(ii) En segundo lugar, tenemos a Lázaro. Es curioso que es el único personaje de las parábolas que tiene un nombre, que es la forma latina de Eleazar, que quiere decir Dios es mi ayuda. Era un mendigo, y estaba cubierto de llagas ulcerosas, y en tal estado que ni siquiera se podía defender de los perros callejeros que le asediaban con sus lametones.
Esta es la escena en este mundo, que cambia bruscamente para que veamos lo que sucede en el mundo venidero: allí Lázaro está en el Cielo y Dives en el Infierno. Naturalmente, la descripción del más allá refleja las ideas de los judíos de aquel tiempo, no necesariamente las de los cristianos de ahora. ¿Cuál había sido el pecado de Dives? ¡Al fin y al cabo no había mandado que quitaran a Lázaro de su puerta! Y, al parecer, no se oponía a que se le dieran las migas del pan que se tiraba de la mesa. Tampoco le daba de patadas cuando pasaba. No era deliberadamente cruel con él. El pecado de Dives fue que no se preocupó ni lo más mínimo de Lázaro, que le consideró parte del entorno y aceptó como lo más natural que Lázaro estuviera tirado a su puerta, sufriendo la enfermedad y el hambre, mientras él se regodeaba en el lujo. Como ha dicho alguien: «No fue tanto lo que hizo, sino lo que no hizo, lo que le llevó al Infierno.» El pecado de Dives era que podía ver el sufrimiento y la necesidad del mundo a su alrededor, y no sentir que nada le tocara el corazón, ni hacer nada para remediarlo. Sufrió las consecuencias de haber sido insensible. ‹ Parece excesivamente duro que no se le concediera que se advirtiera a sus hermanos; pero es un hecho que, si uno tiene la Palabra de Dios, y ve el dolor y la necesidad y no se siente llamado a ofrecer alivio o ayuda pudiendo hacerlo, nada le hará cambiar.
Es una seria advertencia que el pecado de Dives no fuera lo que hizo mal, sino lo que no hizo. El Evangelio deja bien claro que el pecado está en ver el bien que se puede hacer, y no hacerlo (Jam_4:17 ).
Lucas 16:1-31
16.1-8 Nuestro uso del dinero nos habla del señorío de Cristo. (1) Usemos nuestros recursos con sabiduría porque son de Dios y no de nosotros. (2) El dinero puede usarse para bien o para mal; usemos el nuestro para bien. (3) El dinero tiene mucho poder, de ahí que debemos usarlo con cuidado y seriedad. (4) Debemos usar nuestros medios materiales de manera que fomenten la fe y la obediencia (véase Luk_12:33-34).
16.9 Andamos por el camino de la sabiduría cuando usamos las oportunidades financieras, no para ganar el cielo, sino para que ese cielo («moradas eternas») sea una experiencia agradable en quienes ayudamos. Si usamos nuestros recursos para ayudar a los necesitados o ayudamos a otros a encontrar a Cristo, nuestra inversión nos brindará beneficios en la eternidad. Cuando acatamos la voluntad de Dios, usamos desinteresadamente las posesiones.
16.10, 11 Muchas veces nuestra integridad guarda relación con los asuntos monetarios. Dios nos pide que seamos honestos aun en pequeños detalles. Las riquezas en el cielo son mucho más valiosas que las terrenales. Pero si no somos confiables con nuestras riquezas terrenales (sin importar lo mucho o poco que tengamos), no estamos en condiciones de encargarnos de las grandes riquezas del Reino de Dios. No permita que su integridad se desmorone ante asuntos intrascendentes, solo así no fallará en decisiones cruciales.
16.13 El dinero tiene el poder de ocupar el lugar de Dios en su vida. Puede convertirse en su amo. ¿Cómo descubrir si es esclavo del dinero? (1) ¿Está preocupado siempre por él? (2) ¿Da por generosidad o lo hace a fin de obtener más dinero? (3) ¿Utiliza gran parte de su tiempo preocupándose por sus posesiones? (4) ¿Le es difícil dar dinero? (5) ¿Tiene deudas?
El dinero es un amo poderoso y engañador. Promete poder y control, pero a menudo no lo puede dar. Las grandes fortunas pueden lograrse y perderse de la noche a la mañana, pero no hay riqueza que compre salud, felicidad ni vida eterna. No hay nada mejor que permitir que Dios sea su amo. Sus siervos tienen paz y seguridad, ahora y siempre.
16.14 Debido a que los fariseos amaban el dinero, hicieron una excepción con la enseñanza de Jesús. Quizás también tengamos pasión por nuestro dinero. ¿Nos burlamos de las advertencias de Jesús en contra de servir al dinero? ¿Tratamos de darle alguna explicación? ¿Las aplicamos a otros, los fariseos, por ejemplo? A menos que tomemos en serio las declaraciones de Jesús, quizás actuemos igual que los fariseos.
16.15 Los fariseos actuaban píamente para que otros los admiraran, pero Dios sabía lo que había en sus corazones. Consideraban que la riqueza mostraban la aprobación de Dios. El Señor detestó sus posesiones porque motivaron el abandono de su verdadera espiritualidad. Tal vez la prosperidad gane el favor de la gente, pero nunca sustituirá la devoción ni el servicio a Dios.
16.16, 17 Juan el Bautista era la línea divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos (Joh_1:15-18). Con Jesús se hicieron realidad todas las esperanzas de los profetas. Enfatizó que su Reino cumplió la Ley (el Antiguo Testamento); no la abrogó (Mat_5:17). No implantó un nuevo sistema, sino consumó el antiguo. El mismo Dios que obró a través de Moisés obraba mediante Jesús.
