Los indiferentes e impenitentes deben temblar con razón al pensar en el segundo advenimiento. ¿Qué harán cuando el tráfico de este mundo llegue a su fin, y los caudales de la tierra no tengan valor alguno? ¿Qué harán cuando los sepulcros se abran por do quiera y la trompeta llame a los hombres a juicio? ¿Qué harán cuando el mismo Redentor a quien han desdeñado aparezca en las nubes y ponga a todos sus adversarios bajo sus plantas? Seguro se que llamarán a los montes para que los cubran, y a los collados para que caigan sobre ellos. Pero si no han invocado antes a Cristo, sus gritos serán vanos. ¡Dichosos serán aquellos que hayan buido de la ira que los amenazaba, y hayan sido lavados en la sangra del Cordero! En este pasaje se nos enseña, en segundo lugar, cuan completa será la, seguridad de que gozarán los cristianos en el segundo advenimiento de Jesucristo. Se nos refiere que nuestro Señor dijo a sus discípulos: «Cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas; porque vuestra redención está cerca..
Por terribles que sean para el impenitente las señales de la segunda venida, no hay porque causen terror al verdadero cristiano. Muy al contrario llenarlo han de júbilo, pues le recuerdan que ya se acerca su completa emancipación del pecado, del mundo y del demonio, y que pronto ha de dar un adiós eterno a las enfermedades, al dolor, a la muerte y a la tentación. En el instante mismo en que las esperanzas terrenales del impío se desvanecerán, las esperanzas del creyente se tornarán en dulces realidades.
En este pasaje se nos enseña, en tercer lugar, que es necesario que observemos aquellos signos que indiquen la aproximación del segundo advenimiento del Salvador. Nuestro Señor explica esto por medio de una parábola. «Mirad la higuera, y todos los árboles; cuando ya brotan, viéndolos, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca: así también vosotros cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.» Los discípulos habían supuesto en su ignorancia que el reino del Mesías seria precedido de una paz universal; mas nuestro Señor les dijo que, por el contrario, lo seria de guerras, desórdenes, desgracias y penalidades.
En este pasaje se nos enseña, finalmente, cuan seguro es que todas las predicciones que el Señor hizo respecto del segundo advenimiento habrán de cumplirse. El sabía que el pueblo exclamaría prontamente: «¡Improbable! ¡Imposible! El mundo seguirá siempre el curso que hasta ahora ha seguido.» Por esa razón previno a sus discípulos contra este espíritu de escepticismo por medio de estas palabras solemnes: «El cielo y la tierra pasarán: mas mis palabras no pasarán..
Bien haremos en recordar esas palabras cuando estemos con personas que hagan burla de las profecías que están por cumplir. No dejemos que la irrisión de los incrédulos nos haga perder la fe. Si Dios ha anunciado algún suceso, seguro es que hará que se verifique, y no debemos ocupar nuestro pensamiento con su posibilidad o su probabilidad. Que Cristo venga otra vez revestido de poder para juzgar el mundo, no es tan improbable como lo era el que viniera a sufrir y a morir. Si vino a ser clavado en la cruz, con mayor razón debemos esperar que descienda rodeado de majestad y se ciña la corona de gloria. Creamos, pues, no solo en el Cristo del Calvario, sino en el que ha de venir en persona a juzgar al mundo.
Lucas 21:34-38
Estos versículos forman la conclusión del gran discurso profético de nuestro Señor, conclusión que puede citarse en contestación a los que alegan que las profecías no cumplidas son asuntos meramente especulativos, y, por lo tanto, inútiles.
Advirtamos, primeramente, lo que en estos versículos se nos enseña sobre el peligro espiritual a que están expuestos todos los creyentes, aun los más piadosos. Nuestro Señor dijo a sus discípulos: «Mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de improviso sobre vosotros aquel día..
Estas palabras son sorprendentes sobre manera. No fueron dirigidas a los hipócritas fariseos, o a los escépticos saduceos, o a los mundanos herodianos: fueron dirigidas a Pedro, Santiago, y a todo el gremio de los apóstoles, es decir, a hombres que lo habían abandonado todo por amor de Cristo, y que habían demostrado la sinceridad de su fe por medio de una obediencia acompañada do amor y de firme adhesión al Salvador. Y sin embargo, a ellos hace ver el Señor el peligro de la glotonería, de la embriaguez, de los cuidados del mundo. Y aun a ellos les dice: «Mirad por vosotros..
Esta exhortación debiera darnos a conocer cuan importante es la humildad. No hay pecado tan grande que un santo no pueda cometer; y no hay santo tan puro que no pueda incurrir en el pecado más grave. Noé huyó del contagio del mundo antes del diluvio; y sin embargo, después cayó en la embriaguez. Abrahán recibió el titulo de padre de los fieles, y sin embargo, por falta de fe, mintió diciendo que Sara era su hermana. Lot no tuvo parte en la horrible corrupción de los habitantes de Sodoma; y sin embargo, en la cueva cometió un pecado atroz. Moisés fue el hombre más manso del mundo y, no obstante, una vez perdió de tal manera el dominio sobre sí mismo, que habló con enojo y precipitación. David fue un hombre acepto ante Dios; y a pesar de ello, cometió un adulterio abominable. Todos estos ejemplos son muy instructivos. Ellos demuestran que la admonición del Señor era necesaria, y nos enseñan que debemos revestirnos de humildad. «El que piensa estar firme, mire no caiga.» 1Pe_5:6; 1Co_10:12.
