Jue 11:32 Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano.
Jue 11:33 Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.
Aroer : Pueblo de Galaad situado cerca de la capital amonita de Raba-amón (la moderna Amman), la cual estaba estratégicamente situada al este del río Jordán, a lo largo del camino de los reyes. Minit y la vega de las viñas estaban probablemente situadas cerca de Rabá-Amón.
Jue 11:34 Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija.
Danzas : Constituía algo común que las mujeres recibieran danzando el retorno triunfal de un ejército.
Jue 11:35 Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: !!Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme.(E)
Rompió sus vestidos : Jefté expresó su profundo dolor de la manera acostumbrada en al antiguo Medio Oriente.
El voto irreflexivo de Jefté le trajo un dolor inenarrable. En el calor de la emoción o de la agitación personal es muy fácil hacer promesas necias a Dios. Estas promesas pueden sonar muy espirituales cuando las hacemos, pero pueden producir sólo frustración y culpabilidad cuando nos vemos forzados a cumplirlas. El hacer «tratos» espirituales sólo nos trae desilusión. Dios no quiere promesas para el futuro, sino obediencia para el día de hoy.
Jue 11:36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón.
Jue 11:37 Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.
La naturaleza exacta de la costumbre a que se alude aquí nos es desconocida. Aparentemente, las muchachas se retiraron a un lugar remoto donde, bajo el cuidado de matronas experimentadas, lamentaban que la hija de Jefté hubiese quedado para siempre estéril, un terrible castigo en aquella época.
Jue 11:38 El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes.
Jue 11:39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.
Conforme al voto que había hecho : El tipo de voto que pronunció Jefté es incierto. Dos posibles interpretaciones son que su hija permaneció virgen y se dedicó al servicio del santuario central de Israel; o que Jefté la ofreció en holocausto. Como no tenemos evidencias que apoyen la primera interpretación, la segunda, basada en las propias palabras de Jefté, parece la más natural, a pesar de que los sacrificios humanos estaban prohibidos en la Ley Mosaica. El episodio refleja el trágico deterioro de la comprensión humana sobre los caminos de Dios, fruto de los continuos retrocesos experimentados por Israel en esta etapa de su historia.
Jue 11:40 Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año.
