuseos en Jerusalén entre los benjamitas; la subida de Israel a Betel; el fracaso de Dan en la conquista de su territorio; la asamblea de todo Israel; el llanto de Israel delante de Jehová, acompañado de sacrificios; y la elección divina de Judá para subir primero a la batalla en respuesta a una consulta hecha por el pueblo de Israel. Pocos de estos elementos aparecen en Jueces fuera del prólogo y el epílogo.

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