Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Lucas 21: El valor de una ofrenda

21.34, 36 Jesús dijo a sus discípulos que debían velar hasta su regreso. Aunque han pasado cerca de dos mil años desde que El dijera estas palabras, su verdad permanece; El viene otra vez y debemos estar expectantes y listos. Esto incluye el trabajo fiel en las tareas que Dios nos ha encomendado. No permita que su mente y espíritu se emboten con la vida descuidada, la bebida o la búsqueda necia del placer. No permita que las ansiedades de la vida lo sobrecarguen. Así estará listo para irse cuando Dios le mande.

21.36 Solo pocos días después que dijera a los discípulos que oraran para que fueran dignos de escapar de la persecución, Jesús mismo pidió a Dios que si era posible pasara por alto las agonías de la cruz (Luk_22:41-42). No es normal querer sufrir, pero como seguidores de Cristo, estamos dispuestos a sufrir si al hacerlo contribuimos en la edificación del Reino de Dios. Tenemos dos promesas maravillosas que pueden ayudarnos cuando sufrimos: Dios siempre estará con nosotros (Mat_28:20) y un día nos redimirá y dará vida eterna (Rev_21:1-4).

Lucas 21:1-4

Estos versículos nos enseñan, en primer lugar, con qué ojo tan perspicaz observa nuestro Señor Jesucristo lo que tiene lugar sobre la tierra. Se nos dice que «mirando, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro.» Y que «vio también a una viuda pobre que echaba allí dos blancas.» Uno podría bien suponer que, en la época de que tratamos, Jesús tuviera la mente ocupada de los acontecimientos que estaban al verificarse. La traición, la sentencia injusta, la cruz, la muerte no estaban remotas, y no lo ignoraba. La destrucción del templo, la dispersión de los judíos, la historia de los pueblos antes del segundo advenimiento, todo, todo estaba ante su vista como un cuadro; y a ello hizo alusión pocos momentos después. Y sin embargo, en tales momentos se fija en lo que pasa en torno suyo, y no cree que se degrade en observar las acciones de una pobre viuda.

Y lo que estos versículos describen tiene lugar el día de hoy en todo el mundo. «Los ojos de Jehová en todo lugar están.» Pro_16:3. Nada es tan pequeño que no lo note. No hay acción por insignificante que sea, que no la ponga en el libro de los recuerdos. La misma mano que dio forma al sol, la luna y las estrellas, hizo las patas de la araña y las alitas de la mosca. El mismo ojo que penetra en la sala de consejo de los reyes y emperadores, nota lo que pasa en la choza del labriego. Todas las cosas están abiertas y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Heb_4:13. No mide la pequeñez y la grandeza con la misma medida que el hombre. Algunos episodios de nuestra vida que para nosotros no tienen importancia alguna, son tal vez de alta significación a los ojos de Cristo. Los actos diarios del pobre, que para los grandes son triviales y ruines, tienen a menudo gran valor para con Jesucristo.

Que el creyente que sea de humilde estirpe se consuele con esta gran verdad. Que recuerde todos los días que su Maestro que mora en los cielos está contemplando constantemente lo que pasa en la tierra, y que se digna seguir con su mirada la vida del proletario así como la del rey. Las pequeñas contribuciones que de sus escasas ganancias hace para el culto el labriego, tienen tanto valor a los ojos de Dios como las onzas de oro que ofrenda un acaudalado. El que se penetre bien de esto estará siempre contento con su suerte. Feliz el que puede decir como David: «Y yo afligido y necesitado; y Jehová pensará en mí.» Psa_40:17.

También se nos da a entender en estos versículos, quienes de los que contribuyen dinero para asuntos religiosos son los que Jesús reputa como más generosos. El dijo relativamente a la mujer que echó dos blancas en el arca del tesoro: «Esta viuda echo más que todos. Porque todos estos de lo que les cobraba echaron para las ofrendas de Dios; mas esta de su pobreza echó todo su sustento que tenia.» Estas palabras demuestran que Jesucristo toma en consideración algo más que el valor de la ofrenda para determinar la generosidad del que la da. El toma en consideración en que razón está la cantidad con los bienes del individuo, y a qué grado de abnegación ha tenido que elevarse este para desprenderse de parte de su haber.

El asunto de que tratamos es asunto de conciencia. Es de temerse que hay millares de personas que jamás dan nada para fomento del culto religioso, ni para el sostenimiento de las sociedades de beneficencia. Examinemos cuáles son nuestros propios sentimientos sobre esta materia para que no seamos juzgados y condenados en el último día. Guardémonos de la mezquindad, y no dejemos de dedicar a la causa de Dios alguna parte de nuestras ganancias. Y no vayamos a pensar que al obrar así nos hemos de arruinar. Salomón ha dicho: «Hay unos que reparten y les es añadido más: hay otros que son escasos más de lo que es justo; mas vienen a pobreza.» Pro_11:24.

Finalmente, pidamos a Dios que las riquezas de los que no saben cuanto lujo hay en dar, no vayan a contribuir a su propia condenación. Centenares de empresas religiosas y de beneficencia están paralizadas por falta de fondos. Ningunos debieran dar más que los cristianos: los discípulos de un Salvador generoso debieran también ser generosos. «De gracia recibimos: de gracia debiéramos dar.» 1Ti_6:18; Mat_10:8,

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar