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Jueces 11: Llamamiento del libertador

El primer argumento es un resumen histórico para mostrar que Israel no ha tomado territorio ni de Amón ni de Moab. La referencia a Moab nos sorprende, ya que la disputa es con Amón. La sorpresa se vuelve perplejidad en los versículos siguientes, ya que el discurso de Jefté parece dirigirse a un reclamo moabita. De hecho, algunos estudiosos opinan que el pasaje confunde dos disputas distintas, una con Moab y otra con Amón. Sin embargo, es inverosímil que un autor israelita confundiera dos países vecinos. Posiblemente una alianza moabita amonita se oponía a Israel. No obstante, ya que el rey de Moab no participa en el debate, debemos entender que los amonitas han dominado a los moabitas, así como han oprimido a los israelitas. Reclaman para sí, aunque en nombre de Moab, tierra que antes era moabita. Según la Piedra de Mesha, este territorio fue todavía objeto de riña entre Israel y Moab en el siglo IX.

Jefté inicia su argumento histórico relatando que en la subida de Egipto Israel rodeó Edom y Moab. Jefté no menciona al monte Sinaí en el viaje de Egipto a Cades, tal vez porque era irrelevante para la disputa. Israel quería pasar por Edom y Moab, porque la ruta más directa de Cades a la ribera oriental del Jordán era el camino real que atravesaba estos países, pero los permisos fueron denegados. En vez de intentar una travesía forzada, Israel dio una gran vuelta, primero viajando hacia el sur, luego volviendo hacia el norte al oriente de Edom y Moab, y por fin llegando al norte del río Arnón. En todo esto Israel no violó las fronteras de Moab. Jefté no menciona que Israel evitó territorio amonita. Esto indica que el pleito es sobre territorio que Moab podría reclamar, pero no Amón.

Jefté continúa su apologética histórica, explicando que Israel no tomó la tierra disputada de Moab, sino de los amorreos. La capital de Sejón era Hesbón, casi en el centro del territorio en disputa. A Sejón Israel también le pidió permiso para pasar a fin de llegar a su lugar, es decir, la tierra prometida, al lado occidental del Jordán. Cuando Sejón salió a pelear; Jehová dio la victoria a Israel y la tierra también. Si bien en una época esa tierra había pertenecido a Moab y una pequeña parte a los amonitas también, había sido conquistada por los amorreos antes que Israel apareciera en la región.

Jefté, a diferencia del rey de Amón, incluye una frontera oriental en su delimitación de la tierra. La llama el desierto, descripción poco diplomática de Amón, pero indicativa de la motivación económica de la expansión amonita.

Jefté introduce su segundo argumento con un ahora, así como hará con el tercero. Esta palabra conectiva indica que los dos argumentos se derivan del resumen histórico.

El segundo argumento es que Israel tiene derecho de poseer lo que Jehová le ha entregado. La mención de Quemós, dios de los moabitas, en vez de

Moloc, dios de los amonitas, es otra evidencia que la disputa tiene que ver con los derechos de Moab. El rey de Amón tal vez considera que Quemos le dio Moab. Siglos después, Ciro, rey de Persia, dijo que Marduc, dios de Babilonia, entregó esta ciudad en sus manos.

No necesariamente implica que Jefté crea en la existencia de Quemós. No está involucrado en una discusión teológica, sino en un pleito diplomático. Demuestra que para él Jehová es soberano sobre los amonitas.

Jefté introduce su tercer argumento con otro ahora. Balac no reclamó la tierra cuando Israel la tomó de los amorreos. Obviamente el rey de Amón no era mejor que Balac, es decir, no tenía más derecho sobre el territorio.

El último argumento de Jefté es una extensión del tercero. El hecho de que Moab y Amón no han puesto reparo durante los tres siglos de ocupación israelita es un reconocimiento tácito del derecho de Israel sobre el territorio.

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