EL TRASFONDO DEL CAPÍTULO
Desde el versículo 5 este capítulo es muy difícil. Su dificultad consiste en que se reflejan en él cuatro ideas diferentes:
(i) Está la idea del Día del Señor. Los judíos creían que el tiempo tiene dos edades: está la edad presente, que es completa e irremediablemente mala y que acabará en destrucción, y la era por venir, que sería la edad de oro de Dios y de la supremacía de los judíos. Pero entre ambas estaba el Día del Señor, que sería un tiempo terrible de cataclismos cósmicos y destrucción, los dolores de parto de la nueva era.
Sería un día de terror. « He aquí el Día del Señor viene, terrible y de indignación y ardor de ira, para convertir la Tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores» Isa_13:9; comparar con Joe_2:1-2 ; Amo_5:18-20 ; Zep_1:14-18 ). Vendría repentinamente: «El Día del Señor vendrá así como ladrón en la noche» (1Th_5:2 ; comparar con 2Pe_3:10 ). Sería un día en el que el universo sufriría sacudidas: «Las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor… Haré estremecer los cielos, y la Tierra se moverá de su lugar, en la indignación del Señor de los Ejércitos, y en el día del ardor de su ira» (Isa_13:10-13 ; Joe_2:30-31 ; 2Pe_3:10 ).
El Día del Señor era una de las ideas básicas del pensamiento religioso en tiempos de Jesús; todo el mundo conocía estas terribles premoniciones. En este capítulo las vemos reflejadas en los versículos 9, 11, 25 y 26.
(ii) Está la profecía de la destrucción de Jerusalén, que se cumplió el año 70 d C., después de un asedio en el que los habitantes llegaron al canibalismo y la ciudad fue tomada literalmente piedra a piedra. Josefo dice que un número increíble de 1.100.000 personas perecieron en el asedio, y 97.000 fueron llevadas cautivas. La nación judía fue borrada del mapa; el templo fue incendiado y desolado. En este pasaje se hace referencia a ese acontecimiento todavía futuro en los versículos 5, 6, 20-24.
(iii) Está la Segunda Venida de Cristo. Jesús estaba seguro de que iba a volver otra vez, y la Iglesia Primitiva esperaba su vuelta. Nos ayudará a comprender los pasajes del Nuevo Testamento que hablan de la Segunda Venida si tenemos en cuenta que muchos de los detalles que estaban en relación con el Día del Señor se le aplicaron, como los versículos 27 y 28 de este capítulo. Antes de la Segunda Venida se esperaba que muchos pretendieran ser el Mesías, y que tuvieran lugar muchos cataclismos. A eso se refieren los versículos 7-9.
(iv) Está la idea de la persecución por venir. Jesús previó y predijo las cosas terribles que habrían de sufrir los suyos por su relación con Él en los días por venir. Se refieren a esto los versículos 12-17.
Este pasaje nos resultará más fácil de entender y provechoso si tenemos presente que no trata exclusivamente de un tema, sino de cuatro íntimamente relacionados.
EL PASAJE
Fue la referencia a las bellezas del templo lo que movió a Jesús a profetizar. Los pilares de los pórticos y de las columnatas eran de mármol blanco, de 12 metros de alto, Hechos de un solo bloque de piedra. El adorno más famoso era la representación de una parra, toda de oro, con racimos de la altura de una persona. La mejor descripción del templo en los días de Jesús nos la ha dejado Josefo en su libro Las Guerras de los Judíos, libro V, sección 5: «La fachada del templo no carecía de nada que pudiera sorprender a los ojos o a la imaginación, porque estaba recubierta por todas partes de planchas de oro de gran peso, y a los primeros rayos del Sol reflejaba un esplendor ardiente, y obligaba a apartar la mirada a los que intentaban fijar en ella los ojos, exactamente igual que si hubieran querido mirar al Sol. Pero el templo les parecía a los extraños que lo miraban a distancia como una montaña cubierta de nieve; porque las partes que no estaban chapadas de oro eran extremadamente blancas.» A los judíos les parecía imposible que la gloria del templo fuera reducida a polvo.
En este pasaje aprendemos algunas cosas fundamentales acerca de Jesús y de la vida cristiana:
(i) Jesús sabía leer las señales de la Historia. Todos estaban ciegos al desastre que se les avecinaba, pero Él vio el alud que se le venía encima a Israel. Las cosas sólo se ven claras cuando se ven con la óptica de Dios.
(ii) Jesús era absolutamente sincero. «Eso -dijo a sus discípulos es lo que podéis esperar si decidís seguirme.» Una vez, en medio de una gran lucha por causa de la justicia, un líder heroico le escribió a un amigo: «Las cabezas ruedan por la arena; ven a añadir la tuya.» Jesús creía lo bastante en los hombres como para ofrecerles, no un camino fácil, sino un camino heroico.
