Santuario en heb. es lit. “casa de Dios” o “casa de dioses”. Para Micaías su santuario era casa de Jehová, pero para el autor era casa de dioses; la legítima casa de Dios estaba en Silo. La Ley de Moisés no autorizaba el establecimiento de un santuario sin una revelación especial de Dios.
Micaías pensaría que el efod estimularía la adoración a Jehová, pero fácilmente se podría convertir en ídolo. Para Micaías los terafines también honrarían a Jehová, pero son considerados como ídolos (donde la palabra traducida “idolatría” es terafines. Los terafines eran imágenes caseras que de alguna manera representaban a la divinidad y que se usaban para adivinar. Algunos israelitas los consideraban como elementos legítimos en la adoración de Jehová, pero fácilmente se convertían en ídolos.
Al consagrar a su hijo como sacerdote, Micaías una vez más viola la Ley. Su hijo ni siquiera es levita, mucho menos de la familia de Aarón. La expresión traducida invistió en heb. es “llenó la mano”. Tal vez en la ceremonia de consagración se llenaba la mano del sacerdote con porciones de un sacrificio.
La historia de Micaías muestra la transmisión de la corrupción religiosa en el hogar, de madre a hijo a nieto. La degeneración familiar conduce a la degeneración tribal y nacional.
Esta narración dejaría al lector israelita con la boca abierta. ¿Cómo pudo haber tanto caos religioso? El autor contesta explicando que no había gobierno centralizado para detener este desorden. Por otro lado, tal vez en los días del autor algunos israelitas culpaban a los reyes de toda la maldad en Israel. Sin embargo, cuando no había reyes la maldad fue hasta peor. Al fin y al cabo la maldad se puede manifestar dentro de cualquier estructura política.
La maldición que trajo resultados negativos
1. Un hombre robó 1.100 piezas de plata de su madre.
2. La madre, no sabiendo quién le había robado, pronunció una maldición sobre el ladrón.
3. El hijo confiesa que es el ladrón.
4. La madre trata de anular la maldición, pronunciando una bendición sobre el hijo.
5. La madre toma parte del dinero para fundir un ídolo.
La atracción de la idolatría
El relato refleja una época oscura en la historia de Israel. Puesto que no había rey, “cada uno hacía lo que le parecía ante sus propios ojos”. Por consiguiente, vemos el hundimiento en la idolatría.
1. Una mujer estaba dispuesta a sacrificar 200 piezas de plata para una imagen tallada y de fundición
2. Micaías, el hijo, hizo un efod e ídolos domésticos
3. Micaías invistió a uno de sus hijos para ser sacerdote del ídolo
Un sacerdote levítico para el santuario
El nuevo personaje es joven (en contraste, a Micaías se le llama “hombre”), levita y forastero. Este vocablo heb. se refiere a un residente cuya familia es de otro lugar. Hay varios forasteros en el epílogo. Tal vez en los días de los jueces muchos israelitas, no prosperando debido al castigo de Jehová, abandonaron su territorio para buscar una mejor vida.
