El voto fue demasiado atrevido. La expresión heb. traducida cualquiera que salga puede referirse a un animal o a un ser humano. Como el ganado se albergaba en las casas, no era imposible que un animal saliera de las puertas de la casa al encuentro de Jefté. Sin embargo, éste sabía que podía salir un ser humano: un siervo, o un familiar. Fue precisamente este elemento de riesgo que, según la mentalidad de Jefté, daba peso al voto. Aun sin el voto Jefté debía ofrecer a Jehová muchos animales si ganaba la batalla, y dar los mejores que tenía. Solo su anuencia a hacer el sacrificio más grande posible sería, según él, suficiente para garantizar el apoyo de Jehová.
El voto nos deja atónitos. Jehová había prohibido los sacrificios humanos. El voto revela la ignorancia de la ley de Moisés y la influencia del paganismo en Israel, específicamente la influencia moabita y amonita en Galaad. El sacrificio humano a Moloc, dios de los amonitas, se condena en varios pasajes bíblicos, y un ejemplo del sacrificio humano en Moab se halla en 2 Reyes.
Después de contar el voto, el autor recoge el hilo de la narración, repitiendo las palabras de la parte final. Luego resume el combate en apenas dos versículos. Más que la guerra, le interesan los eventos que la preceden y la siguen. Se limita a contar que Jehová dio a Jefté la ansiada victoria, que éste castigó severamente a 20 ciudades amonitas, y que como resultado la amenaza amonita desapareció. Aroer estaba en la frontera entre Galaad y Amón. Minit y Abel queramim son sitios desconocidos hoy.
Jehová los entregó en su mano hace eco del voto de Jeftéx. Jehová ha dado lo solicitado. Ahora esperamos ansiosamente para ver quién o qué saldrá de la casa de Jefté.
Irónicamente, el lector sabe que el voto de Jefté era innecesario. Jehová ya apoyaba a Jefté al enviarle su Espíritu. Estaba dispuesto a liberar a los galaditas por su amor para con su pueblo y porque era Juez justo. Jefté no estaba consciente de la venida del Espíritu, y no tenía una palabra de Jehová, llamándole a liberar al pueblo y prometiéndole victoria.
Cumplimiento del voto
Quien salió de la casa al encuentro de Jefté fue su hija, quien irónicamente, salió para celebrar la victoria de su padre. La última parte del versículo recalca que aparte de ella Jefté no tenía hijos. Sin descendencia el israelita no tenía quien conservara su memoria. Jefté, que tanto anhelaba ser honrado por la sociedad que lo había rechazado, ahora está en peligro de quedarse en el olvido después de su muerte. Su descendencia, una sola hija, se contrasta con la de los jueces antes y después de él.
Jefté rasga sus ropas en señal de profunda tristeza. No lamenta lo que su hija tendrá que sufrir, sino su propia pérdida. De hecho, acusa a ella de haberlo abatido y afligido.
Luego le informa de su voto irrevocable. Se ha metido en un callejón sin salida: Si cumple con el voto, pierde a su única hija y toda esperanza de descendencia; si no lo cumple, cae en pecado. Ante los ancianos de Galaad y el rey amonita Jefté había hablado bien, pero habría sido mejor no “abrir su boca ante Jehová”.
Jefté desconocía las leyes de rescate, o creía que no se aplicaba a su voto. Diríamos que Jefté debía escoger el mal menor, preservando la vida de su hija y ateniéndose a las consecuencias. Sin embargo, él temía que Jehová le quitara el puesto de gobernante que había ganado mediante el voto. Desde luego, no entendía que el sacrificio humano era una abominación para Jehová.
La hija de Jefté se porta más noble que su padre. Lejos de reprocharlo o tratar de salvarse, le anima a cumplir con su voto, ya que Jehová ha cumplido con la parte suya. A la vez, su nobleza muestra que ella tampoco entendía que Jehová aborrecía el sacrificio humano. Irónicamente, la fidelidad de Jefté y su hija al voto se contrasta con la infidelidad de Israel a su pacto con Jehová. Lamentablemente, el voto fue en sí una ruptura del pacto. Por ignorancia de la Ley, Jefté y su hija ofenden a Dios aun cuando le quieren agradar.
Ella pide tiempo para lamentar su virginidad, y Jefté se lo concede. En base a esto algunos opinan que el voto de Jefté no prometía un sacrificio literal, sino consagración al santuario como virgen vitalicia. Sin embargo, Jueces no menciona servicio en el tabernáculo, y los otros dos pasajes no dicen que las mujeres eran vírgenes, ni por cuánto tiempo prestaban servicio. De hecho, el AT no menciona en ninguna parte la virginidad perpetua. De todas formas, el problema mayor para la interpretación mencionada es que Jefté claramente promete un holocausto. Si bien el concepto del holocausto espiritual se encuentra en Romanos 12:1, es desconocido en el AT. Además, un voto de virginidad perpetua no tendría sentido, porque Jefté no sabía en ese momento que saldría una virgen.
Más bien, la hija de Jefté llora su virginidad porque morirá sin dejar descendencia. Hay un caso paralelo en la tragedia griega Lamentaciones de Antígona, de Sófocles. Condenada a morir, Antígona llora su virginidad, lamentando que nunca será una esposa y nunca una madre. En contraste con Acsa, quien recibió fertilidad agrícola de su padre, la hija de Jefté es condenada por su padre a morir infértil.
En aquella cultura los montes se consideraban un lugar apropiado para lamentos. En los mitos de Ugarit la diosa Anat lamenta la muerte de Baal andando por los montes y collados de la tierra.
Jehová no salvó a Jefté de su error. Algunos, observando que este versículo no dice que Jefté ofreció a su hija en holocausto, arguyen que su voto consistió solamente en que ella no conociera varón. Sin embargo, el versículo dice que Jefté cumplió con ella el voto que había hecho, y no deja duda que eso significaba sacrificarla en holocausto. Por pudor el autor utiliza la circunlocución; hoy también usamos circunlocuciones para hablar de temas delicados. La mención de la hechura del voto pone un marco literario alrededor de este episodio.
Todavía se objeta que si el voto de Jefté hubiera prometido un sacrificio humano, Jehová no le habría dado la victoria. Sin embargo, Dios no está obligado a limitarse a instrumentos limpios para lograr sus propósitos. Quería liberar a su pueblo de la opresión, y utilizó la clase de líder que ese pueblo pudo proporcionar. Los errores de Jefté reflejan la condición de la nación. Sansón será aún más degenerado.
El sacrificio de la hija de Jefté dio origen a una conmemoración anual, donde el vocablo aquí traducido costumbre está vertido por “precepto”). La hija de Jefté murió sin hijos, pero las hijas de Israel (traducción lit.) no permitieron que su memoria cayera en el olvido.
La identificación de Jefté como el galadita en 11:1 y 40 enmarca el capítulo. A la vez anticipa 12:1–6, donde Jefté dirige a Galaad en combate contra otra tribu de Israel. Es más galadita que israelita.
Los errores de Jefté
1. Tuvo un temperamento impulsivo que le llevó a hacer voto sin considerar las consecuencias.
2. Una creencia equivocada en lo que Dios pide.
3. Condenó a su hija a una muerte prematura.
4. Cedió a las influencias de las religiones paganas que practicaban sacrificios humanos.
