(ii) En el versículo 9, la lección es que las posesiones materiales deben usarse para fraguar las amistades en las que se hallan los valores reales y permanentes de la vida. Eso se puede hacer de dos maneras:
(a) Se puede hacer para que surta efecto en la eternidad. Los rabinos decían: «Los ricos ayudan a los pobres en este mundo, y los pobres ayudan a los ricos en el mundo venidero.» Ambrosio, el gran teólogo del siglo IV, comentando la parábola del Rico Insensato que se construyó graneros más grandes para almacenar sus cosechas, dijo: «Los regazos de los pobres, las casas de las viudas, las bocas de los niños son los graneros que permanecen para siempre.» Los judíos creían que lo que se da a los pobres queda reflejado en la cuenta del dador en el mundo venidero. La verdadera riqueza de una persona consiste, no en lo que ha guardado para sí, sino en lo que ha dado a los necesitados.
(b) Se puede hacer para que surta efecto en este mundo. La riqueza se puede usar de una manera egoísta, o para hacer la vida más fácil para otros. Muchos estudiantes agradecerán siempre el haber podido hacer una carrera a alguna persona rica, a la que no conocieron, que dejó dinero para becas de estudiantes necesitados. Y muchos agradecemos a un amigo algo más acomodado el que nos ayudara a salir de una necesidad de la manera más práctica. Las posesiones no son en sí mismas un pecado, pero sí una gran responsabilidad; y la persona que las usa para ayudar a otros lleva camino de cumplir con esa responsabilidad.
(iii) En los versículos 10 y 11, la lección es que la manera en que uno realiza una tarea pequeña es la mejor demostración de si está capacitado o no para encargarse de algo mayor. Así es en las cosas de este mundo: nadie ascenderá hasta que haya dado pruebas de su honradez y capacidad de trabajo en su nivel anterior. Pero Jesús aplica este principio a la eternidad cuando dice: «En la Tierra te tienes que hacer cargo de cosas que no son realmente tuyas, porque no te las puedes llevar contigo cuando salgas de este mundo. Sólo las tienes prestadas, y no eres más que un administrador; no pueden llegar a ser tuyas permanentemente. Por otra parte, en el Cielo recibirás lo que será tuyo realmente y para siempre. Y lo que recibas en el Cielo dependerá de cómo hayas usado las cosas de la Tierra. Lo que se te dé como tuyo propio dependerá de cómo hayas usado las cosas cuando no eras más que administrador de bienes ajenos.»
(iv) En el versículo 13, la lección es que un esclavo no puede servir a dos amos distintos, porque un esclavo no tiene más que un amo. Ahora un trabajador puede tener varios trabajos y estar al servicio de varias empresas al mismo tiempo; pero eso era absolutamente imposible para un esclavo, porque todo su tiempo y todas sus energías pertenecían a un solo amo. Así sucede con el servicio de Dios: no puede ser algo a tiempo parcial o fuera de horas. Cuando aceptamos servir a Dios, todos los momentos de nuestro tiempo y todas las energías de nuestro ser le pertenecen a Él. O somos suyos por entero, o no lo somos.
LA LEY QUE NO CAMBIA
Lucas 16:14-18
Los fariseos, que tenían más interés de la cuenta en el dinero, se burlaban de Jesús cuando le escuchaban.
-Vosotros siempre pretendéis tener la razón ante todo el mundo; pero Dios sabe cómo sois por dentro, y lo que a la gente le parece estupendo, no es más que basura para Dios -les decía Jesús. Y siguió diciendo-: El tiempo de vigencia de la Ley y los Profetas fue hasta Juan el Bautista. Desde entonces se proclama la Buena Noticia del Reino de Dios, y todos se esfuerzan para entrar en él. Antes desaparecerán el Cielo y la Tierra que se anule ni una tilde de la Ley. El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la divorciada, también.
Este pasaje tiene tres partes:
(i) Empieza con una acusación a los fariseos. Dice que se burlaban de Jesús. Los judíos propendían a relacionar la prosperidad material con la bondad; la riqueza era una señal de que la persona era buena. Los fariseos presumían de ser muy buenos, y consideraban la riqueza como una justa recompensa. Pero, cuanto más se exaltaban ante la gente, tanto más abominables eran para Dios. Ya está bastante mal el que una persona se considere buena; pero está todavía peor el que presente su riqueza como prueba irrefutable de su bondad.
(ii) Hasta que llegó Jesús, la Ley y los Profetas del Antiguo Testamento habían sido la última Palabra de Dios; pero Jesús vino a proclamar -el Reino, y los publicanos y los pecadores acudían entusiasmados a entrar, aunque los escribas y los fariseos querían impedírselo por todos los medios. Pero Jesús insistía en que el Reino no es la revocación de la Ley, -sino su cumplimiento. Es verdad que los detalles insignificantes y las reglas ceremoniales se habían borrado; pero nadie debía pensar que el Evangelio suprimía todas las leyes. Los mandamientos de la Ley de Dios seguían inalterados e inalterables. Algunas letras hebreas se parecen mucho, y se distinguen por unos puntits diacríticos, como los acentos y la diéresis y la virgulilla de la eñe del castellano. Ni siquiera uno de esos puntits o rayitas de las grandes leyes desaparecería.
